Juanita se jubila, una amiga y compañera que luchó en silencio

Por Consuelo Gómez y Úrsula Rodríguez


Era el año 1975 cuando Juanita Guzmán llegó al área metropolitana de Washington, cargada de incertidumbres y con la esperanza de poder encontrar un trabajo para ayudar a los que dejaba en su país.


Un sueño que continúa siendo inalcanzable para muchos, aún en nuestro tiempo.


Pero éste es un sueño cumplido con mucho dolor y sufrimiento, así como también con mucho éxito; pues ahora después de 35 años de labor continua, Juanita llega a la tan anhelada jubilación, llevándose con ella muchas historias de amigos, y compañeros que dejaron huella en su vida.


La casa de Juanita, era un refugio para muchos de nosotros, que trabajamos a tiempo completo por la causa.


Siendo un oasis donde siempre se encontró comprensión, ayuda, consejo. Ella siempre estuvo dispuesta a ayudar en todo sin preguntar.


A mediados de los años 80, era nuestra casa de seguridad, donde se alojaron varios compas que pertenecían al cuerpo político diplomático del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional).


Incluso pasó por ahí, una comandante del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y muchos otros; pues la verdad es que la lista es muy grande.


Los años pasaban y Juanita, que ya residía en esa época en el área de Washington, sentía la ausencia de su único hijo: Pedro, y la preocupación de sacarlo del país, pues la represión a las luchas estudiantiles se intensificaban en El Salvador.


Como una verdadera luchadora armó aquí su plan estratégico [incluso renunciar a una visa diplomática] hasta lograr obtener sus papeles legales a costa de mucho trabajo y sacrificio y así ganarse el derecho de poder traer a su hijo, quien como muchos en esa época corría un verdadero riego, pues ya él participaba en actividades políticas y ésto era una verdadera preocupación que le quitaba el sueño.


Fue de esa manera que pudo irse a El Salvador con la única misión de traer a su hijo, misión que no fue fácil pues ya él estaba comprometido con la lucha en el país, y no quería acompañarla ni venirse con ella a Estados Unidos.


Entonces tuvieron que hacer un trato entre mamá e hijo: “Está bien, yo la puedo acompañar, pero con la condición de que yo voy a continuar la lucha adonde yo vaya y lo quiero hacer a tiempo completo”, fue la respuesta de Pedro, un activista y ahora padre de familia.


Una batalla más había sido ganada por Juanita, y de esta manera llegó al área de Washington, trabajó a tiempo completo en CASA El Salvador, por varios años, juntos con otras y otros compañeros.


Después de varios años, su hijo regresó a El Salvador, pues su compromiso con la lucha continuaba, y él decía que su lugar era en el país.


Juanita se quedó muy triste, pero en su casa ya habían muchos otros “Josés, Juanes y Pedros”, tantos otros que se habían encariñado con ella, quienes llegaban también con sus propias cargas, tristezas, enfermedades (físicas y del corazón), otros con necesidad de compañía, de una palabra que los animara a continuar caminando, sin olvidar jamás esos deliciosos desayunos, almuerzos y cenas que lograban alegrar el corazón de cualquiera que llegara con el ánimo quebrantado.


Juanita nunca estaba sola, pues siempre había gente que necesitaba de ella, quien como una mujer benefactora nata siempre estaba dispuesta a recibir a quien necesitaba su casa y su corazón.


Su compromiso con la lucha fue lo que la ayudó a no sentirse sola, y le entregaba a todos el cuidado y el amor que en ese momento no podía brindarle a su propio hijo.


Como esta historia, hay muchas, héroes anónimos que entregaron parte de su vida con el sueño de un cambio, que lo entregaron todo con el corazón en la mano, sin pedir nada a cambio.


Qué triste es que después de muchos años nadie se interese por sacar del baúl de los recuerdos estos “pequeños” detalles que en esa época eran los que lograban hacer que la lucha se mantuviera en pie.


Es por este motivo que ahora queremos hacer un homenaje a Juanita, reconociendo a través de ella el trabajo de muchos otros que la historia se encargará de ir descubriendo.

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