Brasil acude al G20 con los deberes hechos y dispuesto a dar lecciones

WASHINGTON (AFP) – Brasil llega a la tercera cumbre del G20 en Pittsburgh tras haber escapado relativamente bien a la peor crisis económica en décadas, pero ese mejor ambiente internacional puede restarle fuerzas a sus ambiciones, algo que preocupa al presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

Brasil podría crecer este año en torno a 1%, según el gobierno, un dato que contrasta abiertamente con la rengueante recuperación de todos los países desarrollados en el G20 sin excepción, empezando por Estados Unidos.

El gobierno de Lula, que obtuvo un modesto pero simbólico incremento de cuota de poder en el FMI el año pasado, le ha prestado 10.000 millones de dólares al Fondo este año, y ya se comporta como todo un accionista de peso.

“No podemos hacer otra reunión y no adoptar decisiones. Brasil decidió poner dinero en el FMI, yo quiero saber si los otros también pusieron”, declaró Lula a la AFP en entrevista el 3 de septiembre.

“Lo que yo temo es que a medida que la crisis comienza a pasar, todos se conformen con el statu quo, el G20 ya no pinte nada y se mantenga el G8 (club de los países más desarrollados)”, añadió Lula.

Brasil no solamente ha ganado estabilidad económica, sino que paulatinamente se ha erigido en el interlocutor privilegiado del grupo de países en desarrollo, el denominado BRIC, que agrupa también a Rusia, India y China.

Su objetivo en Pittsburgh (Pensilvania, noreste de EEUU), los días 24 y 25, será seguir empujando en pos de la “reorganización de sillas y cuotas de poder en el FMI y el Banco Mundial”, considera Roett Riordan, experto de la universidad de Johns Hopkins.

“La Unión Europea no está a favor de eso porque perderá cuotas de poder, pero inevitablemente va a suceder”, añadió.

“Es difícil justificar porqué el presidente del Banco Mundial tiene que ser un estadounidense y el del Fondo un europeo”, explica Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Woodrow Wilson, para resumir la postura de ese país.

A largo plazo, el objetivo de Brasil sigue siendo preparar el camino hacia un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. La Asamblea General de Naciones Unidas se celebrará al mismo tiempo que la cumbre de Pittsburgh.

Argentina y México, los otros dos miembros latinoamericanos del G20, no pueden competir por ahora con esas ambiciones, coinciden analistas.

“Brasil representa ya el 57% de la economía de América del Sur”, recuerda Sotero “y la expectativa es que seguirá creciendo más”.

Ese peso y esas ambiciones crecientes entrañan también más responsabilidades, considera Charles Daralla, director ejecutivo del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

“Los mercados emergentes como Brasil han mostrado liderazgo, pero tiene que haber más sentido de responsabilidad, de coordinar medidas económicas, evitar proteccionismo” comercial, dijo.

El IIF, que agrupa a las principales entidades financieras mundiales, propone crear a mediano plazo un grupo de trabajo entre el G8 y el G20 para acelerar las reformas pendientes y para acotar el debate, lo que incrementaría aún más la competencia entre los países emergentes.

Lula se ha convertido también en un intermediario del presidente estadounidense Barack Obama en América Latina, aunque con un éxito más relativo.

La región “es demasiado compleja. Tienes a dos Sudaméricas en este momento”, una dispuesta a cooperar con Washington y otra agrupada en torno a Venezuela, explicó Roett.

“Cuando Brasil se convierta en un poder regional energético, con una combinación de etanol y petróleo”, esa situación de mediador cambiará irremediablemente, advirtió.

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