Aprender a amar es central en la vida cristiana

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-El Santo Padre ha escrito un mensaje al cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, el dicasterio que ha organizado el X Foro Internacional de los Jóvenes, celebrado estos días en Rocca di Papa (Italia) y en el que participan delegados de conferencias episcopales y representantes de movimientos y asociaciones y comunidades internacionales.

En el documento, el Papa subraya que el tema del Foro, “Aprender a amar”, es “central en la fe y la vida cristiana” porque “el punto de partida de toda reflexión sobre el amor es el misterio de Dios, ya que el corazón de la revelación cristiana es éste: “Deus caritas est”.

Cristo, en su Pasión, en su entrega total, nos reveló el rostro de Dios que es amor”.

“Por el hecho de que Dios es amor y el hombre está creado a su imagen, comprendemos la identidad profunda de la persona, su vocación al amor. El ser humano está hecho para amar: su vida se realiza plenamente sólo si se vive en el amor”.

El pontífice observa después que el amor asume formas diferentes según los estados de vida, y refiriéndose al sacerdocio, cita las palabras de San Juan María Vianney, que afirma:

“El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. “Las personas consagradas en el celibato -dice el Santo Padre- también son una señal elocuente del amor de Dios por el mundo y de la vocación de amar a Dios por encima de todo”.

“Descubrid la grandeza y la belleza del matrimonio”, exhorta el Santo Padre a los jóvenes.

“Mediante el sacramento del matrimonio los esposos están unidos por Dios y con su relación manifiestan el amor de Cristo, que dio su vida por la salvación del mundo. En un contexto cultural en el que muchas personas consideran el matrimonio como un contrato temporal que se puede romper, es de vital importancia comprender que el amor verdadero es fiel, entrega definitiva de sí mismo. Ya que Cristo consagra el amor de los esposos cristianos y se compromete con ellos, esa fidelidad no solamente es posible, sino que es el camino para entrar en una caridad cada vez más grande”.

Por último, Benedicto XVI expresa el deseo de que el Foro sirva de estímulo a los jóvenes para “hacerse testigos” con sus coetáneos de lo que han visto y escuchado.

“Es una responsabilidad verdadera y propia y la Iglesia cuenta con vosotros para ello. Vuestros compañeros juegan un papel importante en la evangelización de los jóvenes de sus países para que respondan con alegría y fidelidad al mandamiento de Cristo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.

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