Cubanos piden a Virgen de la Caridad y a Yemayá alivio a la crisis en Cuba

LA HABANA (AFP) – Vestidos de azul y amarillo, los cubanos rogaron a las vírgenes de la Caridad del Cobre y de Regla, Ochún y Yemayá en culto africano, por salud, paz y alivio a la crisis económica, en el mayor clima de distensión en medio siglo entre Iglesia católica y gobierno comunista.

Peregrinaciones, misas, vigilias, serenatas y ritos de santería marcan las celebraciones este martes en honor a La Caridad del Cobre u Ochún, deidad de los ríos, la sensualidad, el amor, y el lunes a Yemayá, la diosa del mar y la maternidad.

Enfundada en una minifalda y blusa de pronunciado escote amarillas, reloj, bolso, pendientes y zapatos de tacón dorados, Yudi Acosta es digna hija de Ochún. “Pido a La Caridad tranquilidad y que la situación mejore, porque está dura”, dice esta ama de casa veinteañera, encendiendo una vela a la imagen.

Desde el púlpito en el templo Nuestra Señora de La Caridad en el popular barrio Centro Habana, resonó la voz del sacerdote: “Estamos en tiempos difíciles, en que cada uno va a lo suyo y trata de resolver lo que pueda. Pidamos a la Virgen que nos infunda amor. La Iglesia llama a vivir con esperanza, a no desesperar pensando que nada va a cambiar”.

Ricardo de la Hoz, un estibador de 44 años, le llevó girasoles confiado en que le dará salud, “fuerza para seguir adelante, luchando” y traerá mejoría al país, afectado por tres huracanes en 2008, problemas de ineficiencia y baja producción y la crisis internacional.

A orillas de la bahía de La Habana, María Teresa Nieto dejó el lunes al vaivén del mar un pastel de empalagoso merengue azulado. Recogiéndose el vuelo empapado de su falda azul, esta médica jubilada pide a Yemayá salud para ella, su familia, “el Comandante” Fidel Castro, y prosperidad.

“Hicimos ceremonias por la salud del Comandante. Por eso con la fe que tengo, te digo que lo veo muy bien, aunque ya tiene 83 años. Pido también a Yemayá que calme sus aguas y nos dejen levantar la producción para que la población se sienta mejor. La agricultura quedó devastada por los ciclones y ha costado recuperarse”, afirmó la mulata.

Meteorólogo especializado en los fenómenos marítimos, comunista y santero, su esposo Alberto Villegas, también de 59 años, la acompañó sonando una maraca celeste mientras entona cánticos en yoruba.

“Yo tengo fe en estas cosas, yo tengo fe en mi revolución, en mi gobierno, tengo fe en Fidel y tengo fe también en Yemayá y en todos los orishas (dioses)”, dice Villegas, quien dice no salir nunca en barco en misión de trabajo sin antes ofrendar a la “dueña del mar”.

Alrededor de un 70% de los 11,2 millones de cubanos practica el sincretismo religioso -católico y de origen africano-, mientras el 30% restante profesa una religión definida o son ateos.

En la isla, único país comunista del hemisferio occidental, la Iglesia Católica y el Estado cubano tuvieron fuertes choques en los años 60, tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro, incluso con la expulsión de sacerdotes.

Las procesiones estuvieron suspendidas desde esos años, pero fueron restablecidas cuando las relaciones comenzaron a mejorar tras la histórica visita del Papa Juan Pablo II, en enero de 1998.

Durante el gobierno de Raúl Castro, quien relevó a su hermano Fidel cuando enfermó hace tres años, la Iglesia tiene más espacio y comunicación con las autoridades, aunque reclama mayor acceso a los medios y a la educación.

“Se multiplican las procesiones después de cuatro décadas, gracias al despertar de la fe de los cubanos. Pidamos por la reconciliación, el diálogo y pensemos que es posible superar las limitaciones”, dijo el padre Roberto Betancourt, al cerrar su homilía en la iglesia de la Caridad con un mensaje de que “hay signos de nuevos tiempos”.

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