Inequidad Educativa

Teresa Gurza.

El año escolar en Chile es de marzo a noviembre; y las vacaciones son durante el verano austral, de diciembre a febrero.

Cuando en noviembre terminan las clases, todos los estudiantes chilenos que salen de Cuarto Medio, equivalente a nuestro segundo de Prepa, dan la Prueba de Selección Universitaria, PSU.

Se rinde el mismo día en todo el país, y es igual para todos los alumnos de cualquiera de los tres tipos de colegios que hay en Chile; privados, subvencionados por el Estado, o municipales; y este 30 de noviembre la dieron 251 mil 617 estudiantes.

Integran la PSU cuatro exámenes: Formación General de Lenguaje y Comunicación; Matemáticas, Historia y Ciencias Sociales, y Ciencias; en ésta última, se incluyen preguntas de Biología, Física y Química.

Los de Lenguaje y Comunicación y Matemáticas, son obligatorios; pero se puede optar entre dar el de Historia y Ciencias Sociales o el de Ciencias.

La PSU evalúa conocimientos y capacidad de razonamiento; y a la mayor parte de los estudiantes les da terror, porque de ella dependerá su ingreso a la universidad, la carrera que puedan cursar y por tanto, su futuro.

La PSU es un tema de interés nacional; y durante semanas alumnos y padres y madres de familia no se preocupan de nada más que de esta prueba, a la que los estudiantes entran sólo con un lápiz y una goma.

Los resultados se colocan en Internet diez días después a las 12 de la noche; y las fotografías de los mejores, salen en los diarios del día siguiente.

Y sus parientes los presumen; las universidades se los pelean y les ofrecen regalos y becas.

Las calificaciones de este año, igual que las de los ocho anteriores que he pasado acá, mostraron que la brecha entre alumnos de liceos, municipales y colegios pagados, crece año con año.

Ahora fue de 144 puntos en Matemáticas y 134 en Lenguaje; lo que muestra el abismo en la calidad de educación que ricos y pobres reciben.

Sólo el 10 por ciento de los jóvenes del país asiste a colegios pagados; pero atinaron en promedio 42 de las 70 preguntas de la prueba de Matemáticas y sacaron el 94 por ciento de los mejores puntajes.

Mientras que sólo el uno por ciento de los que van a colegios municipales, obtuvo los 700 puntos necesarios para acceder a las carreras más selectivas.

A partir de la publicación de los puntajes, obtenidos promediando las notas de dos años de educación media y la PSU, se inicia un complicado proceso para postular a las principales universidades.

Entre ellas están las llamadas Universidades del Consejo de Rectores; y en este grupo sobresalen la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile, que por ser las de mayor demanda, sólo reciben a los de mejores promedios.

Así que para no quedarse sin carrera, si no están seguros de poder entrar a ellas, los alumnos postulan a varias universidades y carreras a la vez, en orden de preferencia.

Pero 51 mil estudiantes de los 250 y tantos mil que dieron este año la prueba, o sea un 25 por ciento y 10 mil más que en el año pasado, no podrán siquiera pensar en postular en estas universidades por tener promedios inferiores a 450 puntos.

A diferencia de lo que sucede en México, donde hay mucha movilidad social y muchachos de todos los sectores pueden entrar a las universidades públicas o estudiar carreras técnicas, en Chile los apellidos que se tienen y el barrio donde se vive, casi definen la vida.

Por si todo eso fuera poco, la PSU de este año ratificó que los colegios pagados obtuvieron mayoría absoluta en el ranking de 100 mejores escuelas; y únicamente tres liceos municipales y tres colegios subvencionados, están en esa lista; lo que indica que en Chile, el ingreso socioeconómico es factor determinante para una buena o mala educación.

Y fueron estudiantes de colegios particulares pagados, quienes consiguieron más de la mitad de los puntajes sobre 700 puntos y por tanto las becas y financiamientos.

La desigualdad educativa deberá ser por tanto, un asunto primordial para el próximo presidente.

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