Documentan espionaje soviético en Vaticano durante Guerra Fría

Por Andrés Beltramo Alvarez.

Ciudad del Vaticano.- Agentes soviéticos infiltrados en altos niveles del Vaticano, micrófonos ocultos en imágenes de la Virgen y sacerdotes extorsionados a través del sexo, son revelados en “El libro que El Vaticano no te haría nunca leer”. Se trata de “la historia jamás contada de la guerra de los servicios secretos comunistas contra la Iglesia católica”, que salió esta semana a la venta bajo el sello Newton & Compton y escrito por John Koehler.

El escritor alemán John Koehler basó su obra en material reservado de los servicios secretos de Europa del Este hallado mientras investigaba sobre la Stasi, la policía política de la Alemania Oriental. El periodista y director de relaciones públicas en la presidencia de Ronald Reagan, identificó a dos espías de la KGB, la agencia de inteligencia de la Unión SOviética, en la Secretario de Estado del Vaticano desde finales de los años 60 del siglo pasado. Según Koehler, quien vivió muchos años en Estados Unidos, “no existe algún intento por calumniar a la Iglesia” en su libro y, por el contrario, en su momento mostró los documentos obtenidos a funcionarios de la Sede Apostólica que quedaron sorprendidos.

Entre otras cosas Koehler, ex oficial del ejército estadounidense, logró acceder a la transcripción exacta de un diálogo del 12 de julio de 1970 entre el entonces Papa Pablo VI y Willy Brandt, canciller de Alemania occidental, en el Palacio Apostólico del Vaticano. En la ocasión, ambos hablaron de la apertura al Este de Bonn, de la situación interna de la Alemania oriental, así como de cuestiones relativas a la relación entre el gobierno alemán y los aleados occidentales. Todo el contenido de esa conversación llegó a manos de la KGB en un documento de 10 páginas escrito por el entonces sacerdote polaco Jerzy Dabrowski, agente soviético desde 1962 que llegó a ser obispo en su país natal.

El reporte fue tan apreciado que el jefe de los servicios rusos Yuri Andropov, a la postre sucesor de Leonid Breznev en la guía del Partido Comunista Ruso, felicitó a los reclutadores de Dabrowski por la calidad de la información. El libro narra también cómo Agostino Casaroli, “número dos” del Vaticano de 1979 a 1990, fue espiado en su habitación gracias a una estatua de la Virgen María que contenía un micrófono soviético, regalo de la esposa de un sobrino.

Según Koehler, los rusos estuvieron detrás del atentado contra el Papa Juan Pablo II perpetrado por el terrorista turco Mehmet Ali Agca el 13 de mayo de 1981 y para sostener sus afirmaciones citó un documento de la KGB del 13 de noviembre de 1979. El memorando ordenó “utilizar todos los medios disponibles en la URSS para impedir un nuevo curso político impulsado por el Papa polaco, si es necesario con medidas más allá de la desinformación y el descrédito”.

El libro documentó además el uso de los servicios de inteligencia rusos del “arma del sexo” como, por ejemplo, el caso del sacerdote Jaroslav Fotj del Colegio Pontificio Nepomuceno seducido por una agente para después obligarlo a colaborar con el espionaje. Así como el sacerdote checoslavaco Frantisek Kuncik, chofer en Roma de cardenal Josef Beran, quien fue extorsionado por la inteligencia de Praga a causa de una relación con una muchacha italiana. Inició así su colaboración y apenas Beran murió, escapó tras la cortina de hierro; allí dejó el ministerio, se casó y trabajó para el gobierno sembrando propaganda contra la Iglesia católica.

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