El Dr. Romagoza vive el sueño de estar con su gente

Por Ramón Jiménez


Dos años después de renunciar a la dirección de La Clínica del Pueblo en Washington para regresar a su país a una jubilación “temprana”, el doctor Juan Romagoza todavía trabaja con las comunidades menos favorecidas de Usulután —en el oriente salvadoreño— para que tengan mejores servicios de salud.


“Era un sueño regresar a mis comunidades porque había trabajado en muchos lugares desde que era estudiante de primeros años de medicina”, destacó Romagoza, quien antes de llegar a Washington vivió en Cuernavaca, México y San Francisco, California, donde todavía existe una clínica para inmigrantes sin seguro de salud.


Reinició sus labores con las comunidades de su país utilizando toda la experiencia adquirida en el exterior, incluyendo algunos enfoques que compartió con muchos compañeros de trabajo que le ayudaron a desarrollarse.


Una clínica comunitaria en la Isla de El Espino fue el primer proyecto rural que Romagoza dirigió varios meses después de regresar del Distrito de Columbia, tras recuperarse de una operación quirúrgica al colon.


“Se creó ese proyecto porque la población isleña no estaba contenta con el servicio que ofrecían tanto la unidad de salud existente como el programa FOSALUD, que son dos proyectos diferentes del Ministerio de Salud de mi país”, dijo Romagoza.


“Al no haber respuesta completa, integral y de calidad humana decidimos iniciar el proyecto con médicos voluntarios y muchos promotores que se han capacitado ahí”, agregó.


Así empezaron la clínica con atención primaria. Pero al poco tiempo lograron conseguir instituciones que les consiguieron medicamentos, y por medio de voluntarios lograr acceso a laboratorios de especialidades y otros servicios gratuitos o de bajo costo.


De momento la clínica solo funciona uno o dos días por semana, que es cuando Romagoza y los otros voluntarios se desligan de sus trabajos formales, pero cada vez que visitan el lugar atienden a unos 40 pacientes de forma gratuita.


Un año después (en marzo de 2009) Romagoza participó en la apertura del proyecto Mi Nueva Familia, el cual funciona en la comunidad Monseñor Romero en la ciudad de Usulután, y lo maneja junto a un grupo de voluntarios preocupados por los problemas de las personas que viven con el virus VIH/Sida.


“En esa ciudad no habían facilidades para atención médica de ese tipo y sí había alguna atención era bastante limitada. Era muy difícil el acceso a los medicamentos antirretrovirales, y los pacientes de Usulután tenían que ir a San Salvador o San Miguel para conseguir todos los medicamentos”, indicó Romagoza.


Esas limitaciones obligaban a los pacientes de VIH a irse un día antes a dormir en los corredores o en las bancas de los hospitales.


Pero ahora no solo apoyan las necesidades médicas inmediatas de esa población sino que también complementan esos servicios con asistencia sicológica, apoyo social y capacitación entre otras cosas.


Dan consulta a más de 50 pacientes portadores del virus, que con sus familiares cercanos suman más 300 personas, quienes de una u otra forma se benefician del proyecto Mi Nueva Familia.


“No solo ofrecemos terapias de grupo a los infectados sino que también hacemos celebraciones y convivencias con toda la familia. Ahora el grupo ha crecido porque con esta nueva administración [del presidente Mauricio Funes a través de la ministra de Salud, María Isabel Rodríguez hay un compromiso grande del hospital”, dijo.


El programa lo llevan adelante con la ayuda de usulutecos que viven en la región metropolitana de Washington, quienes se comprometieron a dar una ayuda económica mensual a la Casa Romero.


“Gracias a la solidaridad de estos compatriotas porque están cumpliendo con lo que se comprometieron para que el proyecto siga adelante”, destacó.


También desde su nuevo cargo como coordinador del Sistema Básico de Salud Integral (SIBASI) para todo el departamento de Usulután —en el oriente salvadoreño—, Romagoza está haciendo realidad el sueño que mantuvo vivo por más de dos décadas de relacionarse directa o indirectamente con las comunidades menos favorecidas.


Un día puede estar en Jiquilisco y San Agustín mientras que otro día puede visitar las comunidades de Santiago de María, Jucuarán o cualquiera de las muchas ciudades, pueblos y caseríos que conforman el departamento de Usulután, cuya capital distrital lleva este mismo nombre y es la sede desde donde Romagoza planifica sus actividades.


“Aunque vine con la intención de buscar un retiro temprano, siempre tuve la idea de que íba a desarrollar un proyecto en el lugar y con la gente donde yo nací y crecí, que es con la que yo siempre me identificaba”, dijo.


La estadía más prolongada de Romagoza fue en La Clínica del Pueblo de la capital estadounidense que dirigió por 25 años hasta principios de 2008.


“Son muchos factores que se juntaron en Washington los que me hicieron regresar a mi país: mi salud personal, la salud de mi madre, pero además sentí que era una fase que quería cambio de trabajo porque sentía que la tensión, y la presión allá era como un factor que no me ayudaba a mi salud. Fue doloroso y difícil la decisión que tomé, pero al fin al juntarse todas esas condiciones decidí escoger la primera opción”, enfatizó.


“Tuve la suerte de venir en un momento muy especial e histórico, como era la campaña electoral presidencial, que por casualidad se juntó el tiempo con lo que yo había planeado”, apuntó.


Sus asignaciones en SIBASI son coordinar y supervisar todas las unidades, casas de salud y centro rurales de nutrición, que son cerca de 50 establecimientos con unas 2 mil 500 personas, y a partir de este año supervisa otros centros de salud que no han sido parte del Ministerio de Salud como las clínicas de FOSALUD y también las clínicas en los centros penitenciarios.


“Además de monitorear a todo el personal médico docente, también me encargo de dar seguimiento a lo que necesitan para funcionar y garantizar que la salud le llegue a toda la población del departamento de Usulután”, puntualizó.

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