Conocimiento y sencillez de espíritu

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-El Santo Padre, siguiendo la tradición de su encuentro con los universitarios antes de Navidad, presidió ayer tarde a las 17,30 en la basílica de San Pedro la celebración de las vísperas con los estudiantes de los ateneos romanos, dedicando la homilía al tema de la Sabiduría.

“La que nace en Belén -dijo el Papa- es la Sabiduría de Dios (…) En la plenitud de los tiempos, esta Sabiduría asumió un rostro humano, el rostro de Jesús (…). La paradoja cristiana consiste precisamente en la identificación de la Sabiduría divina, es decir el Logos eterno, con el hombre Jesús de Nazaret y con su historia (…) .Por lo tanto la Sabiduría que invocamos esta noche es el Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad; es el Verbo”.

“Un profesor cristiano, un joven estudiante cristiano llevan dentro de sí el amor apasionado por esa Sabiduría. Leen todo a su luz (…) Sin ella no se hizo nada de todo lo que existe y por lo tanto en toda realidad creada se puede entrever su reflejo (…) Todo lo que percibe la inteligencia humana (…) de alguna manera participa en la Sabiduría creadora. Aquí, en último análisis, reside también la misma posibilidad del estudio, de la investigación, del diálogo científico en cualquier campo del saber”.

“En este punto -prosiguió- (…) podemos preguntarnos: ¿Quien estaba la noche de Navidad en la gruta de Belén? ¿Quien acogió a la Sabiduría cuando nació?. No fueron los doctores de la ley, los escribas o los sabios. Fueron María y José y luego los pastores. ¿Que significa? ¿Quiere decir que no es necesario el estudio, o incluso que es contraproducente para conocer la verdad?”.

“La historia de dos mil años de cristianismo -subrayó Benedicto XVI- excluye esta última hipótesis y nos sugiere la acertada: se trata de estudiar, de profundizar el conocimiento conservando un ánimo de “pequeños”, un espíritu sencillo y humilde, como el de María, Sede de la Sabiduría. (…) En aquella gruta cada uno de nosotros puede descubrir la verdad sobre Dios y la verdad sobre el ser humano que se encontraron en el Niño, nacido de la Virgen María; el anhelo del hombre a la vida eterna enterneció el corazón de Dios que no se avergonzó de asumir la condición humana”.

El Santo Padre recordó a los universitarios que “ayudar a los demás a descubrir el verdadero rostro de Dios es la primera forma de caridad” y que para ellos esa forma era la de “la caridad intelectual”. Después, mencionando el tema de la pastoral universitaria diocesana de este año, “Eucaristía y caridad intelectual” afirmó que se trataba de “una elección laboriosa pero apropiada. Efectivamente en toda celebración eucarística Dios viene en la historia en Jesucristo, en su Palabra y en su Cuerpo, dándonos esa caridad que nos permite servir al ser humano en su existencia concreta”.

A continuación el pontífice invitó a los ateneos a ser “lugares de formación de auténticos portadores de la caridad intelectual. De ellos depende en gran medida el futuro de la sociedad, sobre todo en la elaboración de una nueva síntesis humanista y de una nueva capacidad proyectiva”.

Al final de la ceremonia la delegación universitaria australiana entregó a su homóloga africana la imagen de Maria Sedes Sapientiae y el Papa confió a la Virgen a todos los universitarios del continente africano, manifestando su agrado por la cooperación que después del Sínodo Especial para África, se ha instaurado entre los ateneos romanos y los africanos.

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