Cielos despejados

La independencia de Chile se conmemora el 18 de septiembre, dos días después que la nuestra; y al igual que México, en el 2010 Chile celebrará su Bicentenario como nación independiente.

Por eso, en casi todo el territorio de este país del Cono Sur se celebró la Semana de la Chilenidad con juegos como trompo, balero –que acá se llama emboque–, palo ensebado, persecución de puercos engrasados, carreras de ensacados, concursos de “cueca” que es el baile nacional, exhibiciones de caballos, y el tradicional Rodeo.

El Rodeo es la fiesta campesina por excelencia y el deporte nacional chileno; y consiste en que dos jinetes persiguen a caballo en una especie de plaza de toros que se llama Media Luna, a una pobre y asustada vaquilla hasta que logran meterla a un corral.

Con esto se recuerda la forma en que los hacendados, acompañados de peones y amigos, bajaban de la Cordillera de los Andes el ganado que habían llevado a pastar durante el verano; y una vez terminada la faena, ofrecían una comilona con carne, empanadas, ensaladas, chorizos, y bastante vino tinto.

Eso mismo se hace ahora en las “ramadas” o fondas, que además de vender comida y bebida, presentan espectáculos cómicos y de canciones populares.

Las fiestas patrias y el desfile militar del día 19, coinciden acá, con el fin del crudo invierno y la llegada de la primavera austral; y la repentina explosión de flores que brotan casi de un día para otro, añaden color a las fiestas; y hacen realidad esa estrofa del himno chileno que dice “y tu campo de flores bordado es la copia feliz del Edén…”

Junto con las flores y los días tibiecitos y soleados, aparecen los papalotes; hay miles de ellos volando desde todos lados, porque niños y adultos son muy aficionados a “encumbrarlos” desde cualquier parte.

Este año están mucho más bonitos, porque muchos llegaron desde China, que exportó sirenitas, dragones, mariposas y catarinas.

Pero a diferencia de lo que sucede en nuestro país, en el que las fiestas cívicas no incluyen actos religiosos, la principal ceremonia chilena del día 18 es el solemne y largo Tedeum Ecuménico; que presidió el cardenal Arzobispo de Santiago Francisco Javier Errázuriz.

Al Tedeum asiste siempre, el presidente de Chile en turno; aunque como en el caso de la actual mandataria Michelle Bachellet, se trate de una persona agnóstica.

Llegan también, miembros de los pueblos originarios de Chile ataviados con sus trajes típicos; y todos los diputados, senadores, secretarios de Estado, embajadores y alcaldes.

Y aunque el arzobispo de Santiago es quién dice la homilía principal, los ministros, obispos, y pastores de todas las creencias que hay en este país: desde la católica y las diferentes iglesias ortodoxas y protestantes, a los representantes de las religiones judía y musulmana, intervienen con sendos discursos y son parte importante del rito.

Y lo notable es, que religiosos y laicos escuchan con atención lo que Errázuriz dice año con año porque sus palabras son una especie de informe de gobierno; pero curiosamente no menciona casi para nada lo que ha hecho la Iglesia, sino lo que durante el año hizo, o dejó de hacer, el gobierno civil.

Así este 18, monseñor Errázuriz agradeció a la presidenta actos en beneficio de la comunidad; como el haber logrado acuerdos para aprobar la Ley General de Educación y la Ley de Transparencia, su nueva política habitacional y el aumento de salas cunas,

Y reconoció a los partidos políticos la unidad y el apoyo que dieron a la presidenta para poder remontar la crisis económica y la epidemia de influenza humana.
Como estamos en tiempos electorales, el sermón del cardenal estuvo también marcado por referencias a la campaña presidencial.
Llamó a los cinco candidatos ahí presentes, a no incurrir en descalificaciones personales; “queremos una contienda de cielos despejados, en la que expongan sus programas con sincera transparencia y con realismo, y no desac

You must be logged in to post a comment Login