Transforman barrio de Sao Paulo en un reducto asiático

Por José Luis Castillejos.

Sao Paulo.- Reducto de japoneses, coreanos y chinos, el barrio Liberdade es el “reino” y corazón del Asia en la mayor metrópoli de Latinoamérica, donde a cada paso se huele y transpira la cultura del continente más grande del mundo.

A ese sitio, que significa Libertad y que se ubica cerca del centro de Sao Paulo, llegan miles de turistas extranjeros y brasileños a rendirle devoción a la comida oriental que ofrecen restaurantes coreanos, chinos y japoneses.

En plena calle, las personas pueden degustar el sushi, shashimi, temaki, shimeji, gyoza o yahissoba. En este barrio asiático, de andar frenético y donde se respira el olor a incienso y tabaco, la gente camina rosándose debido a la aglomeración, entre un griterío y la cadencia de las “senhoritas” de ajustados pantalones y cortas minifaldas.

Casas de masaje, tiendas donde venden kimonos y sandalias de madera japonesas y lugares para tomar té, saké o cerveza conforman el panorama de esta pequeña “ciudad” asiática que se conformó tras la llegada a este país de un millón de japoneses.

En el barrio de Liberdade el visitante se olvida que está en un país tropical, a no ser porque uno se encuentra en las calles con vendedores de discos compactos bolivianos, músicos peruanos o ecuatorianos y jaladores de clientes de nacionalidad chilena.

En esta zona se puede gozar de un espectáculo de taiko o escuchar música con instrumentos asiáticos que atraen la mirada mientras la gente camina bajo las lámparas rojas suzuranto, típicas de Japón, que iluminan las calles de Liberdade.

Difícil es la situación si no se habla japonés, portugués o chino pues los empleados de las tiendas son, en su mayoría, asiáticos que se apoyan en cordiales vendedores brasileros que aprendieron de la paciencia oriental para intentar entender a los turistas. Claudio Pulido Apey es un chileno de 53 años que se cansó de trotar por el mundo como naviero y recaló en Liberdade. Hoy distribuye volantes para que los turistas vayan al restaurante Narita, ubicado en calle Américo de Campos 128.

“Me cansé de vivir en Santiago de Chile. Dejé todo y vine a probar suerte. No me va mal y aunque gano poco 700 reales (412 dólares mensuales) soy feliz. Me casé con una brasileña y eso es uno de mis motivos para estar aquí”, afirmó.

Aparenta más edad por su rostro con arrugas, el cabello lacio y medio desdentado. “Estoy pasando una racha feliz en el plano familiar pero con algunos problemas derivados de mi situación legal que aún no se regulariza”, comentó.

Pero Pulido Apey no es el único ya que Víctor Oscropoma Vivanco es un peruano de la provincia de Amancaes, del departamento de Huancavelica, que dejó su chacra (tierra) y se vino a Sao Paulo a vender discos compactos y, aquí, el amor lo retiene.

“Compré un pedacito de tierra en las afueras de Sao Paulo y estoy levantando mi casa. Extraño mi comida y asuntos familiares y por eso cada dos años voy a Perú. Espero retornar algún día, pero no sé si pueda porque aquí ya eché raíces con esposa y dos hijos”, reveló.

Liberdade pareciera ser la bíblica “Torre de babel”, donde unos hablan japonés, otros coreano y unos más español, inglés o portugués. Las voces son una especie de vendaval que se confunde con el ruido de los carros y cuyo sonido entra por los oídos y poco se entiende. Algunas señoras acompañadas de esposos e hijos salen cargadas de ollas, sartenes, hongos shitakis y wasabis, en tanto que muchos jóvenes lo hacen con platillos de comida china o japonesa y los menores con dulces asiáticos.

Muchos orientales se hospedan en el Nikkey Palace Hotel, donde pagan 243 dólares por una habitación sencilla, en tanto otros prefieren el hotel Emiliano, donde la noche cuesta 686 dólares, y desde allí parten hacia el barrio Liberdade, de 20 manzanas. La influencia asiática es tal en esta zona que entrar a un mercadillo de Liberdade es una “perdición” ya que hay ciruelas asiáticas, pescados, jenjibre, frutas, sushi, ostras, espadas, lámpara

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