Conversión personal en Cuaresma

En la homilía, el Santo Padre afirmó que “en Cuaresma, Dios nos invita a cada uno de nosotros a cambiar su propia existencia, pensando y viviendo según el Evangelio, corrigiendo algo en nuestra forma de rezar, de actuar, de trabajar y en las relaciones con los demás. Jesús nos dirige este llamamiento no con una severidad que es un fin en sí misma, sino porque se preocupa de nuestro bien, de nuestra felicidad, de nuestra salvación.

Por nuestra parte, debemos responderle con un sincero esfuerzo interior, pidiéndole que nos haga entender en qué puntos en particular tenemos que convertirnos”.

Hablando de la parroquia, nacida hace veintiún años, el Papa subrayó que desde el principio “se ha abierto a los movimientos y a las nuevas comunidades eclesiales, madurando así una conciencia más amplia de Iglesia y experimentando nuevas formas de evangelización”.

“Os exhorto -continuó- a proseguir con valor en esta dirección, pero empeñándoos en implicar a todas las realidades presentes en un proyecto pastoral unitario”. En este sentido, expresó su alegría porque esta comunidad desea “promover, respetando las vocaciones y los papeles de los consagrados y de los laicos, la corresponsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. (…) Esto -dijo- exige un cambio de mentalidad, sobre todo de cara a los laicos, “pasando de considerarles “colaboradores” del clero a reconocerles realmente “corresponsables” del ser y del actuar de la Iglesia, favoreciendo así la promoción de un laicado maduro y comprometido”.

Dirigiéndose en concreto a las familias y a los jóvenes del barrio que frecuentan la parroquia, Benedicto XVI les alentó a “anunciar a todos el Evangelio deJesucristo”, sin esperar “a que otros vengan a traeros otros mensajes, que no conducen a la vida. Haceos vosotros mismos misioneros de Cristo para los hermanos, donde viven, trabajan, estudian o sólo transcurren el tiempo libre. Poned en marcha también aquí una pastoral vocacional capilar y orgánica, hecha de educación de las familias y de los jóvenes en la oración y en vivir la vida como un don que procede de Dios”.

“El tiempo fuerte de la Cuaresma invita a cada uno de nosotros a reconocer el misterio de Dios, que se hace presente en nuestra vida. (…) En el Gólgota, Dios, que durante la noche de la huida de Egipto se reveló como el que libera de la esclavitud, se revela como quien abraza a cada ser humano con la potencia salvadora de la Cruz y de la Resurrección y lo libera del pecado y de la muerte, lo acepta en el abrazo de su amor”.

El Papa concluyó exhortando a los fieles a seguir “contemplando este misterio del nombre de Dios para comprender mejor el misterio de la Cuaresma y vivir como personas y comunidades en permanente conversión, de manera que seamos en el mundo una epifanía constante, testimonio del Dios vivo, que libera y salva por amor”.

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