De la esperanza al caos político

Es difícil quedarse callado ante la situación de pisoteo democrático que vive la hermana república de Honduras. Es necesario recalcar que los centroamericanos deseamos lo mejor para dicho país y sus habitantes. Ese, desgraciadamente, no es el mismo deseo de la clase política dominante en Honduras.

Pocos países del continente no fijaron clara su posición ante los hechos ocurridos a finales de Junio en Honduras.

La mayoría de países latinoamericanos y los organismos internacionales lo han calificado como debe ser: Un golpe de Estado. La OEA, la ONU, UNASUR, el SICA presionaron a todo nivel para restablecer el orden democrático en el país centroamericano, pero se toparon con un presidente de facto con dotes de dictador y el ejemplo de necedad a la máxima expresión.

Cuando todo mundo pensó que se había llegado ya a un acuerdo de negociación entre ambas partes, en lo personal, un acuerdo tardío  y solo para validar las elecciones, sale a relucir nuevamente la ambición de poder del presidente de facto con una jugada sucia para ganar tiempo e imponer intereses en el proceso electoral cercano, mofándose de la comunidad internacional quienes ofrecieron reconocer al futuro presidente electo, que quede claro, de cumplirse los acuerdos pactados.

Al entrar en más detalles de lo que realmente sucedió, se llega a la conclusión que la crisis empeora y que al no medir las consecuencias de las últimas acciones, el gobierno de facto  está jugando con fuego y empujando a todo un pueblo que esta cansado de la espera de una restitución de la democracia en su país, a que pase a la etapa de la frustración, desesperación, zozobra, inestabilidad, que son en conjunto elementos que no faltan en el desborde de una violencia generalizada.

Como parte de la  sociedad centroamericana,  con la triste, pero aleccionadora experiencia de una guerra civil, la clase política y la diplomacia salvadoreña debería de interponer sus buenos oficios para que alerten al hermano país y a los sedientos de poder, que de no llegar a un acuerdo que incluya la restitución del presidente electo popularmente.

Si Zelaya actúo bien o mal, su reemplazo democrático estaría cerca con unas elecciones libres y con el reconocimiento internacional- se pasaría a un clima de ingobernabilidad con la gran posibilidad de un enfrentamiento de la sociedad civil.

Cualquiera puede pensar que es un problema de Honduras y que lo solucionen ellos, pero Centroamérica  se estaba acercando a la integración regional, esto auguraba muchas esperanzas en temas trascendentales para beneficio de nuestros países.

Con la ruptura del orden democrático en Honduras, toda la región se ve afectada en todos los aspectos, se pierde la unidad regional y las negociaciones en bloque con las otras partes del mundo no se llegarían a concretar.

Existen ya indicios de una explosión social en Honduras, desde que se dio el golpe, varios artefactos explosivos han sido detonados en varias zonas del país y recientemente se observan atentados políticos.

Deberían estos sucesos ser un llamado de atención para que los que tienen en sus manos la solución la efectúen de inmediato y no esperen a que otra guerra civil afecte a un país de los nuestros. Están actuando sin medir las consecuencias… si les importa la gente, deben actuar diferente y evitar pasar de la esperanza al caos político.

*Dr. Leonel Flores es medico salvadoreño radicado en USA

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