Si quieres promover la paz, protege la creación

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-A las 10,00 del 1 de enero, en la basílica vaticana, el Santo Padre presidió la concelebración eucarística en la solemnidad de Santa María Madre de Dios y con ocasión de la XLIII Jornada Mundial de la Paz, cuyo tema en 2010 es: “Si quieres promover la paz, protege la creación”.

Al inicio de la homilía, el Papa explicó que “toda la narración bíblica se puede leer como progresiva revelación del rostro de Dios, hasta llegar a su plena manifestación en Jesucristo. (…) El rostro de Dios ha tomado un rostro humano, dejándose ver y reconocer en el hijo de la Virgen María, que por eso veneramos con el título altísimo de “Madre de Dios”.

Tras poner de relieve que “meditar sobre el misterio del rostro de Dios y del hombre es una vía privilegiada que conduce a la paz”, el Santo Padre subrayó que “ésta, de hecho, comienza por una mirada respetuosa, que reconoce en el rostro del otro a una persona, independientemente del color de su piel, su nacionalidad, su lengua, su religión”.

Benedicto XVI afirmó que “sólo si tenemos a Dios en el corazón, estamos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano; no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo, sino otro yo, un rasgo del infinito misterio del ser humano. Nuestra percepción del mundo y, en particular, de nuestros iguales, depende esencialmente de la presencia del Espíritu de Dios en nosotros”.

“Para reconocernos y respetarnos como realmente somos, es decir hermanos, necesitamos referirnos al rostro de un Padre común, que nos ama a todos, a pesar de nuestros límites y nuestros errores”.

El Papa se refirió a la importancia de ser educados desde niños “en el respeto al otro, también cuando es diferente a nosotros”. En este contexto señaló que “los rostros de los niños son como un reflejo de la visión de Dios sobre el mundo. ¿Por qué entonces apagar su sonrisa? ¿Por qué envenenar sus corazones? Desgraciadamente, el icono de la Madre de Dios de la ternura se contrapone de modo trágico con las dolorosas imágenes de tantos niños y de sus madres a merced de la guerra y la violencia: prófugos, refugiados, emigrantes forzados. Rostros minados por el hambre y la enfermedad, rostros desfigurados por el dolor y por la desesperación”.

“Los rostros de los pequeños inocentes -continuó- son una llamada silenciosa a nuestra responsabilidad: frente a su condición de impotencia se derrumban todas las falsas justificaciones de la guerra y de la violencia. Debemos simplemente convertirnos en diseñadores de la paz, deponer las armas de todo tipo y comprometernos todos juntos para construir un mundo más digno de la persona”.

Comentando el tema de su Mensaje para la XLIII Jornada Mundial de la Paz de 2010: “Si quieres promover la paz, protege la creación”, el Papa afirmó que “la persona es capaz de respetar a las criaturas en la medida en que lleva en su propio espíritu un sentido pleno de la vida, de otro modo tenderá a despreciarse a sí mismo y a lo que le rodea, a no respetar el ambiente en el que vive, la creación”.

Tras hacer hincapié en que “existe de hecho un nexo muy estrecho entre el respeto a la persona y la salvaguarda de lo creado”, el Santo Padre señaló que “si la persona se degrada, se degrada el entorno en el que vive; si la cultura tiende a un nihilismo, si no teórico, práctico, la naturaleza pagará sus consecuencias”.

“Renuevo, por tanto, mi llamamiento -concluyó- a invertir en educación, proponiéndose como objetivo, además de la necesaria transmisión de nociones técnico-científicas, una más amplia y profunda “responsabilidad ecológica”, basada en el respeto a la persona y a sus derechos y deberes fundamentales. Sólo así el compromiso por el medio ambiente puede convertirse verdaderamente en educación a la paz y construcción de la paz”.

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