Ángelus: respuesta a la llamada divina


El Papa comentó las lecturas de la liturgia de hoy, dedicadas a la respuesta del ser humano a esa llamada: Isaías que se siente indigno y es purificado por un querubín; el episodio de la pesca milagrosa cuando Pedro pide a Cristo que se aleje de él porque es un pecador, pero lo sigue; Pablo, que después de haber perseguido a la Iglesia, reconoce que la gracia de Dios cumplió en él maravillas y decide anunciar el Evangelio…


“En estas tres experiencias -dijo el Papa- vemos cómo el encuentro con Dios lleva al ser humano a reconocer cuánto es pobre e inadecuado, a ver sus límites y sus pecados. Pero, a pesar de esta fragilidad, el Señor, rico de misericordia y de perdón, transforma la vida y llama a seguirlo. La humildad atestiguada por Isaías, Pedro y Pablo, invita a todos los que han recibido el don de la vocación divina a no concentrarse en sus limitaciones, sino a fijar la mirada en Dios y en su sorprendente misericordia para convertir el corazón y tener la alegría de dejar todo por Él”.


“En este Año Sacerdotal pidamos al Señor de la mies que mande obreros a su mies y que todos los que sienten su invitación a seguirlo, después del discernimiento necesario, respondan con generosidad, no confiando en sus fuerzas, sino abriéndose a la acción de su gracia. En particular -concluyó el pontífice-, invito a todos los sacerdotes a reavivar su generosa disponibilidad para responder día tras día a la llamada del Señor con la misma humildad y la misma fe que Isaías, Pedro y Pablo”.



Después del rezo del Ángelus, el Papa
recordó que hoy se celebra en Italia la Jornada por la vida.


“Me uno con mucho gusto -dijo el Santo Padre- a los obispos italianos y a su mensaje sobre el tema: “La fuerza de la vida, un desafío en la pobreza”. En el actual periodo de dificultad económica, se hacen aún más dramáticos los mecanismos que, produciendo pobreza y creando fuertes desigualdades sociales, hieren y ofenden la vida, afectando sobre todo a los más débiles e indefensos. Esta situación, por tanto, obliga a promover un desarrollo humano integral para superar la pobreza y las necesidades, y sobre todo recuerda que el fin de la persona no es el bienestar, sino Dios mismo y que la existencia humana debe ser defendida y promovida en todas sus etapas. Nadie, de hecho, es dueño de su propia vida, pero todos estamos llamados a custodiarla y respetarla desde el momento de la concepción hasta su extinción natural”.


Benedicto XVI expresó su aprecio “a los que trabajan más directamente al servicio de los niños, los enfermos y los ancianos”, y señaló que la diócesis de Roma “dedica una atención especial a la Jornada por la Vida, que se prolonga en la “Semana de la vida y la familia”.


“Espero que esta iniciativa tenga éxito y aliento -concluyó- las actividades de los consultorios, asociaciones y movimientos, así como la de los profesores universitarios, comprometidos en el apoyo a la vida y la familia”.


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