Medidas que favorezcan a las familias y a los jóvenes

Al inicio de su discurso, el Papa recordó que los responsables de las instituciones públicas deben “perseguir constantemente el bien común”, favoreciendo “una sana dialéctica, porque cuanto más se compartan las decisiones y medidas, tanto más permitirán un desarrollo eficaz para los habitantes de los territorios administrados”.

Refiriéndose posteriormente a los proyectos de urbanización, el Santo Padre subrayó la importancia de que “favorezcan los procesos de socialización, evitando que surja y se incremente el individualismo y la atención exclusiva a los propios intereses, perjudiciales para toda convivencia humana”.

Benedicto XVI expresó el deseo de que tanto en las zonas periféricas como en el resto de la ciudad nazcan estructuras “que ayuden a los padres jóvenes en su tarea educativa y que se puedan adoptar medidas ulteriores en favor de las familias, en particular de las numerosas, de modo que toda la ciudad goce de la insustituible función de esta institución fundamental, célula primaria e indispensable de la sociedad”.

“Dentro de la promoción del bien común -continuó-, la educación de las nuevas generaciones (…) es una preocupación predominante”. En este contexto, el Papa señaló que “es urgente ayudar a los jóvenes a proyectar la vida sobre los valores auténticos, que hacen referencia a una visión “elevada” del ser humano y que en el patrimonio religioso y cultural cristiano hallan una de sus expresiones más sublimes”.

El Santo Padre dijo, en particular, que “en las propuestas formativas sobre los grandes temas de la afectividad y de la sexualidad, tan importantes para la vida, hay que evitar ofrecer a los jóvenes y a los adolescentes caminos que lleven a trivializar estas dimensiones fundamentales de la existencia humana. Para ello, la Iglesia pide la colaboración de todos, en concreto de los que trabajan en las escuelas, para educar a un concepto elevado del amor y de la sexualidad humana. Deseo, a este propósito -añadió-, invitar a todos a comprender que, al pronunciar sus “no”, la Iglesia en realidad dice “sí” a la vida, al amor vivido en la verdad del don de sí al otro, al amor que se abre a la vida y no se cierra en una visión narcisista de la pareja”.

Antes de terminar, el Papa exhortó a las autoridades competentes a dedicar “una atención constante y coherente al mundo de la enfermedad y del sufrimiento. Las estructuras sanitarias, tan numerosas en Roma y en el Lacio, que ofrecen un servicio importante a la comunidad, sean lugares -pidió- caracterizados por una gestión atenta y responsable, competencia profesional y dedicación generosa al enfermo, cuya acogida y cuidado, deben ser el criterio supremo de los que trabajan en este ámbito”.

“Confío, por tanto -concluyó-, en que a pesar de las persistentes dificultades económicas, estas estructuras puedan ser adecuadamente sostenidas en su precioso servicio”.

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