Desde el Vaticano… Cardenal Bertone escribe a sacerdotes de China

CIUDAD DEL VATICANO, 17 NOV 2009 (VIS).-Ayer por la

tarde se hizo pública una carta del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de

Estado, dirigida a todos los sacerdotes de la Iglesia católica en la República

Popular China con ocasión del Año Sacerdotal, al conmemorarse este año el 150

aniversario de la muerte del San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.

  “En la Carta que el Santo Padre dirigió

el 27 de mayo de 2007 a

los obispos, presbíteros, personas consagradas y fieles laicos de la República

Popular China, se indican varias líneas-guía para el futuro camino de la

Iglesia. Entre ellas -escribe-, deseo subrayar la reconciliación dentro de la

comunidad católica y un diálogo respetuoso y comprensivo con las autoridades

civiles, sin renunciar a los principios de la fe católica. Al respecto, a pesar

de las persistentes dificultades, las informaciones que han llegado desde

diferentes partes de China muestran también signos de esperanza”.

  El purpurado asegura que “sólo dos años

después de la publicación de la Carta pontificia, no parece que haya llegado el

momento de hacer balances definitivos. Usando las palabras del gran misionero

de China, padre Matteo Ricci, creo que se puede decir que aún es tiempo más de

siembra que de cosecha”.

  El secretario de Estado indica a continuación

los diferentes “modos prácticos” con los que los sacerdotes pueden

aportar su contribución: “visitando frecuentemente tanto a las familias

católicas como no católicas en los pueblos; (…) aumentando los esfuerzos para

preparar y formar buenos catequistas; favoreciendo un mayor uso de los

servicios caritativos, dirigidos especialmente a los niños y a las personas

enfermas y ancianas; (…) organizando reuniones especiales, en las que los

católicos puedan invitar a sus parientes y amigos no católicos para que

conozcan mejor la Iglesia católica y la fe cristiana; distribuyendo

publicaciones católicas a los no católicos”.

  “En este Año Sacerdotal deseo recordaros

la fuente donde podéis encontrar la fuerza para ser fieles a vuestra importante

misión: la Eucaristía. (…) Una comunidad verdaderamente eucarística no puede

replegarse en sí misma, como si fuese autosuficiente, sino que debe mantenerse

en comunión con toda comunidad católica”.

  Dirigiéndose en particular a los obispos, el

cardenal Bertone escribe que su “solicitud paterna” les

“sugerirá, según las posibilidades y las condiciones de cada diócesis, las

actividades dirigidas a promover las vocaciones al sacerdocio, como jornadas y

encuentros de oración, o apertura de lugares donde los sacerdotes y los fieles,

especialmente los jóvenes, puedan encontrarse para rezar juntos bajo la guía de

sacerdotes buenos y expertos, como directores espirituales”.

  “El Santo Padre Benedicto XVI es

consciente de que “también en China, como en el resto de la Iglesia, surge

la necesidad de una formación permanente adecuada del clero. De aquí nace la

invitación, dirigida a los obispos como responsables de las comunidades eclesiales,

a pensar especialmente en el clero joven, que está cada vez más sometido a

nuevos retos pastorales, relacionados con las exigencias del deber de

evangelizar una sociedad tan compleja como lo es la sociedad china

actual”.

  El purpurado subraya que “el Santo Cura

de Ars nos enseña que el culto dado a la Eucaristía fuera de la Misa es de un

inestimable valor en la vida de todo sacerdote. Este culto está estrechamente

unido a la celebración de la Eucaristía”.

  Tras poner de relieve que “si estamos unidos

en Cristo eucarístico, todas las miserias del mundo resuenan en nuestros

corazones para implorar la misericordia de Dios”, exhorta a “buscar

la reconciliación con gestos concretos. (…) Para obtener esto, es necesario y

urgente prestar atención también a la formación humana de todos los fieles,

incluidos los sacerdotes y religiosas, pues la falta de madurez humana, de

autocontrol y de armonía interior es la fuente más frecuente de

incomprensiones, de falta de cooperación y de conflictos en las comunidades

católicas”.

  El cardenal Bertone concluye “formulando

y confiando a la Santísima Virgen el deseo de que vuestra vida sacerdotal sea

guiada cada vez más por esos ideales de donación total a Cristo y a la Iglesia

que inspiraron el pensamiento y la acción del Santo Cura de Ars”.

CONFERENCIA SOBRE PERSONAS

SORDAS EN VIDA IGLESIA

CIUDAD DEL VATICANO, 17 NOV 2009 (VIS).-Esta mañana,

en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la presentación de la

XXIV Conferencia Internacional promovida por el Pontificio Consejo para la

Pastoral Sanitaria, que se celebrará del 19 al 21 de noviembre en el Aula Nueva

del Sínodo, en el Vaticano, y cuyo tema este año es: “Effatà! La Persona

sorda en la vida de la Iglesia”.

  Intervinieron en el acto el arzobispo Zygmunt

Zimowski, el obispo José L. Redrado, O.H., y monseñor Jean-Marie

Mpendawatu, respectivamente presidente, secretario y subsecretario del Pontificio

Consejo para la Pastoral Sanitaria; padre Savino Castiglione, de la

Congregación  Religiosa “Pequeña  Misión  para los

Sordomudos” y el profesor Marco Radici, director de la Unidad de

Otorrinolaringología del Hospital San Juan de Dios “Fatebenefratelli”,

Roma.

  En el mundo hay 278 millones de personas con

déficit auditivo, de los cuales 59 millones padecen sordera total. El 80% de

las personas sordas reside en las zonas del planeta menos desarrolladas,

mientras que de la Iglesia Católica formarían parte un millón trescientos mil

sordos, que encuentran, dijo el arzobispo Zimowski, “dificultades para

participar plenamente (…) en la práctica religiosa”.

  La exigencia de la próxima conferencia, en la

que participarán 498 personas, de las cuales 89 son sordas, nace de la

necesidad de promover y mejorar el compromiso en este sector de la discapacidad

para “llegar a una integración efectiva de los sordos”, agregó.

  “Según el programa establecido -explicó

el presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral Sanitaria- los tres días

de encuentro estarán divididos en sectores ligados a los diferentes aspectos de

la sordera. El primer día se tratará de “Las personas sordas en el mundo

entre pasado y presente”, “El mundo psicológico de las personas

sordas”,   “Aspectos médicos de la sordera” y

“Experiencias del mundo de la sordera”.

  Durante la segunda jornada, en la que los

participantes en el encuentro serán recibidos por el Papa, se hablará de

“La familia y las personas sordas” y “Pastoral de las personas

sordas”.

  Los trabajos concluirán el 21 de noviembre

con la recapitulación de las intervenciones y los debates y la presentación de

una relación final.

  Intervendrán en la Conferencia, entre otros,

el arzobispo Patrick A. Kelly, de Liverpool (Reino Unido) y Terry O’Meara,

respectivamente Presidente y Director de la International Catholic Foundation

for the Service of Deaf Persons (Fundación Católica Internacional para el

Servicio de las Personas Sordas), Silvio P. Mariotti, experto de la Organización

Mundial de la Sanidad y el padre Cyril Axelrod, presbítero sordo y ciego.

  También participarán en la reunión los

cardenales Javier Lozano Barragán y Fiorenzo Angelini, presidentes eméritos del

dicasterio, que celebrará el próximo 11 de febrero el 25 aniversario de su

institución.

A OBISPOS DE BRASIL: PROFUNDO RESPETO POR LA

VIDA

CIUDAD DEL VATICANO, 14 NOV 2009 (VIS).-Benedicto

XVI recibió esta mañana a los prelados de la Conferencia Nacional de Obispos de

Brasil (Región Sur 1, donde se encuentra Sao Paolo) al final de su visita

“ad limina”.

  El Papa comenzó su discurso subrayando que el

pueblo brasileño “abriga en su corazón un gran sentimiento religioso y

nobles tradiciones, enraizadas en el cristianismo, que se expresan en

manifestaciones religiosas y civiles, sentidas y genuinas. Es un patrimonio

rico de valores que os esforzáis en defender (…) y vivificar. Os invito a

proseguir en esta obra constante y metódica de evangelización, ciertos de que

la formación auténticamente cristiana de la conciencia es decisiva para una

profunda vida de fe y también para la madurez social y el verdadero y

equilibrado bienestar de la comunidad humana”.

  “Dado que una conciencia bien formada

lleva a realizar el auténtico bien del ser humano -observó el Santo Padre- la

Iglesia, especificando cual es ese bien, ilumina a los hombres y a través de

toda la vida cristiana intenta educar su conciencia. La enseñanza de la

Iglesia, debido a su origen -Dios-, a su contenido -la verdad- y a su punto de

apoyo -la conciencia-, encuentra un eco profundo y persuasivo en el corazón de

cada persona creyente o no”.

  “Concretamente, la “cuestión de la

vida y de su defensa y promoción no es solo prerrogativa de los cristianos.

(…) El “pueblo de la vida” se alegra de poder compartir su

compromiso con otros, de manera que ese “pueblo por la vida” sea cada

vez más numeroso y la nueva cultura de amor y solidaridad crezca para el bien

verdadero de la civilización humana”.

  Benedicto XVI exhortó a los prelados a hablar

al “corazón del pueblo” y a “unir las voluntades (…) para

hacer frente a la creciente onda de violencia y menosprecio del ser

humano”, que “de dádiva de Dios, acogida en la intimidad amorosa

entre el hombre y la mujer, ha pasado a verse como mero producto humano” .

  En este sentido, citó su encíclica

“Caritas in veritate” donde escribe: “En la actualidad, la

bioética es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el

absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral. (…) Es un ámbito muy

delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la cuestión

fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si depende de Dios. Los

descubrimientos científicos en este campo y las posibilidades de una

intervención técnica han crecido tanto que parecen imponer la elección entre

estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia o una razón

encerrada en la inmanencia”.

  “La convicción de la recta razón y la

certeza de la fe de que la vida del ser humano, desde su concepción hasta su

muerte natural, pertenece a Dios y no al hombre, le confiere el carácter

sagrado y la dignidad personal que suscita la única actitud legal y moral

correcta: la del profundo respeto”, recalcó el Papa.

  “No podemos desanimarnos nunca en

nuestro llamamiento a la conciencia”, dijo en conclusión el Santo Padre a

los obispos, invitándoles a trabajar por la causa de Dios “no con el ánimo

triste de quien advierte las carencias y peligros, sino con la firme confianza

de los que saben poder contar con la victoria de Cristo”.

ANGELUS:

FIN DE LOS TIEMPOS Y RECUERDO VICTIMAS DE TRAFICO

CIUDAD DEL VATICANO, 15 NOV 2009 (VIS).-En la

meditación que precede habitualmente al rezo del Ángelus, Benedicto XVI habló

del final del año litúrgico y citó el pasaje del evangelio de San Marcos donde

Cristo habla del fin de los tiempos con estas palabras: “El cielo y la tierra

pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

  “Jesús declara que todo está destinado a

“pasar” -explicó el Papa a los fieles reunidos en la Plaza de San

Pedro-. No solo la tierra, sino también el cielo, del que se habla aquí en

sentido cósmico, no como sinónimo de Dios. La Sagrada Escritura no es ambigua

en absoluto en este sentido: todo lo creado está marcado por la finitud,

incluidos los elementos divinizados en las mitologías: no hay ninguna confusión

entre lo creado y el Creador, sino una diferencia neta. Con esa distinción,

Jesús afirma que sus palabras “no pasarán”, es decir, están de la

parte de Dios porque son eternas”.

  El Santo Padre afirmó que los que escuchan

esas palabras “forman parte del Reino de Dios, o sea, viven bajo su

señorío; permanecen en el mundo, pero ya no son del mundo; llevan en sí un

germen de eternidad, un principio de transformación que se manifiesta ya ahora

en una vida buena, inspirada por la caridad y al final desembocará en la

resurrección de la carne”.

  “La Virgen María es el signo vivo de esa

verdad. Su corazón fue “tierra buena” que acogió con plena

disponibilidad la Palabra de Dios, de modo que toda su existencia, transformada

según la imagen del Hijo, fue introducida en la eternidad, en cuerpo y alma,

anticipando la vocación eterna de todo ser humano”.

  Después de rezar el Ángelus Benedicto XVI

saludó a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Comisión Episcopal

Europea para los Medios de Comunicación, que se desarrolló hace unos días en el

Vaticano y a continuación recordó que hoy se celebra la Jornada Mundial en

Memoria de las Víctimas de los Accidentes de Tráfico.

  “Confío a la misericordia de Dios a los

difuntos -dijo refiriéndose a esa  conmemoración-. Invito a todos los que

recorren las carreteras del mundo a ser prudentes, con espíritu de

responsabilidad por la salud y la vida propia y de los demás”.

BENEDICTO XVI EN LA CUMBRE

DE SEGURIDAD ALIMENTARIA

CIUDAD DEL VATICANO, 16 NOV 2009 (VIS).-Benedicto

XVI visitó este mediodía la sede de la FAO (Organización de las Naciones Unidas

para la Agricultura y la Alimentación) con ocasión de la Cumbre Mundial sobre

Seguridad Alimentaria, que se celebra del 16 al 18 de noviembre en Roma.

  Ofrecemos a continuación extractos del

discurso del Papa:

  “La comunidad internacional esta

afrontando en estos años una grave crisis económico-financiera. Las

estadísticas muestran un incremento dramático del número de personas que sufren

el hambrey a esto contribuye el aumento de los precios de los productos

alimentarios, la disminución de las posibilidades económicas de las poblaciones

más pobres, y el acceso restringido al mercado y a los alimentos. Y todo esto,

mientras se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus

habitantes”.

  “En efecto, si bien en algunas regiones

se mantienen bajos niveles de producción agrícola a causa también de cambios

climáticos, dicha producción es globalmente suficiente para satisfacer tanto la

demanda actual, como la que se puede prever en el futuro. Estos datos indican

que no hay una relación de causa-efecto entre el incremento de la población y

el hambre, lo cual se confirma por la deplorable destrucción de excedentes alimentarios

en función del lucro económico”.

  “En la Encíclica “Caritas in

veritate”, he señalado que (…) falta un sistema de instituciones

económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida

de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de

afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las

emergencias de crisis alimentarias reales…”.

  “Hay que oponerse igualmente al recurso

a ciertas formas de subvenciones que perturban gravemente el sector agrícola,

la persistencia de modelos alimentarios orientados al mero consumo y que se ven

privados de una perspectiva más amplia, así como el egoísmo, que permite a la

especulación entrar incluso en los mercados de los cereales, tratando a los

alimentos con el mismo criterio que cualquier otra mercancía”.

  “En cierto sentido, la convocatoria de

esta Cumbre es ya un testimonio de la debilidad de los actuales mecanismos de

la seguridad alimentaria y la necesidad de una revisión de los mismos”.

  “El concepto decooperación debe

ser coherente con el principio de subsidiaridad, (…) porque el desarrollo

humano integral requiere decisiones responsables por parte de todos y pide una

actitud solidaria que no considere la ayuda o la emergencia en función de quien

pone a disposición los recursos o de grupos de élite que hay entre los

beneficiarios”.

  “Dentro de este contexto de

responsabilidad está el derecho de cada País a definir su propio modelo

económico, previendo los modos para garantizar la propia libertad de decisiones

y de objetivos. En dicha perspectiva, la cooperación debe llegar a ser un

instrumento eficaz, libre de vínculos e intereses que pueden restar una parte

nada despreciable de los recursos destinados al desarrollo. Además, es

importante subrayar cómo la vía solidaria para el desarrollo de los Países

pobres puede llegar a ser también una vía de solución para la actual crisis

global”.

  “En la actual situación persiste todavía un

nivel de desarrollo desigual entre y en las Naciones, que determina, en muchas

áreas del planeta, condiciones de precariedad, acentuando la contraposición

entre pobreza y riqueza”.

  “Existe el riesgo de que el hambre se

considere como algo estructural, parte integrante de la realidad socio-política

de los países más débiles, objeto de un sentido de resignada amargura, si no de

indiferencia. No es así, ni debe ser así. Para combatir y vencer el hambre es

esencial empezar por redefinir los conceptos y los principios aplicados hasta

hoy en las relaciones internacionales, así como responder a la pregunta: ¿qué

puede orientar la atención y la consecuente conducta de los Estados respecto a

las necesidades de los últimos? La respuesta no se encuentra en la línea de

acción de la cooperación, sino en los principios que tienen que inspirarla:

sólo en nombre de la común pertenencia a la familia humana universal se puede

pedir a cada pueblo, y por lo tanto a cada país, ser solidario, es decir,

dispuesto a hacerse cargo de responsabilidades concretas ante las necesidades

de los otros, para favorecer un verdadero compartir fundado en el amor”.

  “Si se busca la eliminación del hambre,

la acción internacional esta llamada no sólo a favorecer el crecimiento

económico equilibrado y sostenible y la estabilidad política, sino también a

buscar nuevos parámetros -necesariamente éticos y después jurídicos y

económicos- que sean capaces de inspirar la actividad de cooperación para

construir una relación paritaria entre países que se encuentran en diferentes

grados de desarrollo”.

  “Esto, además de colmar el desequilibrio

existente, podría favorecer la capacidad de cada pueblo de sentirse

protagonista, confirmando así que la igualdad fundamental de los diferentes

pueblos hunde sus raíces en el origen común de la familia humana, fuente de los

principios de la “ley natural” llamados a inspirar las opciones y las

directrices de orden político, jurídico y económico en la vida

internacional”.

  “Para combatir el hambre promoviendo un

desarrollo humano integral (…) se ha de favorecer el acceso al mercado

internacional de los productos provenientes de las áreas más pobres, hoy en día

relegados a menudo a estrechos márgenes. Para alcanzar estos objetivos es

necesario rescatar las reglas del comercio internacionalde la lógica

del provecho como un fin en sí mismo, orientándolas en favor de la iniciativa

económica de los países más necesitados de desarrollo, que, disponiendo de

mayores entradas, podrán caminar hacia la autosuficiencia, que es el preludio

de la seguridad alimentaria.”.

  “Tampoco se han de olvidar los derechos

fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación

suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel

importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho

primario a la vida”.

  “Los métodos de producción alimentaria

imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la

tutela ambiental. (…) Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de

sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también

cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo

corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. (…)

  “No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones,

planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida

personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero

sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las

acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión

que une la persona y lo creado (…) Los deberes que tenemos con el

ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada

en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y

conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual,

que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad” .

  “El hambre es el signo más cruel y concreto

de la pobreza. No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche,

cuando el drama del hambre adquiere cada vez mayores dimensiones. (…) La

Iglesia Católica estará atenta siempre a los esfuerzos para vencer el hambre;

trabajará por sostener, con la palabra y con las obras, la acción solidaria

-programada, responsable y regulada- que los distintos componentes de la

Comunidad internacional estén llamados a emprender. La Iglesia no pretende

interferir en las acciones políticas; ella, respetuosa del saber y de los resultados

de las ciencias, así como de las decisiones determinadas por la razón cuando

son responsablemente iluminadas por valores auténticamente humanos, se une al

esfuerzo por eliminar el hambre”.

  “Es este el signo más inmediato y concreto de

la solidaridad animada por la caridad, signo que no deja margen a retrasos y

compromisos. Dicha solidaridad se confía a la técnica, a las leyes y a las

instituciones para salir al encuentro de las aspiraciones de las personas,

comunidades y pueblos enteros, pero no debe excluir la dimensión religiosa, con

su poderosa fuerza espiritual y de promoción de la persona humana”.

LA UNIDAD

DE LOS CRISTIANOS FACILITARA LA EVANGELIZACION

CIUDAD DEL VATICANO, 16 NOV 2009 (VIS).-Hoy se hizo

público un mensaje del Santo Padre al cardenal Ivan Dias, prefecto de la

Congregación para la Evangelización de los Pueblos, con motivo de la asamblea

plenaria, que celebran estos días y cuyo tema es: “San Pablo y los nuevos

areópagos”.

  La referencia al areópago, desde el que San

Pablo anunció el Evangelio, “constituye -escribe el Papa- una invitación

urgente para saber valorar los “areópagos” de hoy, donde se afrontan

los grandes desafíos de la evangelización”.

  Benedicto XVI pone de relieve que “la

actividad misionera de la Iglesia se debe orientar hacia los centros

neurálgicos de la sociedad del tercer milenio. No hay que minusvalorar el

influjo de una difusa cultura relativista, la mayoría de las veces carente de

valores, que entra en el santuario de la familia, se infiltra en el campo de la

educación y en otros ámbitos de la sociedad y los contamina, manipulando las

conciencias, especialmente las de los jóvenes. Al mismo tiempo, sin embargo, a

pesar de estas insidias, la Iglesia sabe que el Espíritu Santo está siempre en

acción”.

  “Se abren nuevas puertas al Evangelio

-continúa- y se va extendiendo en el mundo el deseo de una auténtica renovación

espiritual y apostólica. Como en otras épocas de cambio, la prioridad pastoral

es mostrar el rostro real de Cristo”, que “exige que cada comunidad

cristiana y la Iglesia en su conjunto ofrezcan un testimonio de fidelidad a

Cristo, construyendo pacientemente aquella unidad querida por El e invocada por

todos sus discípulos. La unidad de los cristianos facilitará la evangelización

y la confrontación con los desafíos culturales, sociales y religiosos de

nuestro tiempo”.

  El Papa concluye invitando a “imitar el

“estilo” de vida y el mismo “espíritu” apostólico” del

Apóstol de las Gentes, “centrado totalmente en Cristo”. Con esta

adhesión completa al Señor, los cristianos podrán transmitir más fácilmente a

las generaciones futuras el patrimonio de la fe, capaz de transformar también

las dificultades en posibilidades de evangelización”.

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