El humorista gráfico Forges: «Nacho iba para ser algo grande para la humanidad

Por Teresa La Puerta

Forges recuerda sus veranos en El Espinar, cuando inventó con Martín Baró «la modalidad no olímpica de saltos gimnásticos en pradera»

Los primeros amigos se mantienen vivos en la memoria con los rasgos y ademanes de la infancia o la adolescencia y, quizás por ello, soportan con frescura el paso de los años.

Hace casi medio siglo que Antonio Fraguas, ‘Forges’ (Madrid, 17 de enero de 1942) e Ignacio Martín Baró (Valladolid, 7 de noviembre de 1942) compartían diversión y travesuras en El Espinar (Segovia), aunque el recuerdo de aquel chico vallisoletano con gafas continúa fresco en la memoria del genial humorista gráfico.

Eran de la misma edad, procedían de familias numerosas (Nacho tenía cinco hermanos y Forges, nueve), disfrutaban de la diversión, pero también de la lectura, eran inquietos y algo inconformistas… estaban condenados a entenderse y a recordarse.

La vida hizo que se separaran, pero el trágico destino de Nacho, asesinado en El Salvador junto a otros cinco compañeros jesuitas y dos mujeres hace ahora veinte años, resucitó la evocación de aquellos meses estivales, Un día después de su muerte, Forges publicaba una emotiva viñeta dedicada ‘Al jesuita español. Asesinado a los 47 años en El Salvador por dedicar su vida a los pobres y a los humildes’ y, desde entonces, nunca ha dejado de reivindicar la labor humanitaria de su compañero de juegos y de colaborar con homenajes como el que el colegio Martín Baró de Valladolid le tributa este año.

-¿Cómo era aquel Nacho que veraneaba con usted en El Espinar?

-Nacho era muy divertido, muy ‘echao p’alante’ y muy inteligente y, además, tenía una especial habilidad en torcerse los tobillos al hacer ‘saltos gimnásticos en pradera’, modalidad no olímpica que nosotros inventamos entre chotos y vacas.
-¿Intuyó alguna vez que la vida de ese joven acabaría dando un giro tan radical?
-Nacho iba para ser algo grande para la Humanidad. Se le veía en su sonrisa, siempre la más amplia, y en su confianza en que siempre se podía mejorar.

-¿Le siguió la pista una vez que se marchó a Centroamérica?

-A través de parientes y de visitantes de El Salvador. Mi hermano José María, realizador de Televisión Española, estuvo con él un par de meses antes de los hechos.

-Cuando se cumplen veinte años de su fallecimiento en El Salvador, ¿qué deberíamos tener presente sobre su vida y su obra?

-Que para hacer el bien no hay excusas, ni ‘vaticanos’.

-El colegio que en Valladolid lleva el nombre de Ignacio Martín Baró le está rindiendo homenaje con multitud de actos. ¿Podrá acercarse usted este curso? ¿Qué desearía transmitirles a los estudiantes?

-Ojalá pueda acercarme en algún momento para decirles a los alumnos que el mundo se puede cambiar y que en nuestras manos está acabar con las injusticias.

-La caricatura que ha dibujado para el centro educativo representa al Nacho-niño. ¿Su imagen continúa viva en su memoria?

-Claro, lo inolvidable, lógicamente, se llama así porque no se olvida.

-La Audiencia Nacional española ha reabierto la investigación contra los presuntos asesinos de Martín Baró y de otras siete personas. ¿Sigue la información? ¿Considera que es buena idea que el juicio se celebre en España?

-El hacer justicia siempre es adecuado. Pero esto no obsta para recordar que Nacho dedicó su vida a la compasión, y él, seguro, habría perdonado, porque el perdonar es la escala más alta de la Justicia.

-Un día después de su asesinato publicó una viñeta en la que podía leerse: «El sacrificio de tu vida es el ejemplo para los de tu generación, sumidos en el Poder y el Bienestar, olvidándose de la Justicia Social ¿El lema continúa estando vigente?

-Cada día más.

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