Volver a descubrir y testimoniar el don de la fe

En la homilía, el Santo Padre explicó que “hoy, Jesús se revela en la orillas del Jordán, a Juan y al pueblo de Israel”. El bautismo del Precursor “es de penitencia, un signo que invita a la conversión, a cambiar de vida, pues se acerca Aquél que “bautizará en Espíritu Santo y fuego”. De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el egoísmo y en las costumbres ligadas al pecado”.

“El Hijo de Dios, Aquel que no tiene pecado -continuó-, se mezcla entre los pecadores, muestra la cercanía de Dios al camino de conversión del ser humano. Jesús carga sobre sus espaldas el peso de la culpa de toda la humanidad, comienza su misión poniéndose en lugar de los pecadores, en la perspectiva de la cruz”.

Refiriéndose a los pequeños que iban a ser bautizados, Benedicto XVI dijo que “reciben como don la gracia del Bautismo y el Espíritu Santo habitará en ellos como en un templo, transformando profundamente sus corazones. (…) Hoy son bautizados en la fe de la Iglesia, profesada por los padres, padrinos y madrinas, y por los cristianos presentes, que después les llevarán de la mano en el seguimiento de Cristo”.

El Papa subrayó que “hoy es un gran día para estos niños. Con el Bautismo, participando en la muerte y resurrección de Cristo, comienzan con Él la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo”.

“El Bautismo ilumina con la luz de Cristo, abre los ojos a su resplandor e introduce en el misterio de Dios a través de la luz divina de la fe. En esta luz, los niños que van a ser bautizados tendrán que caminar durante toda la vida, ayudados por las palabras y el ejemplo de los padres, de los padrinos y madrinas. Éstos tendrán que comprometerse a alimentar con las palabras y el testimonio de su vida las antorchas de la fe de los niños para que pueda resplandecer en este mundo, que con frecuencia camina a tientas en las tinieblas de la duda, y llevar la luz del Evangelio que es vida y esperanza”.

Benedicto XVI afirmó que “también en nuestros días la fe es un don que hay que volver a descubrir, cultivar y testimoniar. Que en esta celebración del Bautismo, el Señor conceda a cada uno de nosotros la gracia de vivir la hermosura y la alegría de ser cristianos para que podamos introducir a los niños bautizados en la plenitud de la adhesión a Cristo”.

“Encomendamos estos pequeños -concluyó- a la materna intercesión de la Virgen María, pidiéndole que, revestidos con el vestido blanco, signo de su nueva dignidad de hijos de Dios, sean durante toda su vida fieles discípulos de Cristo y valientes testigos del Evangelio”.

ANGELUS: JAMAS VIOLENCIA PARA RESOLVER CONFLICTOS

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Finalizada la Santa Misa en la que bautizó a un grupo de niños en la Capilla Sixtina, el Papa se asomó a mediodía a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles en la Plaza de San Pedro.

“El Bautismo -dijo- sugiere muy bien el sentido global de las fiestas navideñas, en las que el tema de convertirse en hijos de Dios, gracias a la venida del Hijo unigénito a nuestra humanidad, constituye un elemento dominante. Él se hizo hombre para que nosotros pudiéramos convertirnos en hijos de Dios. Dios nació para que pudiéramos renacer”.

Con el sacramento del Bautismo, explicó el Santo Padre, el ser humano “se transforma realmente en hijo, hijo de Dios. A partir de entonces el sentido de su existencia consiste en alcanzar de forma libre y consciente aquello que es desde el principio su destino como ser humano. “Conviértete en lo que eres”, representa el principio educativo básico del ser humano redimido por la gracia. (…) Generado por el Bautismo a una vida nueva, también el cristiano comienza su camino de crecimiento en la fe que lo llevará a invocar conscientemente a Dios, como “Abbá-Padre”.

“Del Bautismo se deriva también un modelo de sociedad, la de los hermanos. La fraternidad no se puede establecer mediante una ideología, ni mucho menos por un decreto de cualquier poder establecido. Nos reconocemos como hermanos a partir de la humilde pero profunda conciencia del ser hijos del único Padre celestial. Como cristianos, gracias al Espíritu Santo recibido en el Bautismo, tenemos el don y el compromiso de vivir como hijos de Dios y como hermanos, para ser “levadura” de una humanidad nueva, solidaria y rica de paz y esperanza”.

Después de rezar el Ángelus, el pontífice habló de dos hechos que habían llamado su atención en los últimos días: “la condición de los emigrantes que buscan una vida mejor en los países que necesitan, por diversos motivos, su presencia, y las situaciones conflictivas, en diversas partes del mundo, en las que los cristianos han sido objeto de ataques, a veces violentos”.

“¡Es necesario recomenzar desde el corazón del problema! ¡Es necesario recomenzar desde el significado de la persona!”, exclamó Benedicto XVI. “Un inmigrante es un ser humano, diferente por procedencia, cultura y tradiciones, pero es una persona que hay que respetar, que tiene derechos y deberes, especialmente en el sector laboral, donde es más fácil la tentación de explotarlos, pero también en el ámbito de las condiciones concretas de vida. La violencia no debe ser jamás para nadie el camino para resolver las dificultades. ¡El problema es humano, en primer lugar! Invito a mirar el rostro del otro y a descubrir que tiene un alma, una historia y una vida: es una persona y Dios lo ama como a mí”.

“Quisiera hacer las mismas consideraciones por lo que respecta al ser humano en su libertad religiosa -concluyó-. La violencia contra los cristianos en algunos países ha suscitado la repulsa de tantas personas, también porque se ha manifestado en los días más sagrados de la tradición cristiana. Es necesario que las instituciones tanto políticas como religiosas no renuncien -lo repito- a sus responsabilidades. No puede haber violencia en nombre de Dios, ni se puede pensar en honrarlo ofendiendo la dignidad y la libertad de nuestros semejantes”.

You must be logged in to post a comment Login