El Secreto

Anjanette Delgado

Si tuvieras que hacerlo, ¿podrías guardar un secreto del tamaño de una isla? ¿Un secreto de proporciones históricas, internacionales y, sobre todo, familiares?

Si eres periodista, lo más probable es que la respuesta sea un rotundo “no”. De hecho, si eres periodista, guardar un gran secreto va en contra de la fibra misma de lo que comenzó como una profesión y terminó siendo tu sacerdocio.

Pero cuando Juanita Castro, la hermana exiliada del gobernante cubano Fidel Castro, le confió a la periodista mexicana María Antonieta Collins su intención de plasmar en papel sus memorias y le pidió, no sólo su ayuda, sino también su discreción, esa fue exactamente la pregunta que Collins, “Colinche”, o sencillamente MAC, como la conocen sus allegados, tuvo que contestar.

La respuesta fue un rotundo sí y el resultado de más de diez años de colaboración entre estas dos mujeres fuertes, decididas y demasiado familiarizadas, quizás, con la tragedia y la separación familiar, es el libro, Mis hermanos: Fidel y Raúl, que acaba de publicarse en Estados Unidos.

El libro, que se ha convertido rápidamente en uno de los títulos más vendidos en los Estados Unidos, revela, entre muchas otras cosas, los detalles de otra colaboración secreta; esta entre Juanita Castro y la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés) durante la década de los sesenta, y que buscaba explícitamente un cambio de gobierno –léase con esto la salida del poder de Fidel Castro, cuyo poder y control férreo sobre el destino de los cubanos duró, al menos de manera oficial, hasta que cedió el mando de la nación caribeña a su hermano en el verano del año 2006.

En el libro, y apoyándose en la pluma de María Antonieta Collins, Juanita Castro rescata una Cuba que ya no existe, revela en detalle fotográfico una saga familiar hasta ahora desconocida (a pesar de que sus protagonistas son, sin embargo, tan conocidos que son íconos de la consciencia global,) y confiesa la desgarradora cadena de despedidas que trazaron su vida convirtiéndola en una secuencia compuesta del antes y el después. Antes y después de la muerte de su madre. Antes y después de La Revolución Cubana. Antes y después de su exilio en Miami.

Como último gesto de amor a su isla, Castro hace un llamado urgente y sorpresivo a sus gobernantes en pro de un cambio hacia la democracia, o por lo menos hacia la libertad de expresión. Un derecho que ella ejerce en Mis hermanos: Fidel y Raúl para beneficio de lectores, historiadores, comentaristas, periodistas, y todos aquellos cuya información, sino abiertamente incorrecta, careció durante décadas de una perspectiva vivida, sufrida… o real.

Mis hermanos: Fidel y Raul, Juanita Castro. (Aguilar, 2009)

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