Sobre la vida consagrada

El Papa recordó que fue el Venerable Juan Pablo en 1997 quien decidió la fecha de celebración de esa Jornada. “Efectivamente la oblación del Hijo de Dios, simbolizada por su presentación en el Templo -dijo el Santo Padre- es un modelo para todos los hombres y mujeres que consagran su vida entera al Señor”.

“El objetivo de esta jornada es triple -prosiguió-, en primer lugar alabar al Señor y darle gracias por el don de la vida consagrada; en segundo lugar, promover su conocimiento y estima por parte de todo el Pueblo de Dios; en fin, invitar a cuantos han dedicado su vida a la causa del Evangelio a celebrar las maravillas que el Señor obró en ellos”.

Después, comentó una de las lecturas de la celebración, la Carta a los Hebreos, donde “Cristo se presenta como el Mediador; es verdadero Dios y verdadero hombre, por eso pertenece realmente al mundo divino y al humano. (…) Precisamente y sólo a partir de esa fe, de esta profesión de fe en Jesucristo, el Mediador único y definitivo, la vida consagrada tiene sentido en la Iglesia, una vida consagrada a Dios mediante Cristo. Tiene sentido solamente si Él es verdaderamente mediador entre Dios y nosotros; de otra forma sería solo una forma de sublimación o de evasión”.

“La vida consagrada, en efecto, testimonia y expresa con fuerza el buscarse recíproco de Dios y del ser humano. (…) La persona consagrada, por el hecho de serlo, representa una especie de puente hacia Dios para todos los que la encuentran. (…) Y todo ello gracias a la mediación de Jesucristo, el Consagrado por el Padre. Èl es el fundamento. El que compartió nuestra fragilidad, para que participásemos de su naturaleza divina”.

“Las personas consagradas -explicó el pontífice- experimentan la gracia, la misericordia y el perdón de Dios no solo para sí mismos, sino también para los hermanos, ya que están llamadas a llevar en el corazón y en la oración las angustias y las esperanzas de los seres humanos, especialmente de los que están lejos de Dios. En particular, las comunidades que viven en clausura, con su empeño específico de fidelidad en “estar con el Señor”, en el “estar bajo la Cruz”, desempeñan a menudo este papel vicario, unidas al Cristo de la Pasión, tomando sobre sí los sufrimientos y las pruebas de los demás y ofreciendo con alegría todo por la salvación del mundo”.

La vida consagrada “atestigua la superabundancia de amor que empuja a “perder” la propia vida como respuesta a la superabundancia de amor del Señor, que fue el primero en perder su vida por nosotros. En estos momentos -dijo el Papa- pienso en las personas consagradas que sienten el peso de la fatiga diaria escasa de gratificaciones humanas, en los religiosos y religiosas ancianos, enfermos, en todos los que encuentran dificultad en su apostolado … Ninguno de ellos es inútil porque el Señor los asocia al “trono de gracia”. Son un don precioso para la Iglesia y el mundo, sediento de Dios y de su Palabra”.

Benedicto XVI concluyó manifestando el deseo de que el Año sacerdotal sea “una ocasión ulterior para que los religiosos presbíteros intensifiquen su camino de santificación y, represente para todos los consagrados y consagradas un estímulo para acompañar y sostener su ministerio con fervientes oraciones”.

You must be logged in to post a comment Login