La ciudadanía sí importa

Por Luisa Fernanda Montero


Los vientos siguen soplando fuerte y todo parece indicar que así seguirá siendo y que la nefasta ley antiinmigrante aprobada en Arizona es sólo el comienzo.


¿El comienzo de qué?


Esa es la pregunta que cada uno de nosotros debe responder.


Es muy posible que sea el comienzo de una cadena nacional de legislaciones antiinmigrantes que sigan la línea de la criminalización del ser por su raza o la antorcha que hacía falta para encender los ánimos rezagados de los legisladores que deben apropiarse del tema en Washington, iniciar el debate y aprobar una reforma migratoria humana, justa e incluyente.


O puede ser el desencadenante de una conciencia masiva que nos incluya a todos y que mas allá de despertar nuestra solidaridad, nos impulse definitivamente a la acción.


Todos los hispanos – inmigrantes o no – debemos involucrarnos con lo que está pasando en el país, todos debemos entender que la aprobación de una reforma migratoria no sólo beneficia a aquellos que han sido excluidos de la legalidad si no, y sobre todo a la nación en sí misma.


Las manos de los inmigrantes construyen diariamente el progreso estadounidense, y los tiempos de crisis no hacen la excepción, al contrario, es en estos tiempos, aunque muchos quieran declarar lo contrario, que su trabajo se hace más indispensable.


Por eso desde donde sea que estemos debemos asumir el asunto de la reforma migratoria como propio, debemos mantenernos informados y actuar desde nuestro entorno a través de las iglesias, las organizaciones comunitarias y los diversos foros que puedan permitirnos poner nuestro granito de arena.


Debemos – si somos ciudadanos – involucrarnos directamente en los procesos políticos de nuestra localidad, nuestro condado, nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país.


Debemos comunicarnos ya sea telefónicamente, vía Internet o por correo con nuestros legisladores e insistirles en la urgencia de generar una reforma migratoria, que ha venido siendo aplazada sin compasión por años.


Debemos – si somos residentes – esforzarnos por avanzar en los procesos legales que nos lleven a la ciudadanía, porque el derecho al voto hará, no sólo que nuestra voz se escuche, si no que no pueda ser ignorada; porque la ciudadanía si importa.


Debemos demostrar con nuestro comportamiento, nuestra honradez y nuestra decencia que merecemos ser tenidos en cuenta en una legislación que valore nuestro trabajo, reunifique a nuestras familias, le dé derecho a la educación superior a nuestros hijos y nos permita, en general, ser parte de la sociedad que hemos escogido, sin miedo y sin vergüenza.


Lo único que no podemos hacer es permanecer indiferentes y dejar pasar impávidos la injusticia ante nuestros ojos, no podemos quedarnos de brazos cruzados, no podemos.

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