Concejos Municipales en El Salvador

Por Elmer Palma

El Alcalde llega a la hora que se le antoja, todo es manejado por secretarias y personal administrativo, él solo llega a dar unas cuantas firmas y se marcha. La escusa de casi siempre es que tiene que hacer ‘unos mandados por ahí”, según dice una de las encargadas; que de paso es prima de su esposa. 

En las salas hay gente esperando para asentar cipotes recién nacidos, sacar partidas de nacimientos, permisos para construir rascacielos, entre otros mandaditos cotidianos de la población. Al fondo suena la KL en un viejo y gangoso radio. 

La jornada se repite todos los días, la rutina solo se rompe cuando de repente entra alguien corriendo sin pedir permiso y va de oficina en oficina susurrando, se sirve un “cafélisto” y luego se marcha. Era uno de los Concejales. 

Le contestan a uno de los curiosos que se atrevió a preguntar por el que había entrado. Así son ellos, confirma otra secretaria, es raro verlos por acá, siempre andan fuera haciéndole mandados al Alcalde- usted sabe, por cierto es mi tío político – al rato se lo presento. Mire y al cipote le va’ poner Jadir ¿con jota o con ye? Mientras suenan las teclas de la vieja máquina de escribir.

Así pasan los días en la mayoría de alcaldías a lo largo y ancho de El Salvador. “En este paisito hay mas alcaldías que niños felices” diría Ricardo Arjona. Es una enorme burocracia que venimos arrastrando desde los tiempos de la colonización. 

En aquel corto periodo en que fuimos territorio mexicano después de la Independencia, familias fuertes fueron delineando territorios que luego se convirtieron en municipios; Cuando vino la separación de México, cada quien tomó su pedacito de país. De caseríos pasaban a pueblos, luego a ciudades; y poco les faltó para hacer una alcaldía en cada cuadra.

Pero el estar tan despedazados políticamente no es el problema, aunque es altamente costoso económicamente hablando. Podría funcionar si a los ilustres que escribieron leyes, reglas y garabatos que forman la Constitución hubiesen sido más prudentes. El problema está en el sistema que determina los pocos conocidos Consejos Municipales.

Un concejal acompaña al candidato desde la campaña. La negociación es previamente articulada de palabra entre cheros. Una vez ganada la elección, lo primero que el Alcalde electo hace es el gran anuncio de su Consejo Municipal, la gente ya ni se sorprende porque los vieron montados en un “pick up” prestado (algunos en metrobus) durante la campaña; tirando dulces “la vaquita” a diestra y siniestra, algunas camisetas, volantes con la foto del candidato, etc.

Solo el primer dia se sientan alrededor de una de las pocas mesas que dejó la administración anterior, a gobernar se ha dicho. Esto se repite elección tras elección. El alcalde toma a veces decisiones desde su casa y pocas veces consulta con su consejo, ¿y para que si ya se sabe que no le llevaran la contraria?

Cuando se escribió la Constitución suponía ser todo lo contrario. El alcalde tenía que consultar, discutir y ser aprobado o rechazado por su consejo antes de ejecutar cualquier desván que se inventaba. Pero la misma Constitución permite que el alcalde electo seleccione a quien se le antoje para formar ese Consejo Municipal. Como resultado ahí tenemos alcaldías pagando préstamos bancarios, que en algunos casos, hicieron tres generaciones de alcaldes atrás; otros tienen el inmueble embargado, otros no tienen ni para pagar la luz, (como en el caso de Santa Ana).

El colmo del asunto es que apareció un alcalde por ahí ganando ocho mil dólares al mes mientras que el Municipio al que representaba apenas genera quinientos en recaudación de impuestos, ¿Cómo es posible? Vaya usted a saber. 

La pregunta es como es que el Concejo Municipal aprueba este tipo de situaciones que seguramente se repiten en varios municipios. ¿Como se supone que un país salga adelante cuando los alcaldes tienen cheques en blanco para hacer fiesta de lo que no les cuesta? No hay varita mágica que valga en cualquier presidencia y que lo arregle todo de un “abra cadabra”. Hay problemas de transfondo en todo el sistema nacional y mientras no se cambien, el país no saldrá del atolladero.

Otros alcaldes ya ni proyectos anuncian por que no tienen pisto ni para el anuncio. Digo el anuncio por que si tu vas a ciertos pueblos, a la entrada se te anuncia en varios rótulos grandes que la alcaldía está arreglando las cunetas de todo el pueblo, se llega a la cuneta y sí, efectivamente se ve a una persona remendando una cuneta; se pasa, saluda al cunetero y los anuncios continúan hablando de la bendita cuneta, de repente en el presupuesto de la cuneta salió mas caro anunciarle al pueblo que lo que cuesta la misma. 

¿Y por qué tanto anuncio Sr. Alcalde? Pregunta el mismo curioso. Ah, pues pa’ que el pueblo sepa que estamos trabajando sus impuestos. Por cierto, ¿y quien le hace esos anuncios tan chivos hasta con los colores del partido? Vuelve a preguntar el curioso ya con categoría de metido. Ah, es que fíjese que uno de mis concejales tiene un pequeño tallercito de rotulitos por ahí y se inspiró con nuestros colorcitos.

Así, aquellos ‘pueblos vivos’ se vuelven vivos solo cuando vienen las fiestas patronales. Luego ni limpieza casi se hace en aquellas calles sin cunetas o a medio terminar. Más con la ayuda de la población, que casi no tira basura, el pueblo a veces luce como santuario de “chuchos aguacateros”, que felices deambulan por las calles haciendo su agosto, y que para las autoridades y población, ya son parte del folklore del pueblo.

Por supuesto entre los 262 municipios hay excepciones palpables. He visto pueblos en los que se hace la diferencia y con esto también hay que felicitar aquellos ediles que sí le ponen queso a la tortilla. Esta crítica es sólo para los alcaldes que tienen a sus municipios altamente descuidados. Pero no los culpo solo a ellos, muchos de esos problemas han sido heredados, como dije al principio, por generaciones de alcaldes anteriores.

El problema no tanto radica en los alcaldes, si no el sistema que sirve de cómplice.

Es cierto que la elección pasada para presidente de la república nos ha dejado excitados y con aires de que todo va a cambiar. Pero las elecciones van mas allá de la presidencial; están las de alcaldes y quizá la que mas nos debería excitar, por que ahí comienzan la mayoría de desajustes del país, en los municipios. También es cierto que el enfoque este más puesto en la Presidencia de la República, pero sus problemas enormes son solo la punta del íceberg. 

Debajo de eso hay 262 turbinas generadoras de cientos de miles de problemas día tras día, y todo por culpa del sistema mal diseñado. 

Un alcalde debería tener contrapesos en su puesto, y para esto se debería de distribuir los puestos de concejales entre todos los partidos que participaron en la contienda electoral; claro bajo un gran compromiso social responsable suscrito por todos los participantes. 

Con esto, los alcaldes tendrían que discutir con seriedad y responsabilidad cada lío en el que piensen meter al municipio, sus finanzas mas que todo. 

Cada préstamo, cada aumento, cada gasto debería tener un cuestionamiento entre el alcalde y el Concejo Municipal para garantizar transparencia y buen uso de los fondos. Con el sistema actual, ¿quien le va a llevar la contraria al jefe? encima de estar agradecidos por darle el chancecito de concejal, mas de alguno espera ser seleccionado para sustituirle cuando se aburra.

Desgraciadamente, y hay que reconocerlo, a nadie le gustan los cambios cuando ya se está acostumbrado. Solo el hecho que lo diga alguien de la diáspora, estoy seguro que en varios rinconcitos generará rechazo este humilde enfoque, y por si las moscas, ya tengo mi casco bien puesto; por que se que me lloverán dos que tres piedras por ahí en mi rancho. 

Pero a las heridas hay que ponerles antibióticos aunque ardan. Y esto lo digo por que si vamos y le preguntamos a cualquier alcalde del momento, del partido que sea, se opondría rotundamente a la idea. 

“La costumbre es más fuerte que el amor”, diría La India en su canción. Y en este caso el amor a la Patria o al Municipio mismo. Háganlo cuando yo ya no sea alcalde diría otro, al igual que dicen los políticos centroamericanos, que hablan de integración pero no mientras dure su periodo, por que nadie quiere pasar de Presidente a Gobernador.

Esto, claro está, es solo parte del problema en el sistema político salvadoreño. A esto hay que sumarle el hecho de que no se permite la participación independiente de ciudadanos a diputaciones sin partidos políticos en la Asamblea Legislativa; el que no se ratifiquen a los ministros en cada administración entrante por parte del poder legislativo, la descentralización en todas las ramas del gobierno, eliminar gastos burocráticos innecesarios como el de gobernadores en cada departamento, etc.

Hay que reinventar el país casi en su totalidad, quizá hasta habría que reducir el número de municipios. El país, a pesar de que nació medio chueco, aun no es tarde para arreglarlo, si tan solo hubiese voluntad.

Elmer Palma reside en el condado de Fairfax, Virginia.

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