“Yes, Salvadoran” Sr. Funes

Por José Manuel Ortiz Benítez


Lo que hay que saber de antemano sobre la política en Washington es que sólo se toma en serio, mejor dicho, “en consideración”, a aquellos capaces de mover intereses.


Poco importa la razón, ahí priman los intereses, casi de forma exclusiva, para bien o para mal. Por eso es importante que el presidente Funes y sus colaboradores vayan a Washington con una buena agenda, capaz de levantar algún interés en esa ciudad para el bien común de los salvadoreños.


Los problemas que afectan tanto a Estados Unidos como a El Salvador son, en buena parte, los mismos: la seguridad, la migración, la economía, la salud, la energía, el medio ambiente, etc. Naturalmente, el primero es un gigante, una especie de ballenato de 22 metros de largo, mientras que el segundo es solo un pulgarcillo, una especie de sardina diminuta de tan sólo dos centímetros de longitud.


Las aguas en que se mueven el ballenato y la sardinita son virtualmente las mismas, de hecho, el ballenato nos arrastra en su corriente, de ahí que la posibilidad de comunicarse con él, en realidad, representa una gran oportunidad para hablar de intereses mutuos, no de coincidencias ideológicas como lo fue en el pasado.


Lo primero que hay que decirle al gran pez es que somos una sardinita en peligro de extinción y que las amenazas a las cuales nos enfrentamos sobrepasan nuestra capacidad de reacción. Haití es el espejo de lo que nos puede pasar. Dios no lo permita.


“Nuestro empeoramiento y/o extinción puede desestabilizar toda la región y eso puede afectarle a Ud. señor pez. Por eso, acudimos a solicitar su ayuda ahora que estamos vivos” se le debe comunicar al Sr. Obama con total normalidad, en la media hora escasa de audiencia que darán los tecnócratas de la Casa Blanca.


El Salvador, a pesar de su gran precariedad, es, junto a Guatemala, el motor económico centroamericano y juntos absorben la migración interna centroamericana, especialmente de Nicaragua y Honduras, por lo que un deterioro más profundo en El Salvador pueda mandar al trasto la poca estabilidad que queda en la región, y eso puede empeorar las corrientes migratorias hacia Estados Unidos. Por ahí es por donde se le debe despertar el interés al gran pez.


El Salvador atraviesa por una variedad de problemas profundos acumulados en las últimas décadas, que difícilmente podrá solucionar por su cuenta y, por tanto, debe acudir, sin complejos, a la ayuda de las grandes naciones más desarrolladas del planeta. Esto no significa que otros sean los que tengan que venir a resolver nuestros problemas, sino simplemente, que saldremos mejor del atolladero con la ayuda de aquellos que ya salieron y que cuentan con mayor capacidad técnica y humana.


Por supuesto, será la cuestión migratoria el tema estrella de la reunión, un fenómeno que afecta más o menos a 240,000 salvadoreños bajo el TPS (Temporary Protection Status) y a otros 600,000 – 900,000 que se encuentran viviendo dentro del gran pez de manera irregular. Esto es de gran interés para el gran pez.


Funes pedirá, como mínimo, que los 240,000 salvadoreños bajo el TPS pasen a ser residentes legales de pleno derecho y responsabilidades y aquellos, que están de manera irregular, pasen a la luz de la legalidad. El problema es que el gran pez quiere quitarse a toda esta gente de encima, cuanto antes mejor. Sensibilidades electorales, así se mueve este gran pez.


Sin embargo, el mandatario de la sardinita, debe insistir en la Casa Blanca que la deportación de 20,000 y pico de salvadoreños al año ocasionará un día de estos una quebradura irreversible en el ya deteriorado panorama social centroamericano y que eso puede volverse en contra del gran pez. Hay que insistir en lo mismo: que la estabilidad centroamericana depende, en gran parte, de la estabilidad salvadoreña.


Si Funes consigue, naturalmente con la ayuda de las asociaciones de inmigrantes salvadoreños, venderle al gran pez el interés de legalizar, en el corto y medio plazo, los 240,000 salvadoreños bajo el TPS y los otros 600,000 – 900,000 en el medio y largo plazo, bajo la lógica de la estabilidad regional centroamericana, el mandatario salvadoreño habrá borrado del futuro un agravante más dentro del gran problema social que afecta a El Salvador. Nuestro país simplemente ya no puede seguir absorbiendo los 20,000 y pico deportados cada año. La región centroamericana tampoco.


La petición de la ayuda a la cuestión migratoria debe hacerse, como no podría ser de otra manera, desde la humildad, que es la característica que mejor identifica a los salvadoreños y lejos del tono de servidumbre que ha caracterizado las últimas reuniones en la Casa Blanca.


Otro dato relevante que puede despertar el interés del gran pez es que el 1% de toda su población es “oficialmente de origen salvadoreño”. A eso no se atreven ni los chinos, que constituyen la otra mitad del mundo. Los salvadoreños en Estados Unidos siguen creciendo a un ritmo estrepitoso, 36,000 salvadoreños se convierten en ciudadanos estadounidenses cada año. Es el gigante invadido por la sardina.


El 1% de la población del gigante supone el 27% de la población de la sardinita. Es un dato interesante y es totalmente oficial según los censos de ambos países. Este fenómeno transnacional debe aprovecharlo Funes para solicitar, a Obama, a los Congresistas y a las demás instituciones que visite, cooperación y todo tipo de ayuda técnica y humana en temas tan variopintos como la seguridad, el medioambiente o la prevención de desastres naturales, este último con capacidad de borrarnos del mapa en un santiamén.


A cambio, El Salvador debe comprometerse a seguir una política de contención de la emigración salvadoreña, a esforzarse más en construir un Estado democrático, a trabajar por la estabilidad centroamericana y a cooperar decididamente con Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico, el terrorismo, la violencia y el crimen organizado que afecta la región al sur de México. Este es un gran interés que preocupa al gran pez porque afecta de lleno a su seguridad nacional.


El otro asunto que quizás no esté, pero que debe ser incluido en la agenda de Funes con Obama, es el recuento de los salvadoreños en el censode Estados Unidos. Resulta que los salvadoreños, a pesar de su condición irregular masiva, son el segundo grupo hispano más grande de EE.UU., sólo superado por los mexicanos.


Sin embargo, a pesar de su peso demográfico, los salvadoreños no cuentan con una casilla “identificativa” en la pregunta número 8 del Formulario Oficial del Censo de esa nación sobre el origen hispano como sí lo tienen otros grupos de menor peso poblacional, como los puertorriqueños y los cubanos que quedaron relegados al 3º y 4º puesto por detrás de los guanacos en el año 2009.


1) Yes, Mexican, 2) Yes, Cuban, 3) Yes, Puerto Rican, se lee en el censo y basta con poner una crucecita y la pregunta queda registrada de manera automática en las máquinas que escanean los formularios del censo.


A primera vista, la casilla sobre el origen ancestral hispano en el censo de EE.UU. no parece tener mucha importancia, pero para los técnicos en la materia, la casilla puede hacer una diferencia de entre el 5 el 15 por ciento a la hora de cumplimentar el origen hispano de la población en los formularios del censo.


Es decir, poner una X sobre “Salvadoran” reportaría hasta un 15% más de salvadoreños en la población de EE.UU. Actualmente, los salvadoreños tienen que escribir la palabra completa “Salvadoran” sin que las letras se salgan de los cuadritos diseñados para tal efecto, de lo contrario el origen salvadoreño queda invalidado.


El Censo de EE.UU. es una institución que depende del Ejecutivo de Obama, (Department of Commerce) y, aunque la campaña arrancó ya este lunes 1 de marzo, el presidente Funes debe pedirle a Obama que autorice al jefe del Censo de EE.UU. a escribir en la casilla número 8, “Yes, Salvadoran”.


Parecería una pérdida de tiempo, casi una trivialidad, que el Sr. Funes le pidiera en la reunión al mandatario del gran pez: “Oiga, Sr. Obama, podría añadir Ud. en el US Census ‘Yes, Salvadoran’ para identificar mejor a nuestros con-nacionales”.


Pero si uno echa cuentas, la sugerencia estaría más que justificada. Hay que recordar que en EE.UU. la ley obliga a las instituciones públicas, municipales, estatales y federales, a bancos, a cajas de ahorros, fundaciones, sindicatos y otras entidades sociales a invertir de manera directa en aquellas comunidades, según el origen racial, el número de habitantes y según sus necesidades e índices de desarrollo económico y social.


Lo que en el fondo se traduciría, con los fallos y aciertos del sistema, en más recursos, y, por ende, en más “empoderamiento” para las comunidades salvadoreñas que viven en EE.UU., con los efectos positivos que eso causaría en las familias salvadoreñas y en toda la economía nacional, cuya supervivencia depende en un 18% de las remesas de los inmigrantes salvadoreños en el exterior, especialmente los residentes en EE.UU.



José Manuel Ortiz Benítez es editor de Salvadoreños en el Mundo

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