ADVIENTO: TIEMPO DE ESPERANZA. LLAMAMIENTO LUCHA SIDA

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).- El Santo Padre se asomó a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

El Papa recordó que comienza “un nuevo Año litúrgico, que se abre naturalmente con el Adviento, tiempo de preparación a la Natividad del Señor”, y explicó cómo

el Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la liturgia, afirma que la Iglesia, “en el ciclo anual presenta todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Natividad hasta la Ascensión, el día de Pentecostés y la espera de la bienaventurada esperanza y del regreso del Señor”.

El Concilio insiste, prosiguió, en que el centro de la liturgia “es Cristo, como el sol en torno al cual, como los planetas, giran la Bienaventurada Virgen María -la más cercana- y los mártires y los demás santos que en el cielo cantan a Dios la alabanza perfecta, e interceden por nosotros”.

“Esta es la realidad del Año litúrgico vista, por decirlo de alguna forma, desde la perspectiva de Dios”. Y ¿desde la del hombre, de la historia y de la sociedad, qué importancia tiene?”, se preguntó Benedicto XVI.

“La respuesta -dijo- la sugiere precisamente el tiempo de Adviento. (…) El mundo contemporáneo tiene sobre todo necesidad de esperanza: la necesitan los pueblos en desarrollo, pero también los económicamente desarrollados”, porque “nos damos cuenta cada vez más de que estamos todos en una única barca y debemos salvarnos todos juntos. Sobre todo nos damos cuenta, viendo cómo se derrumban tantas falsas seguridades, de que tenemos necesidad de una esperanza de la que podamos fiarnos y ésta se encuentra sólo en Cristo, que como dice la Carta a los Hebreos, “es el mismo ayer, hoy y siempre”.

Cristo “abraza todas las dimensiones del tiempo, porque ha muerto y resucitado, es el que Vive, y a la vez el que comparte nuestra precariedad humana, permanece para siempre y nos ofrece la estabilidad misma de Dios. (…) Quien anhela la libertad, la justicia y la paz puede levantarse y alzar la cabeza, porque en Cristo la liberación está cerca”.

“Podemos afirmar, por lo tanto -concluyó- que Jesucristo no atañe sólo a los cristianos, o sólo a los creyentes, sino a todos los seres humanos, porque El, que es el centro de la fe, también es el fundamento de la esperanza. Y todos los seres humanos necesitan constantemente esperanza”.

Después de rezar el Ángelus, el Santo Padre habló de la Jornada Mundial contra el SIDA, que se celebra el 1 de diciembre. “Mi pensamiento y mi oración -dijo- se dirigen a las todas las personas afectadas por esta enfermedad, en particular a los niños, a los más pobres y a cuantos son rechazados”.

“La Iglesia no cesa de prodigarse para combatir el SIDA, a través de sus instituciones y del personal dedicado a esa tarea. Exhorto a todos a aportar su contribución con la oración y la atención concreta, para que todos los afectados por el virus HIV sientan la presencia del Señor que da consuelo y esperanza. ¡Ojala que multiplicando y coordinando los esfuerzos, se llegue a detener esta enfermedad y a acabar con ella!”.

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