Obama propone iniciativa de educación

El plan busca que todos los que se gradúen de la secundaria estén preparados para estudios universitarios y una carrera, y ofrece a los estados, escuelas locales y distritos escolares la flexibilidad y los recursos para alcanzar esa meta.

Obama anunció la iniciativa en su mensaje de los sábados. Las siguientes son sus declaraciones:

Perdido entre las noticias de la semana estaba un titular que debió preocupar a todos los estadounidenses. Decía: “Muchos países superan a Estados Unidos en educación”. Bueno, los debates en Washington tienden a concentrarse en los temas políticos del momento: quién es el preferido en las encuestas diarias, qué partido está posicionado para ganar en noviembre. Pero lo que es importante para ustedes, lo que es importante para nuestro país, no es lo que pasa en las siguientes elecciones, sino lo que hacemos para levantar a la próxima generación. Y el hecho es que hay pocos asuntos que determinan más directamente nuestro éxito a largo plazo como nación que la educación que les damos a nuestros niños.

Nuestra prosperidad en el siglo XX fue impulsada por un sistema educativo que contribuyó al crecimiento de la clase media y dio rienda suelta al talento de nuestra gente de manera más plena y generalizada que en ningún otro momento de nuestra historia. Construimos escuelas y nos concentramos en la enseñanza de matemática y ciencias. Ayudamos a que una generación de veteranos fuera a la universidad con la Ley para Soldados en Servicio (GI Bill). Fuimos los líderes mundiales en graduación universitaria y, como resultado, fuimos los líderes en la producción de tecnología de vanguardia y descubrimientos científicos que mejoraron el estándar de vida y nos distinguieron como el motor de innovación en el mundo.

Por supuesto, otras naciones reconocen esto y están procurando ganar ventaja en el mercado mundial invirtiendo en mejores escuelas, apoyando a los maestros y comprometiéndose a estándares claros que produzcan estudiantes con más destrezas al momento de su graduación. Nuestros competidores comprenden que la nación que eduque mejor hoy ganará la competencia mañana. Sin embargo, con demasiada frecuencia no hemos logrado reformas internas ni mejoras a nuestro sistema de educación pública debido a un debate plagado de argumentos trillados y lanzados desde trincheras de opinión inmovible.

Como resultado de esto, en las últimas décadas, nos hemos rezagado. Un estudio muestra que los estadounidenses de quince años ya no están ni remotamente cerca de ser los mejores en matemática y ciencias entre los jóvenes de su edad en todo el mundo. Según el artículo que les mencioné, somos casi los últimos entre los países ricos respecto a tasas de graduación de la secundaria. Y si bien alguna vez fuimos los líderes mundiales en la proporción de personas con grados universitarios, ya no lo somos.

Eso no sólo pone en peligro el liderazgo de nuestra nación, sino que condena a millones de estadounidenses a un futuro inferior, pues sabemos que el nivel de educación que alcanza una persona es, cada vez más, un requisito para el éxito y un pronóstico preciso de los ingresos que la persona ganará durante toda su vida. Aparte de los datos económicos hay una realidad menos tangible pero no menos dolorosa: a no ser que tomemos medidas al respecto –a no ser que redoblemos esfuerzos– habrá muchos niños que nunca alcanzarán su pleno potencial y talento.

No acepto un futuro así para ellos. Tampoco acepto ese futuro para Estados Unidos de Norteamérica. Por eso, estamos haciendo un esfuerzo histórico por rescatar y mejorar nuestras escuelas públicas: aumentar las expectativas para nuestros estudiantes y nosotros mismos, reconocer y recompensar la excelencia, mejorar el rendimiento en escuelas con problemas y darles a nuestros niños y nuestro país la mejor oportunidad de tener éxito en un mundo cambiante.

Con el liderazgo de un sobresaliente secretario de Educación, Arne Duncan, iniciamos una Carrera a la Cima, con la que los estados compiten por fondos al comprometerse a la reforma y elevación de estándares, al recompensar la buena enseñanza, al apoyar el desarrollo de mejores evaluaciones de los resultados y al poner énfasis en matemática y ciencias con el fin de ayudar a preparar a los niños para la universidad y vida profesional.

Y el lunes, mi gobierno remitirá al Congreso nuestro plan para actualizar la Ley de Educación Primaria y Secundaria, que hará cambios significativos a No Child Left Behind. Lo que este plan reconoce es que aunque el gobierno federal puede desempeñar un papel de liderazgo en fomentar las reformas y altos estándares que necesitamos, el ímpetu para los cambios provendrá de los estados, y de las escuelas locales y distritos escolares. Entonces, sí, hemos establecido altos estándares, pero también les daremos a los educadores la flexibilidad para alcanzarlos.

Con estas pautas, se recompensará a las escuelas que alcancen la excelencia o muestren verdaderos logros, y se alentará a los distritos locales a comprometerse a realizar cambios en las escuelas que claramente están fallándoles a sus estudiantes. En el caso de la mayoría de las escuelas entre esos extremos –las escuelas a las que les va bien pero les podría ir mejor– fomentaremos mejoras continuas para ayudar a que nuestros jóvenes sigan por el camino necesario para tener un futuro promisorio: preparados para los empleos del siglo XXI. Y ya que el más importante factor en el éxito de un niño es la persona al frente del aula, prepararemos mejor a los maestros, los apoyaremos y los alentaremos a seguir desempeñándose como tales. En pocas palabras, trataremos a quienes les enseñan a nuestros hijos e hijas como los profesionales que son.

Por medio de este plan estamos fijándonos una meta ambiciosa: todos los estudiantes se deben graduar de la secundaria preparados para la universidad y para una carrera, independientemente de quiénes son y de dónde vienen. Lograr este objetivo será difícil. Tomará tiempo. Y requerirá de las aptitudes, talento y dedicación de muchos: directores, maestros, padres, estudiantes. Pero este esfuerzo es esencial para nuestros hijos y para nuestro país. Y aunque siembre habrá cínicos que afirman que es imposible lograrlo, si nos esforzamos al máximo, sabemos que Estados Unidos siempre está a la altura de los desafíos que hemos enfrentado. Este desafío no es nada distinto.

Como nación, estamos envueltos en muchos cometidos importantes: mejorar la economía, reformar el sistema de cuidado de salud, fomentar la innovación en energía y otros sectores emergentes en el siglo XXI. Pero nuestro éxito en estos esfuerzos –y nuestro éxito como pueblo en el futuro– a fin de cuentas dependerá de lo que sucede mucho antes de que un empresario abra sus puertas, una enfermera haga sus rondas o una científica entre a su laboratorio. Nuestro futuro se define cada día, cuando nuestros niños entran a sus aulas, listos para aprender, y llenos de potencial.

Ésa es la promesa que debemos cumplir. Gracias.

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