Saquen sus armas ¡que arda Troya!

Cuando París, hijo de Príamo –Rey de los troyanos– rapta a la bella Helena, todos los caudillos aqueos son convocados para organizar un ataque a gran escala contra Troya, relata el ingenioso Homero, padre y creador de la Épica Universal.

“Que arda Troya”, adjudicada a Agamenón, Rey de Micenas, fue la frase de la victoria de los griegos sobre los troyanos, la culminación del honor y la venganza de un rey por el rapto o la huída de una mujer cuya belleza a día de hoy sigue siendo un mito.

De acuerdo al relato histórico, “no hubo piedad” ni con las hormigas que pasaban por ahí de casualidad. Se quemaron palacios, monumentos y cuerpos de seres humanos incluidos niños, mujeres y ancianos.

Tras la barbarie, el arte, los tesoros, los personajes de linaje real y los secretos de estado de Troya pasaron a las manos de Agamenón y sus caudillos y Troya desapareció.

Se conoce que el señorAlfredo Cristiani, presidente del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y ex presidente de la república, tiene bien clara las referencias históricas del mundo occidental.

“Si sacan a esos 16,000 (empleados del gobierno acumulados en administraciones areneras), aquí les vamos a armar Troya”, dijo, sin titubear, don Alfredo a un medio de comunicación.

Después de la crítica ciudadana por la referencia histórica utilizada, en un intento de suavizar lo dicho anteriormente, el Sr. Cristiani afirmó: “Yo dije ‘va a arder Troya’, (pero) ciertamente no vamos a incendiar nada, porque no es lo que acostumbramos a hacer” aquí.

El señor Cristiani tiene derecho a intimidar políticamente a sus adversarios con las palabras que estime convenientes y tiene derecho a utilizar las citas textuales de los grandes guerreros y destructores de la humanidad para avanzar su agenda partidista. Otra cosa es que eso sea lenguaje apropiado, dado el ambiente de violencia en el que estamos hundidos.

Probablemente el Sr. Cristiani sólo pretendía meter miedo con una frase gráfica y contundente. A ese respecto, también pudo haber parafraseado al Dr. Hannibal Lecter y decir “Yo tengo la política de no morder la mano del adversario al menos que esté viva y jugosa”; O a drácula: ”esta noche estoy de humor, se me antoja un poco de sangre fresca con limón.”

La brutalidad verbal del señor Cristiani se ha visto acompañada por el representante de Dios en El Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, quien solicitó a los partidos conservadores del país, que saquen “sus armas” para ratificar la reforma constitucional que prohíbe el matrimonio entre homosexuales.

No se preocupe monseñor Escobar Alas, “vamos hacer la lucha” le correspondió Roberto d’Aubuisson, diputado de ARENA, haciendo referencia a la aprobación de los préstamos internacionales y el presupuesto nacional a cambio de la ratificación para prohibir las bodas gays.

Hay que recordarle a monseñor Escobar Alas que, como ciudadano corriente de a pie, tiene su derecho intacto a opinar sobre política nacional, incluso hacer activismo político de cualquier color, pero como representante de Dios no es muy conveniente utilizar repetidamente el altar para revindicar posiciones claramente políticas. Para eso están los partidos políticos, para que uno se inscriba en ellos y satisfaga la necesidad, que muchas veces llevamos dentro sin reconocerla, de hacer militancia y activismo político.

En los países modernos y avanzados, no se puede representar a Dios y hacer “política directa” simultaneamente. La experiencia y los resultados históricos de ese tipo de dualidad no han sido muy halagüeños para la gran mayoría de los pueblos del mundo.

En otros tiempos, quizás sus palabras no tendrían nada de especial. Sin embargo, hay que refrescarles la memoria a estos dos respetables y modélicos ciudadanos salvadoreños, el señor Cristiani y a monseñor Escobar Alas, que, en nuestro pequeño país, la vida humana sigue descuartizándose todos los días como reses en un degolladero.

José Manuel Orti

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