La Iglesia reconoce en los pobres el rostro de Jesús

Este complejo asistencial, creado hace 23 años, destinado a los pobres y marginados de la ciudad, consta de habitaciones, comedor, un pequeño centro médico y una farmacia.

Dirigiéndose a las personas que son acogidas en este centro, el Papa dijo: “Sabed que la Iglesia os ama profundamente y no os abandona, porque reconoce en el rostro de cada uno de vosotros el rostro de Jesús”.

“El testimonio de la caridad, que en este lugar encuentra especial concreción, pertenece a la misión de la Iglesia junto con el anuncio de la verdad del Evangelio. El ser humano -afirmó- no solo tiene necesidad de ser nutrido materialmente o ayudado a superar los momentos de dificultad, sino que también necesita saber quién es y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre su dignidad”.

El Santo Padre puso de relieve que “la Iglesia, con su servicio a favor de los pobres, está comprometida en anunciar a todos la verdad sobre el hombre, que es amado por Dios, creado a su imagen, redimido por Cristo y llamado a la comunión eterna con Él. Muchas personas han podido redescubrir así, y aún ahora redescubren, su propia dignidad, extraviada a veces por acontecimientos trágicos, y vuelven a encontrar la confianza en sí mismos y la esperanza en el futuro”.

La certeza profunda de saberse amados por Dios “genera en el corazón del ser humano -continuó- una esperanza fuerte, sólida, luminosa, una esperanza que da el valor de proseguir en el camino de la vida a pesar de los fracasos, de las dificultades y las pruebas que la acompañan”.

El Papa recordó que su visita al albergue tenía lugar en el Año europeo de la lucha contra la pobreza y la exclusión social, promovido por el Parlamento Europeo y la Comisión Europea. En este contexto, animó “a los católicos y a todos los hombres de buena voluntad, en particular a los responsables de la administración pública y de las diversas instituciones, a empeñarse en la construcción de un futuro digno del hombre, volviendo a descubrir en la caridad la fuerza propulsora para un auténtico desarrollo y para la realización de una sociedad más justa y fraterna”.

“Para promover una convivencia pacífica que ayude a los hombres a reconocerse miembros de la única familia humana es importante -subrayó- que las dimensiones del don y de la gratuidad sean redescubiertas como elementos constitutivos del vivir cotidiano y de las relaciones interpersonales. Todo esto es cada vez más urgente en un mundo en el que parece prevalecer la lógica del provecho y de la búsqueda del propio interés”.

Benedicto XVI señaló que la experiencia del voluntariado que se vive en este lugar “es especialmente para los jóvenes una auténtica escuela en la que se aprende a ser constructores de la civilización del amor, capaces de acoger al otro en su unicidad y diferencia”.

“En su servicio a las personas en dificultad -terminó-, la Iglesia se mueve únicamente por el deseo de expresar su propia fe en ese Dios que es el defensor de los pobres y que ama a cada ser humano por lo que es y no por lo que posee o realiza”.

Al final de la visita, los huéspedes del albergue y los voluntarios de la Cáritas de Roma entregaron al Papa el crucifijo restaurado de la Iglesia de san Pedro de Onna, el pueblo más afectado por el terremoto en los Abruzos del pasado mes de abril. El Santo Padre devolverá el crucifijo a la Iglesia de Onna cuando terminen las labores de reconstrucción.

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