Benedicto XVI visita Iglesia Evangelio-Luterana de Roma

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Benedicto XVI visitó la Iglesia evangélico-luterana de Roma, inaugurada en 1922, donde fue acogido a su llegada por el pastor de la comunidad, Jens-Martin Kruse. Juan Pablo II visitó este templo en diciembre de 1983, con motivo del quinto centenario del nacimiento de Martín Lutero.

Mientras el Papa y el pastor luterano se dirigían al altar, el coro, compuesto por luteranos y seminaristas católicos alemanes, entonó el “Jubilate Deo” de Mozart.

Tras el saludo de la presidenta de la comunidad luterana -en su mayoría alemana-, el pastor Kruse y el Papa pronunciaron las homilías. Benedicto XVI invitó a dar gracias por el hecho “de que estamos aquí presentes, en este domingo, porque cantamos juntos, porque escuchamos la Palabra de Dios, porque nos escuchamos los unos a los otros mirando todos juntos hacia Cristo, y de este modo damos testimonio del único Cristo”.

Durante la homilía en alemán e improvisada, el Santo Padre afirmó: “Escuchamos tantas quejas por el hecho de que no hay nuevos progresos en el ecumenismo, pero tenemos que decir -y podemos decirlo con mucha gratitud- que ya se dan muchos elementos de unidad”.

“No podemos contentarnos -subrayó el Papa- con los éxitos del ecumenismo de los últimos años, pues no podemos beber del mismo cáliz, ni podemos estar juntos alrededor del mismo altar”.

“Esto -continuó- nos tiene que entristecer, pues es una situación pecaminosa, pero la unidad no puede ser fruto de los seres humanos; tenemos que encomendarnos al Señor, pues Él es el único que puede darnos la unidad. Esperamos que Él nos lleve a esta unidad”.

Citando las palabras precedentes del pastor Kruse, Benedicto XVI señaló que el primer punto de encuentro entre luteranos y católicos “debe ser la alegría y la esperanza que ya vivimos, y la esperanza de que esta unidad pueda ser más profunda”.

Al final de la visita, el Papa regaló a la comunidad luterana de Roma -formada por 350 fieles- una reproducción del mosaico de Jesucristo que se encuentra bajo el altar de la Confesión en la basílica de San Pedro.

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