EL FMLN como gobierno y la diáspora

Durante las pasadas tres semanas las banderas salvadoreñas han ondeado en las principales ciudades del mundo manifestando el orgullo nacional de un pueblo que ama y añora a su patria. La diáspora no celebra la independencia por un día, sino por un mes, a través de desfiles y concentraciones masivas caracterizadas por el fervor patriótico.  

El FMLN y Mauricio Funes, durante la campaña electoral utilizaron estos eventos para ofrecer esperanza, cambio y el voto en el exterior. Con el slogan, “Nace la esperanza, viene el cambio”,  recaudaron miles de dólares y ganaron apoyo político en Estados Unidos.

Ahora que gobiernan, la esperanza es más alta que nunca, según encuestas de opinión pública, más, el cambio político, social y económico no existe y el voto en el exterior ni se considera. La excusa presidencial y partidaria es que es muy poco tiempo, sin embargo, no es aceptable.  

En 1821 la nación experimentó un ambiente de esperanza similar al de hoy, sin embargo, liberarse de la opresión imperial española trascendió someterse a la opresión de sus herederos, por quienes tres millones de salvadoreños vivimos en el exterior.

Durante 188 años la ascensión política del FMLN a la presidencia de la república se ha venido preparando, a través de alzamientos campesinos, manifestaciones obrero-estudiantiles y una guerra civil, por lo tanto, es inexcusable que en cuatro meses de un gobierno histórico, El Salvador sea aun el mismo país violento con trece muertes diarias a raíz de las actividades delincuenciales de bandas de extorsionistas, secuestradores y traficantes.  

Es inaceptable que la corrupción de cuello blanco continué impune, sobretodo, cuando los nuevos funcionarios han denunciado a los culpables y teniendo pruebas del mal uso del dinero público, no hacen nada para procesarlos penalmente.

Que los líderes políticos del FMLN utilicen sus posiciones para crear riqueza personal, como lo hace el comandante Ramiro (Luis Merino) y el resto de socios de ALBA Petróleos de El Salvador; que la designación de posiciones para empleos diplomáticos en el exterior se mantenga sujeto al nepotismo y compadrazgo.

¿Qué significa la diáspora para el nuevo gobierno? Hasta ahora lo mismo de siempre: Un pueblo sin voz política, aislado y despojado del principal derecho constitucional: el derecho al sufragio. Durante estas fiestas patrias celebradas en el mundo, los grandes ausentes a los actos patrióticos fueron el presidente de la República y los dirigentes del FMLN. Es claro que ya no necesitan dinero, ni apoyo electoral.

El presidente Funes habla de unidad nacional para enfrentar los retos de nuestra nación y cambiar el sistema, sin embargo, su convocatoria excluye a la diáspora.

El recién juramentado Consejo Económico y Social, ha sido creado, según Funes, como un “Instrumento fundamental para alcanzar acuerdos nacionales y para construir la unidad nacional”. ¿Cómo puede considerar señor presidente que en este importante consejo se excluya la representación política de tres millones de ciudadanos?

Señor presidente, ¿Qué somos nosotros?, ¿Una subclase de salvadoreños?, ¿Unos pobres ignorantes que sirven nada más para lavar platos, vender pupusas y mandar remesas?, ¿Acaso considera que no somos capaces de contribuir con ideas y políticas públicas que ayuden a cambiar El Salvador?

Esta exclusión política y social de tres millones de salvadoreños es una bofetada a quienes colaboran con billones de dólares a la economía nacional cada año.    

¿Qué necesitamos de este gobierno, señor presidente? Que no se nos ignore más, que la incorporación de organizaciones de la diáspora como la Comisión Cívica Democrática y otras de liderazgo salvadoreño al Consejo Económico y Social sea inmediata y que se inicie el proceso que permita votar desde el exterior.     

La representación de la diáspora en el Consejo Económico y Social debe ser constituida por las diversas co

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