Leyenda de Kennedy atrae a nostálgicos ante el cementerio de Arlington

ARLINGTON, EEUU (AFP) – Una multitud de nostálgicos de la era de los Kennedy se congregó este sábado a las puertas del cementerio de Arlington, en las afueras de Washington, para dar el último adiós a Ted, el último de los tres hermanos del mítico clan de la política estadounidense.

“Como estadounidense de origen irlandés, crecí adorando a la familia Kennedy”, declaró Maura Keany, de 38 años, mientras enarbolaba una bandera irlandesa, la patria de origen de la legendaria familia.

Rocky Twyman, de 60 años, paseaba un libro de condolencias para que los que quisieran dejaran su impresión acerca de los Kennedy.

“Formé parte del movimiento de los derechos civiles”, explica este afroamericano, para quien “Ted Kennedy era un verdadero amigo de la comunidad negra”.

“El y sus hermanos defendieron siempre lo que era justo”, añadió.

Decenas de personas ya habían firmado. Gente proveniente de Florida, de Connecticut, de Carolina del Norte. Incluso de otros países.

“Sincero pésame del pueblo francés”, escribió una turista anónima.

Desde media jornada, horas antes de la llegada del cortejo fúnebre, decenas de personas se habían instalado detrás de las barreras de seguridad en el exterior del cementerio donde reposan los restos de sus hermanos, el presidente John Fitgzerald Kennedy, asesinado en 1963, y Robert, fiscal general, asesinado en 1968.

El entierro iba a ser una ceremonia privada, pero Fay Smith, oriunda de Jamaica, viajó desde Florida (sureste). “Hizo tanto por este país”, reflexionó. “Hizo tanto por los desamparados”.

“Gracias a él tenemos un presidente negro y quizás pronto una cobertura sanitaria”, añadió.

Ted Kennedy, uno de los primeros que apoyó a Barack Obama en su campaña presidencial, era uno de los más fervientes partidarios de la reforma del sistema de salud, actualmente a debate en el Congreso.

“El mundo llora. Te queríamos”, proclama una de las numerosas pancartas. “Descansa en paz, Teddy, el sueño continúa”, añadió otro.

Terry y Jan Rogers son hermanos. Terry, con 56 años, es autista. Detrás de la barrera, Jan lo protege del sol con un paraguas. “Quería estar ahí”, dijo. Terry vive en una residencia subvencionada “gracias al apoyo de los Kennedy”.

Kathy Robertson exhibe con orgullo un broche de la campaña de las primarias demócratas de 1980, en las que Kennedy perdió frente a Jimmy Carter.

“Queríamos que la herencia de los Kennedy perdure y queríamos ver a otro Kennedy en la Casa Blanca”, explicó.

Pero la unaminidad no era total para rendir homenaje al patriarca del Partido Demócrata, cuya vida también se vio salpicada por escándalos.

Detrás de las barreras policiales, tres miembros de una iglesia baptista enarbolaban pancartas en las que se podía leer frases como: “Kennedy en el infierno”.

“No lo odio pero tampoco lo venero”, explicó Rachel Hockenbarger.

“Sabemos quién era Kennedy: un asesino, un alcohólico y un hombre infiel”, añadió.

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