Una alianza global y estratégica contra el hambre

Por José María Sumpsi

En los últimos tres años el número de personas que pasan hambre en el mundo ha pasado de 854 a 1.020 millones, de modo que no sólo no nos acercamos al primer objetivo del milenio, que es reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre en el mundo para el 2015, sino que nos alejamos de tan noble objetivo. 

La conjunción de la fuerte subida de los precios de los alimentos iniciada a finales de 2007, y la aguda recesión económica que el mundo sufre desde mediados de 2008, explica el empeoramiento del hambre en el mundo.

Acabar con el hambre es un reto gigantesco que requiere del compromiso firme de todos los gobiernos, tanto de los países pobres como de los países ricos, de la sociedad civil, del sector privado y de las organizaciones internacionales.

La cumbre mundial sobre seguridad alimentaria, que se clausura hoy en Roma en la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), pretende llamar la atención de la opinión pública y de la comunidad internacional sobre esta lacra de la humanidad, sellar el compromiso de todos los gobiernos para alcanzar el primer objetivo del milenio y acabar con el hambre en el mundo en el plazo de tiempo más corto posible, y apoyar las reformas en marcha de las organizaciones internacionales y del sistema global de gobernanza de la agricultura y la alimentación para lograr avances efectivos en la lucha contra el hambre.

Según estimaciones de los expertos, hacia el año 2050 la población mundial alcanzará los 9.000 millones de habitantes, lo que representa un aumento del 35% respecto a la actual y la mayor parte de este aumento de población ocurrirá en los países en desarrollo. 

La población urbana representará el 70% del total, frente al 49% actual, y la renta por habitante aumentará considerablemente. Para responder al aumento de la demanda de alimentos de una población más numerosa, más urbana y con más renta, se estima que la producción mundial de alimentos deberá aumentar de aquí al año 2050 en torno a un 70%.

Ello sólo se puede lograr con instituciones y políticas adecuadas, tanto a nivel global como nacional, y con un notable aumento de la inversión pública y privada en la agricultura de los países en desarrollo, pues el mayor potencial para aumentar la producción mundial de alimentos está en dichos países.

Según estimaciones de la FAO la inversión agraria en los países en desarrollo deberá aumentar en un 50% para cubrir la mayor demanda mundial de alimentos en 2050, lo que requerirá aumentar los fondos destinados a la agricultura y la alimentación, tanto en los presupuestos nacionales de los países en desarrollo como en los presupuestos de cooperación de los países desarrollados. En este sentido, la Declaración asume el compromiso de aumentar los fondos destinados a la agricultura, pero no cuantifica objetivos concretos.

El uso de tecnologías sostenibles y adaptadas a las particulares condiciones ecológicas, económicas y sociales de los países en desarrollo será un factor clave para alimentar a la humanidad, pues según las conclusiones de una reunión de expertos celebrada en la sede de la FAO en octubre de 2009, el 90% (80%, en los países en desarrollo) del incremento de la producción de alimentos procederá del aumento de los rendimientos de los cultivos, y sólo un 10% (20%, en los países en desarrollo) procederá del aumento de la superficie cultivada. 

Por ello, es esencial aumentar los recursos destinados a la investigación agraria, reformar el Grupo Consultivo de Centros Internacionales de Investigación Agraria y reconstruir los Sistemas Nacionales de Investigación Agraria que en muchos países en desarrollo fueron desmantelados con las reformas liberales de los años ochenta.

En cuanto a las políticas a seguir, la cumbre consagrará el modelo de dos vías que consiste en combinar medidas de emergencia como la ayuda alimentaria o las redes de protección social para las poblaciones más vulnerables, con medidas de mediano y largo plazo destinadas a mejorar las infraestructuras rurales, la investigación agraria, el acceso a los mercados de medios de producción y de productos agrarios, los sistemas de gestión de riesgo, estudiar la viabilidad de crear sistemas de reservas de alimentos, al menos para hacer frente a situaciones de emergencia y apoyar a los agricultores de los países en desarrollo con ayudas que no distorsionen el comercio. 

La Declaración de la cumbre incluirá compromisos para avanzar en las negociaciones comerciales internacionales, evitar restricciones a las exportaciones y recomendar ciertos límites a las políticas de fomento de la producción de biocombustibles, si se demuestra que pueden afectar negativamente a la seguridad alimentaria mundial.

Uno de los logros principales que se esperan de esta cumbre y que podría marcar la diferencia respecto a cumbres anteriores, es el acuerdo sobre un nuevo sistema mundial de gobernanza para la agricultura y la alimentación. 

La crisis desatada a principios de 2008 con la fuerte subida de los precios de los alimentos evidenció que una de las causas de dicha crisis fue la falta de un sistema de gobernanza global de la agricultura y la alimentación que garantizase la regulación, convergencia y coordinación de políticas nacionales que afectaron negativamente a la seguridad alimentaria mundial. 

Desde principios de 2009 se ha estado trabajando en la reforma del Comité Mundial de Seguridad Alimentaria, creado en 1996 con sede en la FAO, pero que desde hace años no cumplía funciones relevantes. 

La reforma que ha sido discutida y aprobada por todos los actores y grupos de interés involucrados, ha consistido en hacerlo más incluyente, de modo que no sólo participen los gobiernos, sino también el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, las fundaciones privadas, agencias de Naciones Unidas y el Banco Mundial.

Reforzar sus atribuciones, especialmente en la coordinación y convergencia de políticas; aumentar sus recursos y dotarlo de un grupo de expertos de alto nivel para analizar los impactos de las políticas y recomendar posibles medidas a adoptar para mejorar la seguridad alimentaria mundial.

La cumbre aprobará esta reforma del Comité Mundial de Seguridad Alimentaria, que se constituirá así en un elemento central del nuevo sistema de gobernanza mundial de la agricultura y la alimentación.

José María Sumpsi es subdirector general de la FAO. (www.fao.org/wsfs/world-summit/es).

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