Imelda Marcos sueña con regresar al poder

MANILA (AFP) – Veinte años después del fallecimiento de su polémico marido, la ex primera dama filipina Imelda Marcos sigue soñando con un regreso al poder, pero esta vez gracias a su hijo, según declaró en una entrevista exclusiva a la AFP.

“Estoy prácticamente empujándolo para que compita por un puesto más elevado”, dice en su lujosa casa de Manila Imelda Marcos, de 80 años y con un vigor intacto, cuando se le pregunta si desea que su vástago Ferdinand Marcos Junior presida el país.

Imelda Marcos dice que ambiciona un alto puesto gubernamental en una hipotética administración dirigida por su hijo, en la que ella se encargaría de los servicios básicos en los más de 42.000 pueblos de Filipinas, conocidos como los “barangay”.

En la entrevista afirmó que la razón por la que anima a su hijo a ser presidente es: “Quiero que me nombre ‘madre de los barangay” por un sueldo anual de un peso”, dos centavos de dólar.

Marcos Junior, de 51 años, único hijo del dictador Ferdinand Marcos, se ha forjado ya una exitosa carrera política gracias en parte a las fuertes alianzas de sus padres.

Durante 12 años fue gobernador en el antiguo feudo de su padre, la provincia de Ilocos Norte, y actualmente es miembro de la oposición en la cámara baja del Parlamento.

Por el momento, el hijo del difunto dictador filipino no ha anunciado que aspire a la presidencia del archipiélago asiático, donde el año próximo se esperan elecciones.

Imelda Marcos no dijo en la entrevista cuándo espera que su hijo, educado en Oxford y Pennsylvania, asuma el más alto cargo del país.

Veinte años después de su muerte en el exilio el 21 de septiembre de 1989, su difunto marido sigue siendo una de las figuras más controvertidas del continente.

Ferdinand Marcos gobernó Filipinas entre 1965 y 1986, cuando fue expulsado del poder por una revolución popular que lo obligó a huir con su familia a Estados Unidos.

Sus detractores lo acusan de haber robado miles de millones de dólares de las arcas del gobierno, y de dirigir un régimen que violaba los derechos humanos.

El extravagante y lujoso vestuario de su mujer y su dispendioso estilo de vida estaban considerados como los mejores símbolos de los excesos de la pareja. Sin embargo, Imelda Marcos dijo que ella y su marido no tienen nada por lo que pedir disculpas.

“Marcos no era un dictador”, dijo en la entrevista, en la que defendió la ley marcial que su marido instauró en 1972 para permanecer en el poder.

Tras regresar a Filipinas después de la muerte de su marido, Imelda Marcos intentó en vano alcanzar la presidencia en 1992.

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