Católicos y ortodoxos en defensa de los valores cristianos

Al inicio de su discurso, el Papa recordó a los obispos, y tantos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles “que en el tiempo de la persecución mostraron una unión tenaz a Cristo y a su Iglesia y conservaron su fe intacta”.

Tras dar las gracias a los obispos por su “generoso compromiso al servicio del renacimiento y del desarrollo de la comunidad católica” en Rumania y en la República de Moldavia, les animó a “proponer a los fieles un itinerario de fe cristiana madura y responsable, especialmente a través de la enseñanza de la religión, la catequesis, también de los adultos, y la preparación a los sacramentos”. Esto, continuó, “requiere la elaboración común de planes pastorales cuyo fin es el bien de las almas de todos los católicos de los diferentes ritos y etnias”.

“En este Año Sacerdotal, os exhorto -dijo- a ser siempre auténticos padres de vuestros presbíteros, (…) cuidando la comunión entre vosotros y con ellos en un clima de afecto, de atención y de diálogo respetuoso y fraterno; preocupaos de sus condiciones espirituales y materiales, de su necesaria actualización teológica y pastoral”.

Benedicto XVI subrayó que “los obispos tienen la tarea primordial de promover la pastoral vocacional y la formación humana, espiritual e intelectual de los candidatos al sacerdocio en los seminarios y en los otros institutos formativos, (…) también mediante la elección atenta de los educadores y de los profesores. Hay que tener el mismo cuidado en la formación de los miembros de los institutos de vida consagrada, en particular de los femeninos”.

“El florecimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas depende en buena parte de la salud moral y religiosa de las familias cristianas”, afirmó. Refiriéndose a “las plagas del aborto, de la corrupción, del alcoholismo y de la droga, así como del control de los nacimientos mediante métodos contrarios a la dignidad de la persona humana”, señaló que “para combatir estos desafíos, hay que promover consultorios parroquiales que aseguren una adecuada preparación a la vida conyugal y familiar, y organizar mejor la pastoral juvenil”.

El Santo Padre hizo hincapié en la necesidad de “comprometerse decididamente en favorecer la presencia de valores cristianos en la sociedad, desarrollando centros de formación donde los jóvenes puedan conocer los valores auténticos, enriquecidos por el genio de la cultura de vuestros países, de modo que se puedan testimoniar en los ambientes donde viven”.

“En este contexto -añadió-, es especialmente importante el testimonio de fraternidad entre católicos y ortodoxos, que prevalezca sobre las divisiones y los desacuerdos y abra los corazones a la reconciliación”. Recordando el décimo aniversario -en mayo de 2009- de “la histórica visita del venerable Juan Pablo II a Rumania”, el Papa expresó el deseo de que “el deseo de unidad suscitado en aquella fecha alimente la oración y el compromiso a dialogar en la caridad y en la verdad y a promover iniciativas comunes”.

Benedicto XVI afirmó que “un ámbito de colaboración particularmente importante entre ortodoxos y católicos es hoy la defensa de las raíces cristianas de Europa y los valores cristianos y el testimonio común sobre temas como la familia, la bioética, los derechos humanos, la honradez en la vida pública, la ecología. (…) Un diálogo constructivo entre ortodoxos y católicos -concluyó- será un fermento de unidad y de concordia no solo para vuestros países, sino también para toda Europa”.

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