Obama impulsa reforma financiera

El presidente también instó al Senado a mantenerse firme y resistir la presión de quienes desean preservar el estatus quo.




Declaraciones del Presidente Barack Obama

Versión preparada

Mensaje semanal

20 de marzo, 2010


El lunes, el Comité de Banca del Senado de Estados Unidos debatirá una propuesta para combatir los abusos y excesos que llevaron a la peor crisis financiera en varias generaciones. Estas reformas son esenciales. Como he dicho en el último año, necesitamos normas de sentido común que permitan que nuestros mercados funcionen libre y equitativamente, y a la vez pongan fin a las peores prácticas del sector financiero. Ésa es la principal lección de esta crisis. Y si no aprendemos esa lección, será por cuenta y riesgo propio.


Por supuesto que fueron muchas las causas de las alteraciones económicas que azotaron a nuestro país en los últimos dos años. Pero fue una crisis que se inició en nuestro sistema financiero. Los grandes bancos realizaron imprudentes especulaciones financieras, sin tener en cuenta las consecuencias y sin estricta supervisión. Las firmas financieras inventaron y vendieron complicados productos financieros para escapar escrutinio y esconder riesgos enormes. Y hubo quienes se dedicaron a explotar desenfrenadamente a los consumidores para obtener ganancias rápidas, sin tener en cuenta a quiénes perjudicaban en el proceso.


Desde hace tiempo soy un ferviente defensor del libre mercado. Y creo que necesitamos un sector financiero sólido y dinámico para que las empresas puedan obtener préstamos, las familias puedan pagar sus hipotecas y los empresarios puedan encontrar el capital para iniciar una nueva compañía, vender un nuevo producto u ofrecer un nuevo servicio. Pero lo que hemos visto en los últimos dos años es que sin normas claras y razonables para frenar los abusos y proteger a las familias, el mercado no funciona libremente. Es más, fue todo lo contrario. A falta de tales normas, nuestro mercado financiero empezó a caer en picada, el mercado crediticio se paralizó y nuestra economía estuvo a punto de hundirse en una segunda Gran Depresión.


Por eso, la reforma financiera es tan necesaria. Y después de varios meses de trabajo por ambos partidos, el senador Chris Dodd y su comité han ofrecido una firme base para la reforma que se ciñe a la propuesta que hice previamente y a la medida de reforma aprobada por la Cámara de Representantes.


Realizaría un mayor escrutinio de las grandes firmas financieras para evitar que alguna compañía amenace todo el sistema financiero y actualizaría las normas para que ya no se pueda comprar y vender sin supervisión complicados productos financieros como derivados. Impediría que los bancos participen en tratos riesgosos por medio de sus propios fondos de especulación y a la vez, les daría por fin a los accionistas voz y voto sobre salarios y bonificaciones de ejecutivos. Además, con nuevas herramientas para desintegrar firmas financieras en mala situación, ayudaría a asegurar que los contribuyentes nunca vuelvan a ser forzados a rescatar a un gran banco porque es “demasiado grande para quebrar”.


Finalmente, estas reformas incluyen una nueva Agencia de Protección Financiera al Consumidor para evitar las prácticas de préstamo que se aprovechan de la gente y otros abusos, a fin de asegurar que los consumidores obtengan información clara sobre préstamos y otros productos financieros antes de firmar instrumentos legales. Esta crisis financiera no fue producto exclusivo de decisiones tomadas por las grandes firmas financieras; también fue resultado de decisiones tomadas por estadounidenses promedio al abrir cuentas de tarjetas de crédito o asumir préstamos hipotecarios. Aunque hubo muchos que sacaron préstamos que sabían que no podían pagar, también hubo millones de personas que firmaron contratos que no comprendían plenamente, ofrecidos por prestamistas que no siempre dijeron la verdad.


Esto se debe en parte a que la labor de proteger a los consumidores está dividida entre siete agencias federales, ninguna de las cuales tiene como prioridad los intereses de los estadounidenses promedio. Esta difusión de responsabilidad ha facilitado que las compañías de tarjetas de crédito atraigan clientes con ofertas atractivas y luego los penalicen con la letra menuda; que quienes prestan dinero contra el cheque de pago y otros que cobran intereses escandalosos operen sin mayor vigilancia, y que los corredores hipotecarios atraigan a propietarios de vivienda con tasas iniciales bajas, para luego sorprenderlos con enormes aumentos de pagos.


Para que estas reformas de la banca sean cabales, para que estas reformas estén a la altura de la crisis por la que acabamos de pasar, necesitamos una agencia de protección al consumidor que vele por los intereses de los estadounidenses promedio y ayude a aplicar las normas que los protegen. Por eso, no aceptaré ningún intento de socavar la independencia de esta agencia. Tampoco aceptaré ningún esfuerzo por crear lagunas legales para quienes más se aprovechan de los consumidores, desde prestamistas contra cheques de pago hasta empresas de financiamiento de autos y compañías de tarjeta de crédito.


No es de sorprender que esta propuesta haya sido motivo de quejas por firmas financieras que quieren que las cosas permanezcan tal cual. Es más, el líder republicano de la Cámara de Representantes supuestamente se reunió con el principal ejecutivo de uno de los bancos más importantes de Estados Unidos e hizo la derrota de la reforma un aspecto importante de la solicitud de su partido de donaciones de campaña. Y esta semana, aliados de bancos y compañías de financiamiento al consumidor iniciaron una campaña publicitaria multimillonaria para luchar contra la propuesta. Se podría decir que se trata de ‘soporte aéreo’ para el ejército de cabilderos que ya están tratando de convencer a los miembros del comité de que rechacen estas reformas y bloqueen esta agencia de protección al consumidor. Quizá por eso, tras meses de trabajar con los demócratas, los republicanos abandonaron esta propuesta. Lo lamento y los insto a que recapaciten.


El hecho es que ha pasado más de un año desde que todo el sistema financiero estuvo por colapsar, una crisis que ayudó a eliminar más de 8 millones de empleos y que continúa teniendo consecuencias terribles en toda nuestra economía. Sin embargo, hoy el mismo sistema que permitió ese caos sigue en vigor. Nadie lo disputa. Nadie niega que la reforma sea necesaria. Entonces, la pregunta que debemos responder es muy simple: ¿aprenderemos de esta crisis o nos condenaremos a repetirla? Eso es lo que está en juego.


Insto a los senadores que respaldan estas reformas a que permanezcan firmes, que resistan la presión de quienes tratan de mantener el estatus quo, que defiendan a sus electores y a nuestro país. Y les prometo usar toda herramienta a mi disposición para hacer que se promulguen estas reformas, para asegurarme de que la ley que promulgue no refleje los intereses particulares de Wall Street, sino lo que más les conviene a los estadounidenses.


Gracias



Fuente: Casa Blanca

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