Humildad para reconocer la grandeza de Dios

Comentando en la homilía la lectura del Libro del profeta Isaías y el pasaje del Evangelio de Mateo, el Santo Padre explicó que los Magos, “personajes procedentes de Oriente, no son los últimos, sino los primeros de la gran procesión de aquellos que, a través de todas las épocas de la historia, saben reconocer el mensaje de la estrella, saben caminar por las vías indicadas por la Sagrada Escritura y saben encontrar así a Aquél que es aparentemente débil y frágil, pero que en cambio es capaz de dar la alegría más grande y más profunda al corazón del hombre”.

“En Él, de hecho -continuó-, se manifiesta la realidad estupenda de que Dios nos conoce y está cerca de nosotros, de que su grandeza y poder no se expresan en la lógica del mundo, sino en la lógica de un niño inerme, cuya fuerza es sólo la del amor que se nos confía. En el camino de la historia, hay siempre personas que son iluminadas por la luz de la estrella, que encuentran el camino y llegan a Él. Todas viven, cada una a su manera, la misma experiencia que los Magos”.

Benedicto XVI puso de relieve que “si leemos, por tanto, juntas la promesa del profeta Isaías y su cumplimiento en el Evangelio de Mateo en el gran contexto de toda la historia, parece evidente que lo que se nos dice, y lo que en el belén tratamos de reproducir, no es un sueño ni tampoco un vano juego de sensaciones y emociones, privadas de vigor y de realidad, sino la Verdad que se irradia en el mundo”.

“Solamente en ese Niño se manifiesta la fuerza de Dios, que reúne a los seres humanos de todos los siglos, para que bajo su señorío recorran el camino del amor, que transfigura al mundo. Sin embargo, aunque los pocos de Belén se convierten en muchos, los creyentes en Jesucristo parecen ser siempre pocos. Muchos han visto la estrella, pero son pocos los que han entendido su mensaje”.

El Papa invitó a preguntarse: “¿Cuál es la razón por la que unos ven y encuentran, y otros no? (…) ¿Qué les falta a aquellos que permanecen indiferentes, a quienes indican el camino pero no se mueven? Podemos responder: la demasiada seguridad en sí mismos, la pretensión de conocer perfectamente la realidad, la presunción de haber formulado ya un juicio definitivo sobre las cosas hace que sus corazones se cierren y sean insensibles a la novedad de Dios. Están seguros de la idea que se han hecho del mundo y no se dejan impresionar en lo más profundo por la aventura de un Dios que quiere encontrarles. Ponen su confianza más en sí mismos que en Él y no consideran posible que Dios sea tan grande que pueda hacerse pequeño, que se pueda acercar verdaderamente a nosotros”.

“Al final, lo que falta es la humildad auténtica, que sabe someterse a lo que es más grande, pero también el auténtico valor que lleva a creer a lo que es verdaderamente grande, aunque se manifieste en un Niño inerme. Falta la capacidad evangélica de ser niños en el corazón, de asombrarse, y de salir de sí mismo para encaminarse por el sendero que indica la estrella, el camino de Dios. El Señor, sin embargo -terminó-, tiene el poder de hacernos capaces de ver y de salvarnos”.

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