Renovar amistad y diálogo entre iglesia y artistas

 

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Este mediodía, en la Oficina de Prensa de

la Santa Sede, el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio

Consejo de la Cultura y de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de

la Iglesia y Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, informaron

sobre el encuentro de Benedicto XVI con los artistas, que tendrá lugar el

próximo 21 de noviembre en la Capilla Sixtina.

  El arzobispo Ravasi recordó que el encuentro, promovido por su

dicasterio, se celebrará en el décimo aniversario de la Carta de Juan Pablo II

a los artistas (4 abril 1999) y 45 años después del encuentro de Pablo VI con

los artistas (7 mayo 1964).

  “Esta cita -dijo- no es como una audiencia general del

Santo Padre abierta a cualquier artista o exclusivamente a los artistas cristianos,

sino un momento representantivo de la voluntad de diálogo entre la Iglesia y el

mundo de las artes, que tendrá que desarrollarse necesariamente en diversas

etapas y con distintas modalidades”.

  Los 255 artistas que han aceptado la invitación proceden de los

distintos continentes, y están divididos en cinco categorías: pintura y

escultura; arquitectura; literatura y poesía; música y canto; cine, teatro,

danza y fotografía.

  Al inicio y al final del encuentro del próximo 21 de noviembre,

intervendrá la Capilla Musical Pontificia Sixtina. Antes del discurso del Santo

Padre se leerán algunos párrafos de la Carta a los artistas de Juan Pablo II.

Posteriormente, habrá un recibimiento en el Braccio Nuovo de los Museos

Vaticanos, durante el cual los artistas recibirán una medalla en nombre de

Benedicto XVI con motivo de este evento.

SEMINARIO

SOBRE DEPORTE, EDUCACION Y FE

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-La sección “Iglesia y deporte”,

instituida dentro del Pontificio Consejo para los Laicos por Juan Pablo II en

2004, anuncia su tercer seminario de estudios sobre “Deporte, educación,

fe: hacia una nueva estación del movimiento deportivo católico”. El objetivo

del seminario es profundizar la relación entre deporte, formación de la persona

y fe en el mundo de las asociaciones deportivas católicas.

  El seminario, según informa un comunicado emitido hoy, tendrá

lugar del 6 al 7 de noviembre en el “Villa Aurelia Conference Centre”

de Roma y contará con la participación de los expertos en el tema, entre los

que se encuentran los responsables de la pastoral del deporte de diversas

conferencias episcopales, representantes de asociaciones católicas en ámbito

nacional e internacional y personalidades del mundo deportivo profesional y

amateur.

  La mañana del 6 de noviembre estará dedicada a la misión de la

Iglesia en el deporte juvenil. Después de la lectura del Mensaje de Benedicto

XVI y las palabras de apertura del cardenal Stanislaw Rylko, presidente del

Pontificio Consejo para los Laicos, se analizará el papel de las asociaciones

deportivas en el mundo católico a la luz de las enseñanzas de la Iglesia. Más

tarde, el profesor Mike Mc Namee, de la Universidad de Swansea (Reino Unido),

dará una conferencia sobre los posibles vínculos entre el deporte y la virtud.

  Por la tarde habrá una mesa redonda en la que participarán

atletas y entrenadores profesionales, que debatirán sobre lo que significa ser

y formar verdaderos campeones, es decir “educar a ese comportamiento

virtuoso que se transforma en estilo de vida dentro y fuera del campo y que no

se mide solo en términos de fama o victoria”. La jornada concluirá con un

análisis de la relación entre deporte y vida espiritual, a cargo de Susan Saint

Sing, campeona olímpica de canoa.

  Los trabajos de la segunda jornada se abrirán con una relación

sobre las nuevas fronteras y estrategias educativas que ofrecen los lugares del

deporte, a cargo de Edio Costantini, presidente de la Fundación Juan Pablo II

para el Deporte. Después habrá una mesa redonda dedicada a las oportunidades

concretas que ofrecen las asociaciones deportivas para “dar testimonio de

Cristo tanto a través de la obra de evangelización, como en el ejercicio de la caridad

cristiana o en el diálogo ecuménico e inter-cultural”. Cerrará los

trabajos el obispo Josef Clemens, secretario del Pontificio Consejo para los

Laicos.

MISA EN SUFRAGIO DE CARDENALES Y OBISPOS DIFUNTOS

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Siguiendo la  tradición del mes de

noviembre, el Papa celebró esta mañana en la basílica vaticana la Santa Misa en

sufragio por los cardenales y obispos fallecidos a lo largo del año.

Concelebraron con el Santo Padre los miembros del colegio cardenalicio.

  Benedicto XVI recordó al inicio de la homilía los nombres de

los purpurados que han muerto en los doce últimos meses: Avery Dulles, Pio

Laghi, Stephanos II Ghattas, Stephen Kim Sou-Hwan, Paul Joseph Pham Dinh Tung,

Umberto Betti y Jean Margéot, manifestando su afecto por ellos y por los

numerosos arzobispos y obispos fallecidos en este año.

  “En estos venerados hermanos -dijo el Papa-, reconocemos a

los siervos de los que habla la parábola evangélica, (…) siervos fieles a los

que el amo, volviendo de la boda, encuentra despiertos y preparados; pastores

que han servido a la Iglesia garantizando al rebaño de Cristo los cuidados

necesarios, testigos del Evangelio que, en la variedad de dones y de tareas,

han dado prueba de laboriosa vigilancia, de dedicación generosa a la causa del

Reino de Dios”.

  El Santo Padre observó que la separación de los seres queridos

es dolorosa y que la muerte es “un enigma cargado de inquietud”, pero

“para los creyentes, suceda cuando suceda, está iluminado siempre por

“la esperanza de la inmortalidad”. La fe nos sostiene en estos

momentos humanamente cargados de tristeza y desaliento”.

  Comentando la Primera Carta de San Pedro, segunda lectura de la

Misa, Benedicto XVI subrayó que nos exhorta durante la peregrinación terrena a

“mantener viva en el corazón la  perspectiva de la esperanza, de una

“esperanza viva, (…) porque Dios, en su gran misericordia, nos regeneró

mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.

  “Este es el motivo por el cual debemos estar

“henchidos de esperanza”, aunque nos afligen las penas. Si

perseveramos en el bien, nuestra fe, purificada por muchas pruebas,

resplandecerá un día en todo su fulgor y será para nosotros alabanza, gloria y

honor, cuando Jesús se manifieste en su gloria”.

  “Aquí reside -concluyó el pontífice- la razón de nuestra

esperanza, que ya nos hace exultar de “gozo indecible y glorioso”

mientras estamos en camino hacia la meta de nuestra fe: la salvación de las

almas”.

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