El Retablillo de Lorca; Gran Guignol y Cachiporra

Por Jose Sueiro

“El Retablillo de Don Cristóbal” es una obra menor de Federico García Lorca de apenas unos 25 minutos. Realizada con títeres al estilo de gran guignol, sigue la tradición de comedia del’ arte y precede a su más importante obra titiritera, “Los Títeres de la Cachiporra”. Lorca la desarrolla durante sus andanzas con el teatro rodante, “La Barraca” en los campos andaluces durante la república Española de los años 30. En ellas Lorca logra reducir el concepto dramático de gran tradición y alcurnia, a su más sencilla expresión para que el pueblo la aprecie y entienda.

‘El Retablillo…’ incorpora elementos primordiales de la obra lorquiana; música, poesía, romance y fantasía en un contenido social al que se le da relevancia através de la Guerra Civil – hasta el día de hoy- donde sus melodías son adoptadas por los republicanos como lema y escudo en sus batallas y su sencilla representación es reproducida en los campamentos por los poetas y literarios de la era.

En este contexto los directores, Adhemir y Ximena Bianchi, han logrado una entretenida velada de poco más de una hora y cuarto sin intermedio, donde se entrelazan canciones típicas del folklore andaluz con letras netamente políticas junto con un interesante y pícaro montaje de marionetas y figuras excéntricas del contorno lorquiano. Para cualquiera que tenga memoria de la Guerra Civil Española, las canciones erizan la piel y llenan el corazón de emociones tristes y anhelantes.

Las figuras alternan como pedazos de trapo y representaciones humanas estilizadas y exageradas haciendo de ellas marionetas vivas –y todo narrado por supuestos soldados de la Brigada Lincoln (entre ellos destaca la Afro-Americana Tricia Homer que recuerda el sacrificio y la valentía de los Afro-Americanos que acudieron a la península para defender la República).

Don Cristóbal, es un viejo rico y lascivo que decide casarse con Rosita, una bella y sensual jovencita (papel desempeñado, entre risas y coqueteos con gran alarde y brillo por Belén Oyola) enamorada del pobretón Currito. En la noche de bodas, la ardiente noviecita deja muy mal parado a Don Cristóbal.

Don Cristóbal, representado en vivo y con voz aguda, chillona y FALSA típica de los títeres por Ángel Torres, utiliza su ‘cachiporra’ no solo como garrote para apalear a los pobres, sino también como metáfora y simulacro del órgano sexual masculino del ‘macho ibérico’ domador de doncellas. Torres, un veterano y reconocido actor de esta ciudad, cautiva al público con su exagerado Don Cristóbal y hace reír a carcajadas.

Mel Rocher, actor de renombre y con bastante trayectoria en GALA, es magistral como el poeta. Aparece en escena con un títere ligado a sus pies y manejado con gran destreza que fascina por sus solemnes soliloquios y su fanfarronería. Rocher también canta y declama como soldado republicano mostrando su polifacética versatilidad.

Los títeres, diseñados y llevados a cabo por Ximena Bianchi son verdaderamente hipnotizantes y el juego entre trapo y madera y seres humanos con traje y barrote se entrelazan de una manera tan natural y jocosa que uno ni se da cuenta quien es quien ni cual es cual.

Un tributo al concepto y montaje de los Bianchi ya que lo que parece complicado y desligado se desenvuelve con gran sencillez y combinado. El grito de “No Pasaran” bien pudiera ser el grito de “Si Se Puede” y las marionetas del Retablillo se adaptan fácilmente a la realidad de la Park Road de hoy.

Una vez más GALA muestra su madurez, sentido vanguardista, refinada sensibilidad y humor. El Retablillo es un éxito rotundo y deja al espectador deseando más.

El tiempo se pasa levemente y la obra deja a uno tarareando las canciones y con una sonrisa en la cara! No busquen grandes mensajes u hondos sentimientos, el Retablillo es para divertirse, admirar la artesanía de las marionetas y llenar el teatro de risas!

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