En campaña

Al cerrarse este lunes, la inscripción oficial de los candidatos a la presidencia de Chile, había cinco aspirantes; uno de la derecha y cuatro de la izquierda.

El proceso que culminará con los votos que darán el 13 de diciembre alrededor de ocho millones y cuarto de empadronados, no se había aún abierto oficialmente, pero dos de los candidatos llevaban ya meses en campaña.

Son ellos el empresario Sebastián Piñera, postulado por los dos partidos de derecha; y el actual senador y expresidente Eduardo Frei, militante demócrata cristiano que va por la concertación política que llevó al poder a los últimos cuatro presidentes de Chile.

Y hace pocas semanas tras salir de su partido porque no quiso apoyarlo, entró a la contienda el exdiputado socialista Marco Enrique-Ominami, que ya figura en las encuestas con el 17 por ciento de preferencia electoral; cifra que los analistas aseguran será su techo, pero que tiene inquieto a Frei porque le arrebatará votos.

La encuesta da a Piñera 37 por ciento y a Frei poco más del 28; lo que muestra que a los 36 años del golpe pinochetista que derrocó al presidente Allende, Chile sigue políticamente dividido casi por mitad.

Los otros dos candidatos Jorge Arrate, del Partido Comunista y Alejandro Navarro, de una agrupación menor, tienen muy poca influencia; pero de haber segunda vuelta, los votos comunistas podrían inclinar la balanza.

Enríquez-Ominami, cuyos apellidos son el resultado de unir el de su padre biológico, Miguel Enríquez principal figura del MIR muerto poco después del golpe militar, y el de su padre adoptivo el senador socialista Carlos Ominami, es joven, guapo, alegre y poco solemne; y además, se siente soñado y parece disfrutar de lo que provoca.

Está casado con una popular conductora de televisión; con la que tiene una niñita de tres años que lo acompaña en muchos actos de campaña, aportando una dosis de frescura que contrasta con la gris solemnidad de Frei, a quien se tacha de “fome” –aburrido-; pero que a cambio tiene, la madurez y experiencia de sus más de cuatro décadas en la política.

Buscando atraer a la juventud chilena indiferente en tan alto grado que decenas de miles ni siquiera se han empadronado, Enríquez-Ominami adaptó al chileno la consigna de Obama, con un “yes GÃœI can”.

Siendo un bebé de pocos meses, su madre lo sacó de Chile a días del golpe de Estado; y vivieron el exilio en Paris.

Sus atractivos no son por supuesto suficientes para conseguir la presidencia; pero le ha dado color a la campaña porque al no tener aparentemente nada que perder, promete el oro y el moro; y obliga a sus contrarios a mayores compromisos.

Tanto él como Frei, quieren aprovechar la popularidad de la presidenta Bachelet que llega a más del 70 por ciento; pero Marco dice que su gobierno será más a la izquierda que los cuatro de la Concertación, porque no tendrá los límites que impone la centrista Democracia Cristiana.

Y al igual que sucede ahora en todos los confines donde hay elecciones, los tres candidatos principales pregonan el “cambio”; y entre los desafíos de Chile mencionan, la necesidad de mejor educación; una nueva Constitución; y los retos ecológicos del momento.

Conforme avance la campaña, se verán más claramente sus diferencias; sobre todo en acciones para disminuir la desigualdad creciente y la concentración de la riqueza en pocas manos.

Dos de estas manos son precisamente las de Piñera, dueño de Lan Chile, un canal de televisión y un montón de cosas más.

El asegura que no habrá conflicto de intereses y pondrá sus empresas en un fideicomiso ciego; y recuerda por todos lados que estuvo en contra de la violación de derechos humanos del pinochetismo y que votó por el NO en el plebiscito que sacó a Pinochet del gobierno.

El mismo día de las presidenciales, habrá también elecciones a diputados en los 60 distritos electorales del país; y signo de los tiempos es el que ninguno de los dos parti

You must be logged in to post a comment Login