Liderazgo

Grupos empresariales, religiosos, sindicales y políticos están mostrando su liderazgo con su apoyo a la Marcha por América el domingo 21 de marzo en Washington por una reforma migratoria integral.

Para los que ya perdieron la fe, las excusas abundan para “perdonar” la inacción de la Casa Blanca y el Congreso para legalizar a millones de inmigrantes indocumentados.

Entre los obstáculos figuran el elevado desempleo, el “clima político” partidista demostrado en la reforma de la salud, los desafíos de las guerras de Irak y Afganistán, etc., etc.

Barreras similares enfrentaron en su momento los ahora ex presidentes Bill Clinton y George W. Bush, especialmente por el clima antiinmigrante luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Ante ese sombrío panorama, muchos dirigentes pro-inmigrantes están preguntando: “si no somos nosotros, ¿quiénes? Si no es ahora, ¿cuándo?”

Recordemos que los afroamericanos y las mujeres también enfrentaron desafíos similares para obtener sus derechos civiles, pero no se dejaron desanimar por las mismas excusas de siempre.

Ellos no lograron sus derechos fácilmente sino que “hicieron su tarea” con movilizaciones pacíficas, amparados bajo la Primera Enmienda de la Constitución que dice:

El Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades; o que coarte la libertad de expresión o de la prensa, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente, y para solicitar al gobierno la reparación de agravios.

Los agravios incluyen la insistencia de las autoridades de aplicar – en una cooperación entre agentes federales y la policía local – leyes inhumanas de un “descompuesto” sistema de inmigración, como lo ha reconocido el propio gobierno.

Esas leyes injustas que hieren la conciencia humana en un país fundado por inmigrantes afectan sobre todos a los más vulnerables, que incluyen a los niños nacidos Estados Unidos cuyos padres son tratados como criminales por el “delito” de trabajar para alimentarlos.

Las políticas de Estados Unidos hacia Latinoamérica, especialmente durante la década de 1980, los retrasos en el procesamiento de casos de inmigración y la falta de oportunidades y la corrupción de los gobiernos de la región han forzado a muchos a buscar mejores oportunidades en el norte.

Organismos interamericanos como la Organización de Estados Americanos (OEA) o grupos de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional también deben pronunciarse sobre crisis humanitaria en que viven 11 millones de indocumentados.

Se necesita el liderazgo del presidente Barack Obama para que presente una propuesta de reforma migratoria, y “se las juegue el todo por el todo”, igual como lo está haciendo con la reforma de la salud, que es una prioridad en su agenda interna.

Asimismo, hace falta el liderazgo de los demócratas que controlan el Senado y la Cámara de Representantes para que presenten propuestas y programen un voto, para que la comunidad sepa quiénes favorecen y quiénes rechazan una reforma migratoria.

Hace falta del liderazgo de los republicanos para que apoyen medidas favorables a los inmigrantes, como ya lo están demostrando el senador Lindsey Graham y los congresistas Mario y Lincoln Díaz-Balart.

Más allá de cálculos políticos de los ganadores o los perdedores en las futuras elecciones, se trata de un tema de derechos humanos para permitir que los que viven en las sombras mejoren su calidad de vida y alcancen el llamado “sueño americano”.

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