Ser cristiano significa caminar con Jesucristo

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).- El Domingo de Ramos, Benedicto XVI presidió ante miles de personas que llenaban la Plaza de San Pedro, la mayoría jóvenes de muchos países, la celebración eucarística con ocasión de la XXV Jornada Mundial de la Juventud, cuyo tema es: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?” (Mc 10,17).

Antes de la misa, el Papa bendijo las palmas y los ramos de olivo en el obelisco de la plaza y posteriormente se dirigió en papamóvil hasta el altar.

En la homilía, el Santo Padre explicó que “ser cristiano significa considerar el camino de Jesucristo como el camino correcto para el ser humano -como ese camino que conduce a la meta, a una humanidad plenamente realizada y auténtica”.

Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, subrayó que “ser cristiano es un camino, o mejor: una peregrinación, un caminar junto a Jesucristo. Un caminar en esa dirección que Él nos ha indicado y nos indica”.

“Pero, ¿de qué dirección se trata? ¿Cómo se encuentra?”, preguntó. El Evangelio, dijo, “ofrece dos indicaciones al respecto. En primer lugar dice que se trata de un ascenso. (…) Jesús camina delante de nosotros, y se encamina hacia lo alto. Nos conduce a lo que es grande, puro, nos conduce al aire saludable de las alturas: a la vida según verdad; al coraje que no se deja amedrentar por el parloteo de las opiniones dominantes; a la paciencia que soporta y sostiene al otro”.

Benedicto XVI señaló que “en la amplitud del ascenso de Jesús se hacen visibles las dimensiones de nuestro seguimiento -la meta a la que Él quiere conducirnos: hasta las alturas de Dios, a la comunión con Dios, al ser-con-Dios. Esta es la verdadera meta, y la comunión con Él es el camino. La comunión con Cristo es un estar en camino, un permanente ascenso hacia la verdadera altitud de nuestra llamada. Caminar con Jesús es al mismo tiempo siempre un caminar en el “nosotros” de los que quieren seguirle”.

“Nos encontramos, por decir así -continuó-, en una cordada con Jesucristo; junto a Él en la ascensión a las alturas de Dios. El nos empuja y nos sostiene. Forma parte del seguimiento de Cristo que nos dejemos integrar en esa cordada; que aceptemos no poder hacerlo solos; (…) este acto de humildad”.

El Santo Padre afirmó que “de ese estar en el conjunto de la cordada forma parte también el no comportarse como dueños de la Palabra de Dios, el no correr tras una idea equivocada de emancipación. La humildad del “ser-con” es esencial para el ascenso. Asimismo, forma parte el hecho de que en los Sacramentos nos dejemos siempre de nuevo llevar de la mano del Señor; que nos dejemos purificar y corroborar por El; que aceptemos la disciplina del ascenso, aunque estemos cansados”.

“Del ascenso a la altura de Jesucristo, del ascenso a la altura de Dios mismo, forma parte la Cruz. Como en los asuntos de este mundo, no se pueden lograr grandes resultados sin renuncia y duro ejercicio; como la alegría por un gran descubrimiento del conocimiento o por una verdadera capacidad operativa está ligada a la disciplina, al esfuerzo del aprendizaje, así también el camino a la vida misma, a la realización de la propia humanidad, está ligado a la comunión con Aquel que ha subido a la altura de Dios a través de la Cruz. En última instancia, la Cruz es expresión de lo que significa el amor: sólo quien se pierde a sí mismo, se encuentra”.

El Papa puso de relieve que “nuestra peregrinación en el seguimiento de Cristo no se dirige hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva Ciudad de Dios que crece en medio de este mundo. La peregrinación hacia la Jerusalén terrestre, sin embargo, puede ser precisamente también para nosotros los cristianos un elemento útil para ese viaje mayor”.

Recordando las palabras de los peregrinos en la entrada de la Ciudad Santa : “¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!”, Benedicto XVI concluyó pidiendo a Dios que “nos traiga el cielo: la gloria de Dios y la paz de los hombres. Entendamos ese saludo en el espíritu de la petición del Padre Nuestro: “¡Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!”. Sabemos que el cielo es cielo, lugar de la gloria y de la paz, porque allí reina totalmente la voluntad de Dios. Y sabemos que la tierra no es cielo hasta que en ella no se realiza la voluntad de Dios”.

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