Fraudes electorales

Universalmente se considera que la legitimidad del sistema democrático está respaldada por el poder ciudadano a emitir con libertad el sufragio en elecciones que cuenten con la observación internacional para avalar los resultados, a través de esta acción democrática se terminó con siglos de llamados fraudes electorales, que servían de fachada para implementar dinastías de poder político y militar en toda Latinoamérica.

El avance democrático a finales del siglo pasado fue motivo de esperanza para millones de ciudadanos, sobre todo para los que aspiraban a romper las barreras de la pobreza, la marginación social y la opresión laboral, sin embargo, el proceso electoral latinoamericano actual se ha convertido en un fraude aun más profundo.

Los fraudes electorales no se limitan a desaparecer unas boletas por aquí y aparecer otras por allá como hizo Ortega en las pasadas elecciones para alcaldes o como planea hacer Michelletti en Honduras, sino que se profundizan con el fraude ético y moral que estos dos políticos ejemplarizan, uno al cambiar la constitución para reelegirse y el otro al atropellar la constitución al ejecutar un golpe de estado.

En El Salvador el fraude electoral es tan profundo que los diputados elegidos por el pueblo están a la venta al mejor postor, como es el caso de doce diputados disidentes del partido ARENA, quienes según el presidente del partido y ex presidente de la república Alfredo Cristiani, han sido comprados por el dinero proveniente del petróleo venezolano que administra Luis Merino (ex comandante Ramiro) del FMLN y los residuos de la partida secreta que quedaron en posesión del ex presidente Antonio Saca.

¿Saca y Ramiro en acuerdos políticos juntos? ¿El FMLN protegiendo a diputados de derecha y ex funcionarios corruptos con tal de imponer su agenda política? Que desfachatez. Pero ese es el estilo antiético de acción de las clases políticas en Centroamérica.

Estos fraudes electorales no son de la exclusiva responsabilidad de los candidatos al fallar a cada promesa electoral o mostrando acciones cínicas e hipócritas por defender sus intereses personales e ignorar totalmente los intereses del pueblo, sino que lo son de los ciudadanos que dominan el cuarto poder del estado.  Así es, los medios de prensa.

Los medios de prensa escrita, visual y radio con mayor alcance a los ciudadanos, lastimosamente están sujetos a los intereses de grupos económicos poderosos, lo que produce que a través de su parcialidad política, se convierten en fuentes de polarización social, política e ideológica. Hacen héroes de villanos y villanos de héroes.

En El Salvador por ejemplo, el derechista El Diario de Hoy y el izquierdista CoLatino se destacan como los medios de prensa más extremistas e ideologizados, debido a ello, ambos son incapaces de ser objetivos al promulgar la noticia, lo que limita su capacidad de informar con la verdad a un pueblo sujeto a la desinformación, sino que generan odio y división. Esta nefasta política editorial se utiliza en la televisión y la radio, adonde los entrevistadores atacan a los enemigos del editor y promueven a sus amigos. ¿Es esta libertad de prensa o terrorismo mediático?

Debido a estas acciones mediáticas en Venezuela se cierran medios de comunicación que disienten del gobierno, en Cuba no existe libertad de prensa, y en toda Latinoamérica se va perdiendo la confianza en la veracidad de la información política.
¿Cómo podemos cambiar esto?

Es importante fortalecer y apoyar a los medios de comunicación que tienen el coraje de informar con la verdad, hacen a un lado sus favoritismos políticos y son promotores a abrir puertas imparciales de opinión pública, que contribuyan a detener los fraudes electorales, que en el siglo XXI persisten y debilitan el sistema democrático.

Para cambiar sistemas políticos tan podridos como el salvadoreño es necesario que la juventud latinoamericana tome conciencia de que el destino de sus pueblos está en sus manos, no en las manos de charlatanes que tienen una vida política de tres y cinco años o que se inmortalizan en esos puestos a través de engaños o por la indiferencia del elector.

El electorado joven latinoamericano debe comprender que son cómplices de estos fraudes electorales al ser indiferentes y no informarse debidamente de lo que hacen quienes eligen o que otorgan su voto por el rostro bonito del candidato o de la bandera y la canción bonita del partido. Las consecuencias de tal actitud son profundas, repercuten en la estabilidad económica, social y política de sus países, así como en las oportunidades de empleo, educación y realización de sus sueños.     

Latinoamérica está siempre en campaña política, es tiempo de formar nuevos liderazgos para concretar un cambio político generacional y desemplear por medio del voto a tanto charlatán que ignora las necesidades e intereses del pueblo y se concentra en robar de un futuro a las generaciones jóvenes latinoamericanas. En El Salvador tendremos la oportunidad de desemplear a muchos de los 82  diputados en 2012, organicémonos y hagámoslo. 

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