¡Y ahora el etanol!

Por Alba Ma. Orellana González

El actual gobierno brasileño, está enfrascado en una fuerte campaña dentro y fuera de Brasil en favor del etanol. Parece ser que la intención es que dicho producto se convierta en una nueva “commodity” una “commodity verde” ya que se sostiene que ayudará de forma eficiente y eficaz a disminuir el calentamiento global.

Sin embargo, no podemos olvidar los problemas de desarrollo tanto social como económico y ambiental, que históricamente han generado los monocultivos en América Latina

Actualmente en el mundo se producen cerca de 40 billones de litros de etanol/año, y como está siendo sugerido, para substituir el consumo del 10% de la gasolina en el mundo, sería necesario producir entre 150 y 200 billones de litros/año de etanol, lo que implicaría casi quintuplicar la producción actual.

Estados Unidos tiene la intención de sustituir el 20% de la gasolina por biocombustibles hasta 2017. De acuerdo con datos de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil (UNICAMP), la producción actual de Brasil es de 16 billones de litros/año, ocupando para ello 5.5 millones de hectáreas, si se quiere aumentar la producción a 110 billones de litros (que parece ser la estrategia adoptada) serán necesarias 75 millones de hectáreas.

Actualmente el área usada para fines agrícolas en Brasil es de 55 millones de hectáreas. Es lógico pensar que la presión sobre la frontera agrícola aumentará de forma desproporcionada, de hecho ya está ocurriendo, grandes zonas del nordeste brasilero, del centro-oeste e incluso del Amazonas están siendo trasformadas en plantaciones cañeras.

Aunado a lo anterior es importante señalar que la producción de caña de azúcar y etanol, está concentrada en pequeños grupos de latifundistas-agroindustriales con gran poder económico y de lobby en el Senado y Congreso brasilero.

Recientemente los gobiernos brasileño y el salvadoreño anunciaron que serán efectuadas inversiones para instalar una planta de etanol en El Salvador, para lo cual el país recibirá apoyo técnico y financiero de Brasil y del Banco Mundial, reviviendo así un proyecto que viene desde la época del ex presidente Saca.

Los defensores del crecimiento económico, ciertamente aplauden sin mayores cuestionamientos, estas nuevas inversiones ya que ellas generarán oportunidades de empleo y por supuesto, oportunidades de nuevos negocios. Quienes entendemos que lo importante es el desarrollo del país tanto en lo social, como en lo económico y ambiental, tenemos muchas interrogantes y preocupaciones acerca de éstos nuevos proyectos.

En primer lugar, diversos estudios científicos señalan que lo mejor es dejar de usar automóviles y apostarle al transporte colectivo para el traslado de las personas. Y sobre el desarrollo de energías alternativas pues es mejor apostarle al desarrollo de la energía solar.

En segundo lugar, debido a la falta de tierras agrícolas en El Salvador pues es lógico pensar que las fincas cafetaleras de El Salvador corren el riesgo de desaparecer con el proyecto de producción de biocombustible anunciado. ¿Se imaginan el impacto ambiental negativo que se tendría? Además, hay que agregar, que ambos sectores el cafetalero y el cañero tradicionalmente han estado y están en manos de un pequeño y poderoso grupo económico y político del país.

Para que los biocombustibles se conviertan en una alternativa sostenible, tiene que ser con sostenibilidad ambiental, social y económica, con respeto a los ecosistemas, considerando la capacidad de soporte de éstos y con respeto a la seguridad alimentaria.

¿Estarán siendo considerados éstos aspectos? ¿O falta aún mucha discusión al respecto? Esperemos que haya una consulta ciudadana sobre éste proyecto y que no se implemente sin un debido consenso, tanto en la forma como en el fondo del mismo.

Alba Ma. Orellana González
Doctora en Ecología Aplicada
Universidad de São Paulo, Brasil
Miembra del CAISEEM

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