Clinton expone agenda de derechos humanos para el siglo XXI

Los siguientes son extractos del discurso de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el 14 de diciembre de 2009 en la Universidad de Georgetown.

Nuestra agenda de derechos humanos para el siglo XXI es concretar de forma humana los derechos humanos y el primer paso es considerar los derechos humanos en un contexto amplio. Por supuesto, la gente ha de estar libre de opresión tiranía, tortura, discriminación, del miedo a que los líderes les encarcelen o les hagan “desaparecer”. Pero además debe tener libertad para vivir sin la opresión de la miseria, la falta de alimentos, falta de salud, falta de educación y falta de igualdad ante la ley y de hecho.

Para realizar su potencial, las personas han de tener libertad para elegir sus leyes y dirigentes; para compartir y tener acceso a la información; para hablar, criticar y debatir. Han de tener libertad de culto, de asociación y amar en la forma que elijan. También han de tener la libertad de alcanzar la dignidad que conlleva la autosuperación y la autosuficiencia, de instruir sus mentes y sus competencias, de llevar sus productos al mercado, y de participar en el proceso de la innovación. Los derechos humanos plantean exigencias tanto negativas como positivas. Las personas han de estar libres de cualquier modalidad de tiranía y también han de ser libres para aprovechar las oportunidades de una vida plena. Por esta razón, el apoyo a la democracia y el fomento del desarrollo son las piedras angulares de nuestra agenda de derechos humanos para el siglo XXI.

Esta administración, al igual que otras anteriores, promoverá, apoyará y defenderá la democracia. No cederemos ni palabras ni ideas a quienes las hayan utilizado de manera demasiado limitada, o para justificar políticas desacertadas. Estamos a favor de la democracia no porque queramos que otros países sean iguales que nosotros, sino porque queremos que todas las personas disfruten de la protección permanente de derechos que les pertenecen por naturaleza, independientemente de que hayan nacido en Tallahassee o en Teherán. La democracia ha demostrado ser el mejor sistema político para hacer de los derechos humanos una realidad humana en el largo plazo.

Pero es fundamental que aclaremos a qué nos referimos cuando hablamos de democracia, porque la democracia no significa sólo elecciones para elegir a dirigentes, sino también ciudadanos activos, una prensa libre, un poder judicial independiente, e instituciones transparentes y responsables que rindan cuentas a todos los ciudadanos y que protejan sus derechos de forma equitativa y justa. En las democracias, el respeto a los derechos no es una decisión que toman los dirigentes a diario, sino que es la razón por la que gobiernan. Las democracias protegen y respetan a los ciudadanos todos los días, no sólo el día de las elecciones. Las democracias demuestran su grandeza no al insistir en que son perfectas, sino al utilizar sus instituciones y principios para perfeccionarse a sí mismas tanto como a su unión, tal como sigue haciendo nuestro país tras 233 años.

Al mismo tiempo, el desarrollo humano también ha de ser parte de nuestra agenda de derechos humanos, porque que las necesidades básicas del bienestar: alimentación, vivienda, salud y educación; y los bienes públicos comunes: sostenibilidad ambiental, protección contra enfermedades pandémicas, provisiones para los refugiados; son necesarias para que la gente pueda ejercer sus derechos, y porque el desarrollo humano y la democracia se refuerzan mutuamente. Los gobiernos democráticos no pueden sobrevivir mucho tiempo si sus ciudadanos no tienen las necesidades básicas de la vida. La desesperación que causan la pobreza y la enfermedad conducen a menudo a la violencia, la cual pone en peligro aún más los derechos de las personas y amenaza la estabilidad de los gobiernos. Las democracias que producen resultados en cuanto a derechos, oportunidades y desarrollo para sus pueblos son estables, fuertes y muy probablemente permitirán que las personas alcancen su potencial.

Así que los derechos humanos, la democracia y el desarrollo no son tres objetivos separados con agendas distintas. Esa opinión no refleja la realidad que confrontamos. Para marcar la diferencia a largo plazo en la vida de la gente tenemos que hacer frente a los tres al mismo tiempo con un compromiso que sea inteligente, estratégico, decidido y a largo plazo. Debemos medir nuestros logros preguntando lo siguiente: ¿Hay más personas en más lugares en mejores condiciones de ejercer sus derechos universales y alcanzar su potencial debido a nuestras acciones?

Enlace:

http://www.state.gov/secretary/rm/2009a/12/133544.htm

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