Pobres admitidos en banquete de vida

Comentando el Sermón de la Montaña, uno de los temas de la liturgia de hoy, el Papa afirmó que “las bienaventuranzas se basan en el hecho de que existe una justicia divina que ensalza a quien ha sido humillado injustamente y humilla a quien se ensalzaba. (…) Esta justicia y esta bienaventuranza se realizan en el Reino de los Cielos o Reino de Dios, que llegará al final de los tiempos, pero que ya está presente en la historia.”

“Donde los pobres serán consolados y admitidos al banquete de la vida, allí se manifiesta ya desde ahora la justicia de Dios. Esta es la tarea que los discípulos del Señor están llamados a desempeñar también en la sociedad actual”, subrayó el Santo Padre, que recordó su visita a la Caritas y elogió “a todos los que en el mundo se dedican gratuitamente a obras de justicia y amor parecidas”.

Después, refiriéndose de nuevo a la justicia, tema de su Mensaje para la Cuaresma 2010, observó que “el Evangelio de Cristo responde a la sed de justicia del ser humano, pero lo hace de forma inesperada y sorprendente. No propone una revolución de tipo social y político, sino la revolución del amor, ya realizada con la Cruz y la Resurrección. En ellas se fundan las bienaventuranzas, que proponen el horizonte nuevo de justicia”.

Una vez rezado el Ángelus, Benedicto XVI saludó a las comunidades, como las de China y Vietnam, que celebran en estos días el nuevo año. “Son días de fiesta que esos pueblos viven como ocasión privilegiada para consolidar los vínculos familiares y generacionales. Deseo a todos que mantengan y enriquezcan la copiosa herencia de valores espirituales y morales, sólidamente enraizados en la cultura de esos pueblos”, dijo.

En su saludo a los fieles polacos, el Papa recordó que hoy se celebra la fiesta de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. “Los valores que propagaron en nuestro continente, es decir la señal de la Cruz, el Evangelio de Cristo y la vida según el Evangelio, siguen siendo el fundamento sólido de la fuerza espiritual de los pueblos y de la unidad de Europa. Son valores importantes también para nosotros que vivimos en esta época”, concluyó el pontífice.

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