Mucho trabajo para lograr la “Victoria” en la semifinal de la Copa Taca

En el día del trabajo, el Victoria pasó trabajos para superar al Juventud Laguneña en la semifinal de la Copa Taca. Ganaba por diferencia de tres goles, y en dos ocasiones el rival vino de atrás para adelante hasta cerrar la serie con un apretado 5-4, logrando el pase a la final.

El choque entre los dos equipos hondureños se disputó en la cancha auxiliar del estadio RFK, de Washington, en un día inusual: lunes, pero por ser feriado —Día del Trabajo— el pequeño escenario ofreció una imagen de domingo futbolero, con las gradas copadas, muy a pesar de la lluvia que irrumpió la tarde.

Los albos del Victoria, que parecían tener en la bolsa el pasaje a la disputa del título, vieron en dos ocasiones como los rojos del Juventud se sublevaron, y los pusieron contra las cuerdas cuando ya el choque parecía definido.

El guión del partido parecía ya estar escrito, porque el primer tiempo fue de dominio absoluto blanco, porque el Victoria es un equipo muy sólido en defensa, sobre todo porque como central cuenta con Pasaja Samo, una auténtica torre que monopoliza el juego aéreo.

Pero también porque del medio hacia adelante cuenta con talento para darle ocupación defensiva al rival, y así no le deja respirar. Claro, esto cuando el Victoria pisa el acelerador a fondo y no cede la pelota.

Y es que en ataque tiene a una pareja de atacantes que están en un escalón superior: el hondureño Wilmer Zapata y el costarricense Karl Gibbón le daban un verdadero baile a los zagueros del Juventud.

Eran dos gacelas imparables cuando venían al costado para tomar la pelota y luego desprenderse con la velocidad de una estrella fugaz. Los defensas rojos solo los veían pasar.

Apenas marcaba 14 minutos el cronómetro cuando el Victoria sacudió las redes del rival. El central laguneño Juan Chávez abanicó en su intento por despejar la pelota, y Zapata le ganó la posición para enfilar al marco y definir raso a la salida del portero Juan Carlos.

La lluvia amenzaba con hacerse presente, pero en la cancha ya el Victoria era todo un vendaval. al minuto 21 el mismo Zapata reventaba el travesaño con un tiro desde el corazón del área.

Gibbón hacía de las suyas por la derecha. Venía a tres cuartos de campo solo a traer para luego desplazarse en diagonal hasta meter el centro que le quemaba los pies a la defensa del Juventud.

De pronto, la resistencia de los rojos se vino abajo. Fue al minuto 37 cuando Zapata pasó como bólido por el corredor derecho, tiró el centro y Gibbón, el tico, recortó a Chávez y mandó un disparo templado al segundo palo para el 2-0.

Y tras el segundo, vino el mazazo que parecía definitivo: Zapata se sacó a Elmer Cardona y después batió con sencillez al portero para un 3-0 que era lapidario.

Se vino el segundo tiempo y con él la lluvia, y con él la sorpresa. Victoria se acomodó, creyó que el 3-0 bastaba. Pero no, el rival sacó orgullo, hinchó el pecho y comenzó a buscar una remontada que parecía imposible.

Pero al minuto 48 Juan Chávez se encargó de enderezar el camino del barco. En el cobro del tiro libre al borde del área mandó la pelota al ángulo, al palo del portero, para mecer los cordeles y poner el 3-1.

Y más tardectito, en una jugada de desconcentración del portero González del Victoria se vino el segundo de los rojos. César Bazán se tuvo fe y disparó de larga distancia, el portero bajó para esconder la pelota, pero se fue en falso: el esquivo balón se fue dormir al fondo.

El 3-2 al minuto 61 ponía en la cuerda floja a los blancos, y al Juventud lo hacía creer en la remontada, porque ya ni Zapata ni Gibbón tenían claridad ni encontraban la contundencia delante.

Pero Zapata quiso poner las cosas en orden al minuto 74 tras aplanar a cuanto jugador se le cruzó en el camino. A la salida del portero mandó el pase al centro donde el recién ingresado Ramón Benítez empujó la pelota a su destino final para el 4-2.

Y dos minutos más tarde el mismo Benítez le daba

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