Mensaje de esperanza en Primera Cumbre de Liderazgo Salvadoreño-Americano

Por Francisco Rivera

Me siento honrado de estar aquí delante de todos ustedes y poder hablar finalmente de nosotros, los salvadoreños, ese pueblo al que tanto ha castigado la historia y cuyo esfuerzo y sacrificio todavía esperan un reconocimiento digno de las autoridades, aquí en Estados Unidos, el corazón del mundo y, allá, en El Salvador, nuestro país de origen,

En 1539, 68 años antes de Jamestown, la primera colonia inglesa en toda Norte América, indígenas salvadoreños se vieron obligados a salir de su tierra natal y del seno de sus hogares para ayudar a Don Antonio de Mendoza, virrey del nuevo mundo, a descubrir lo que ahora es el estado más grande y poderoso de Estados Unidos: el estado de California.

La historia, desconocida por muchos, dice que los barcos el San Salvador y el San Miguel arribaron a la costa oeste de Estados Unidos en este mismo mes de septiembre, pero del año 1542. Esos barcos habían sido construidos gracias a la laboriosidad y la mano de obra de los indígenas salvadoreños, allá, en la costa del Océano Pacífico en El Salvador.

Los nombres que llevaban en sus costados aquellos dos navíos al entrar en el puerto de San Diego en 1542 no fueron producto de la casualidad. Los nombres representaban la tierra donde habían sido construidos por una raza hasta ahora desconocida incluso por nosotros mismos.

Resumo la historia: el pueblo indígena salvadoreño contribuyó con vidas y laboriosidad al gran hallazgo del descubrimiento de la costa oeste de Estados Unidos hoy hace ya más de 4 siglos.

Sin embargo, estimados compatriotas, amigos, autoridades y medios de comunicación, no estamos aquí para revisar la historia y los aportes a esta nación de nuestros antepasados salvadoreños.

Estamos aquí para para hablar del futuro, para ver qué podemos hacer por este país que nos ha acogido y también por el país de origen que hemos dejado atrás.

Los salvadoreños en Estados Unidos ya somos, independiente de que se conozca o no en los medios, parte de la vida política, económica, social e histórica de esta gran nación.

Somos ya el 4º grupo más grande de todos los latinoamericanos de EE.UU. Después de los mexicanos, los portorriqueños y los cubanos, estamos nosotros, los salvadoreños, creciendo más rápido que nadie y a paso firme con ganas de contribuir, mejorar y participar en todo los aspectos importantes de la democracia más antigua del mundo: (EE.UU.)

No en balde, en el Censo de esta nación (año 2007) figuran oficialmente 1,450,000 salvadoreños. Se nos toma como un grupo, pero en verdad somos un pueblo, un país completo. Pero hay más. Somos muchos más. El propio servicio de Homeland Security de Estados Unidos estima que pueden haber alrededor de un 1,000,000 de indocumentados de origen salvadoreño.

¿Dónde está ese millón de salvadoreños indocumentados?

La abrumadora mayoría, está trabajando, produciendo para este país, labrando la tierra, construyendo edificios, cuidando a los niños de América, recogiendo la basura de este mismo local para que esté limpio, está cumpliendo con sus obligaciones familiares como cualquiera de nosotros. Sin embargo, no están en el Censo. No están sobre el papel. ¡No cuentan!

Déjenme hacer énfasis en este punto: En el Censo del 2010 hay que hacernos contar en este país, lugar donde vivimos y trabajamos.

Déjenme que lo repita y lo saboree: “Ya somos el cuarto grupo” dentro de los 47 millones de hispanos de Estados Unidos.

Me pregunto, ¿qué pasaría si lográramos incluir a todos nuestros hermanos salvadoreños, los legales y los que se encuentran en situación irregular, dentro del CENSO de Estados Unidos en el año 2010?

Estimados compatriotas, debemos estar preparados y anticiparnos a lo que se nos viene encima: ser uno de los tres primeros grandes grupos de la mayor concentración hispana dentro del país más poderoso de la tierra, Estados Unidos.

Es un desafío y ese desafío requiere de mucho trabajo, sudor y lá

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