Migrantes ambientales

Por Ana Elizabeth Araniva*

“Lo único que queremos es que llueva” me dice el informe de un proyecto en Guatemala. Ahí, alrededor del 60% de los agricultores, que además son jefes de familia y llevan el único ingreso a su casa, ya perdieron la cosecha: ahora lo único que los mantiene con una leve esperanza a ellos y a los técnicos es que llueva un poco más en lo que resta de la época de lluvia.

Los que más sufren son los chiquitines, pero el proyecto provee ayuda y solidariamente la comunidad prepara “ollas comunitarias” que alimentan a los más débiles, en tiempos de calamidad tiene que salir lo bueno entre los humanos, pienso yo!

Viviendo en el frio Canadá, estoy feliz con temperaturas de 20 grados y días soleados aun en septiembre, pero es el egoísmo humano el que me hace sentir eso porque yo sé que no es normal.

Como tampoco es normal que la zona del Distrito Federal en México esté recibiendo unas grandes tormentas que han logrado que las tuberías de aguas negras se rompieran e inundaran una gran zona poblada que quedo nadando en toda la inmundicia que venía en esas tuberías.

En cambio, en otra parte de México: Jalisco, Michoacán, Puebla y Tlaxcala están sufriendo la mayor sequia en 60 años y le piden la lluvia a la Virgen de Zapopan.

Estos son ejemplos recientes de problemas climáticos que nos están afectando más a menudo a todos en todos lados, ya nadie esta inmune!

Aquí en Canadá ya ni siquiera los grandes osos polares en Manitoba están a salvo, ellos viven en los hielos del polo norte y buscan su alimento nadando y luego descansando en otro lugar, pero cada año estos hielos están más y más lejos y los Osos no pueden nadar estas grandes distancias para lograr descansar en los oasis que se forman los hielos, muriendo en el intento.

Así como el Oso Polar muere en el intento de buscar su alimento; en África, personas que salen de Somalia y Eritrea, encuentran los huesos de otras gentes que buscando llegar a la costa han muerto antes, muchas veces a escasos metros de los oasis.

Por eso el término de Migrantes ambientales, vienen a existir en el lenguaje globalizado actual.
Un estudio de las Naciones Unidas, hecho público esta semana informa que aspectos climáticos, como inundaciones y sequias han hecho emigrar a mas de 20 millones de personas, creando una migración humana que es 4 veces mayor que la causada por guerras y conflictos.

En América Latina, lo vemos diariamente en la migración del campo a la ciudad y de un país a otro como pasa actualmente, debido a la difícil situación de los cultivos, bajos precios y lo impredecible del clima que causa la perdida de los cultivos. Aun cuando las ciudades no pueden cubrir las necesidades básicas de estos nuevos “citadinos” la migración continua… Que padre o madre de familia se va a quedar en su pueblo viendo que año tras año pierden la siembra y se quedan sin comida?

Solo en América Latina, el hambre nos ha regresado a la década de los 90, perdiendo todos los avances que se habían logrado. Como vamos a lograr crecer si todo lo puedo borrar el clima con una inundación o una sequía?

Y mientras, vemos a 20 o 30 millones de personas migrando como hormigas por la tierra luchando por lograr un mejor lugar para vivir, los más ricos del planeta se reúnen a pensar cómo crecer aun mas, salir de la crisis y seguir contaminando sin dañar al planeta?

Ahí sigue el imparable consumismo, la destrucción de los bosques, la urbanización de tierras agrícolas, la explotación minera y la destrucción de los glaciales y la interminable contaminación de los ríos. Que más tiene que pasar para que las grandes potencias y también las pequeñas entiendan que no somos capaces de manejar a la naturaleza a nuestro antojo y salir libres sin pagar las consecuencias.

Ana Elizabeth Araniva, B.Sc. presidenta del Consejo Científico, Académico y de Investigación de SEEM.

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