Confesores: entablar diálogo de salvación con penitentes

El Papa recordó que el curso coincidía esta vez con el Año Sacerdotal, dedicado a San Juan María Vianney, que “ejerció de forma heroica y fecunda el ministerio de la reconciliación. (…) Del Santo Cura de Ars, nosotros, sacerdotes, podemos aprender no solamente una confianza inagotable en el Sacramento de la Penitencia que nos lleve a volverlo a colocar en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del “diálogo de salvación” que en él debe tener lugar”.

“La conciencia de las limitaciones propias y la necesidad de recurrir a la Misericordia Divina para pedir perdón, para convertir el corazón y ser sostenidos en el camino de la santidad son fundamentales en la vida del sacerdote: solo los que han experimentado en primera persona su grandeza pueden anunciar con convicción y administrar la Misericordia de Dios”, afirmó el Santo Padre.

El contexto cultural actual, “caracterizado por la mentalidad hedonista y relativista, que tiende a cancelar a Dios del horizonte de la vida, no favorece la visión de un claro marco de valores de referencia y no ayuda a discernir el bien del mal, ni a madurar el justo sentido del pecado”, no es tan diferente del que vivió San Juan María Vianney, en cuya época “existía una mentalidad hostil a la fe, expresada por fuerzas que intentaban incluso impedir el ejercicio del ministerio”.

“En esas circunstancias, el Santo Cura de Ars hizo de la “iglesia su casa”, para llevar los seres humanos hacia Dios, (…) presentándose a sus contemporáneos como un signo talmente evidente de la presencia de Dios que tantos penitentes se sintieron llevados a acercarse a su confesionario”, explicó el Papa. Por eso, es necesario, añadió, que “los presbíteros vivan con espíritu elevado su respuesta a la vocación, porque solo los que cada día son presencia viva y clara del Señor pueden suscitar en los fieles el sentido del pecado, dar valor y hacer que nazca el deseo del perdón de Dios”.

“La “crisis” del Sacramento de la Penitencia, de la que se habla tanto, interpela ante todo a los sacerdotes y a su gran responsabilidad de educar al Pueblo de Dios en las exigencias radicales del Evangelio”, subrayó el pontífice. “En particular, les pide que se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; que conduzcan con valor a su rebaño para que no se conforme a la mentalidad de este mundo, sino que sepa tomar decisiones también contracorriente, evitando acomodaciones o compromisos”.

Por último, Benedicto XVI invitó a los sacerdotes a entablar con los penitentes el “diálogo de salvación” propuesto por el Cura de Ars. Un diálogo que “naciendo de la certeza de ser amados por Dios, ayuda al ser humano a reconocer sus pecados y a introducirse progresivamente en la dinámica estable de conversión del corazón que desemboca en la renuncia radical del mal y en una vida según Dios quiere”.

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