Inmigrante mexicano levanta huelga de hambre

Por Lenin Nolly


Su protesta por una reforma migratoria le ha causado dos ataques de espasmos, constantes dolores de cabeza y pérdida de peso. Macías también ha pedido justicia al gobierno mexicano por daños y perjuicios por un proyecto que no se le pagó.


“Me iré de aquí hasta que Dios haga un milagro”, afirma, con referencia a su esperanza de la legalización de unos 12 millones de indocumentados, a pesar de que decidió terminar con su protesta debido a su delicada salud.


Rudy, como lo llaman sus amigos, está sacando fuerzas de flaqueza para continuar con su lucha por un milagro que lo puede llevar inclusive al borde de la muerte.


Consternado, débil y meditabundo, Macías apenas puede caminar por las gélidas calles de Washington arrastrando un par de maletas y con el un sueño que quizás no se haga realidad.


Todas las mañanas se ubicaba en frente a la Casa Blanca. Luego de unas horas se trasladaba a un café para tomar un vaso de agua y revisaba su correspondencia electrónica.


Al caer la tarde se dirigía a la biblioteca Martin Luther King donde esperaba el bus que lo llevaba a un albergue para cobijarse del crudo invierno.


Mañana será otro día, un nuevo día buscando una ayuda, hablando con alguna autoridad, bebiendo un vaso de agua o visitando alguna iglesia. Macías sabe que ha encontrado algo que mucha gente suele perder: la fe.

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