Promesas y realidades

Por Teresa Gurza

Quiero empezar este artículo, agradeciendo a familiares y amigos sus correos y llamadas para manifestarnos su cariño y preocupación; y su aliento y solidaridad con Chile en estas horas difíciles.

Acá la vida continúa, pero el futuro no será fácil porque cada día se descubren más poblados destruidos por el terremoto de 8.8 grados de la madrugada del 27 de febrero, y el maremoto posterior.

Es tanto lo que hay que reconstruir entre Valparaíso y Concepción, donde vive el 90 por ciento de los chilenos, que no se sabe de donde saldrá el dinero y el tiempo que se llevará.

Y es que hay que demoler y deshacerse de los escombros; que sólo en la capital chilena llegan a tres millones de metros cúbicos, y faltan por derribar cinco mil viviendas.

Hay que volver a levantar kilómetros de carreteras, varios puentes y pasarelas; más de 200 mil casas; 2 mil 750 escuelas; varias universidades; 35 hospitales; unas 40 alcaldías y juzgados; dos aeropuertos; un sin número de iglesias; y miles de empresas, museos, siembras, y canales de regadío.

Hay que dar salas de clase a 840 mil niños que no han podido iniciar su año escolar; y empleo a todos los que se han quedado sin él.

Hay que curar y prevenir infecciones, y males respiratorios y mentales en las zonas de desastre.

Y llevar consuelo y ánimo a los 800 mil damnificados que todo perdieron; a los parientes de los 452 muertos; a los niños huérfanos; y a los padres que todavía no encuentran a sus hijos, porque muchos de los 97 desaparecidos, tienen menos de 8 años.

Estas cifras nos pueden parecer pequeñas en un país como el nuestro de casi 120 millones de habitantes; pero no lo son para Chile, que no llega a los 17 millones.

Algunas familias ya presentaron querellas por homicidio, contra quién resulte responsable de no haber advertido del maremoto; y contra las constructoras de los edificios caídos.

Y el nuevo gobierno que encabeza Sebastián Piñera, quien se cansó de repetir que contaba con un equipo de excelencia que haría todo en tiempo record, da ahora la impresión que no sabe por donde empezar.

Incluso pidió a senadores y diputados que ayuden a bajar las expectativas, porque el escenario es de “estrechez presupuestaria”; y la reconstrucción será más larga, cara y complicada de lo que se pensaba.

Y es que la cifra para reponer lo destruido llega a más de 30 mil millones de dólares, cifra cercana al presupuesto anual de Chile.

El jueves 18 por la noche, Piñera habló por primera vez en cadena nacional; quiso dar ánimo y reiteró que hay que secarse las lágrimas para levantar Chile y construir un mejor país.

Pero muchos pensaron que no era suficiente y debía haber informado de medidas concretas.

Al día siguiente sus ministros anunciaron un paquete de 111 millones de dólares para reconstruir colegios, y dar becas universitarias, carpas y casas de emergencia, y ayuda monetaria a los pescadores artesanales del litoral que se tragó el maremoto.

Pero 111 millones no es nada para lo urgente; y también son pocos os cerca de 80 dólares que se darán este fin de mes a cada uno de los cuatro millones de chilenos más pobres, para ayudarles a capear los gastos de entrada al año escolar.

Para complicar más las cosas, las empresas mineras protestan porque para tener más recursos para la reconstrucción, el gobierno quiere aumentarles el “royalty” que pagan al Estado por la extracción de cobre; y amenazan con quejarse en cortes internacionales.

Los expertos del Servicio de Geología de Estados Unidos, recomiendan ser más exigentes con las normas de construcción antisísmicas; y no volver a construir en los lugares dañados, lo que significa cambiar de sitio ciudades tradicionales.

Y para colmo, acaba de empezar el Otoño; y en tres meses que pasarán volando llegará el invierno; tiempo de lluvias en este país del fin del mundo, al que le tocó vivir el quinto sismo más grande de la historia.

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